abril 13, 2012

Josefina, diferente

Paz Fernández Cueto
paz@fernandezcueto.com
Reforma

El cambio de timón que anunció Josefina a los pocos días del arranque de su campaña obedeció a una percepción generalizada, ampliamente comentada en la opinión pública a través de las redes sociales: la Josefina acartonada y formal que aparece en los primeros spots televisivos, envuelta en un ambiente lúgubre y sombrío, no correspondía a esa mujer alegre y entusiasta capaz de transmitir esperanza, aquella que luchando contra viento y marea habíamos visto ganar la interna de su partido, aquella que sin perder ningún rasgo de su feminidad nos había mostrado su capacidad de ilusionar, no solo a auditorios repletos de mujeres atraídas por su liderazgo femenino, sino también, e indistintamente, a grupos de campesinos y estudiantes, asociaciones civiles, banqueros o empresarios.

Seguramente la estrategia anterior obedeció al ánimo de enfatizar los rasgos de su carácter recio, compatibles con su ser femenino como la formalidad, seriedad o el profesionalismo, cualidades y virtudes que de ninguna manera son atributos exclusivos del hombre. Cabe hacer notar que un mundo abierto a la modernidad no admite ruptura entre el mundo de los negocios, de la ciencia o de la política, que se identifica con la racionalidad del varón, y el mundo vital relacionado al hogar, a la afectividad, a las relaciones de amistad o a las creencias religiosas, identificado más frecuentemente con la mujer. Tanto el hombre como la mujer deben participar de ambos mundos, cada uno con su propia lógica y ninguno exento de racionalidad.

Sin embargo, debemos reconocer que no hemos podido superar esta mentalidad machista y excluyente, tendiente a imitar actitudes masculinas que soslayen o desprecian la feminidad, tendencia que nos hace caer en imitaciones falsas para justificar la capacidad racional de la mujer y su fortaleza equiparable o superior a la del hombre.

Es evidente que la mujer, participando de la misma dignidad y naturaleza que el hombre, es diferente fisiológica, psicológica y emocionalmente. Por lo tanto, no se trata de que la mujer compita con el hombre en los mismos términos, sino de que aporte a través de su liderazgo lo propio de su feminidad, aquello que la hace diferente, motivo y centro de la campaña publicitaria de Josefina para posesionarla como Presidenta en la elección del 2012.

De entrada lo diferente radica en que es mujer, y que sería la primera vez que una mujer ocupara la Presidencia de la República. Esta ya es una novedad que, sin desconocer la necesidad de dar continuidad a los logros de los gobiernos panistas, promete un cambio de estilo y una rectificación en la estrategia. Como ya habíamos dicho el mundo femenino tiene su propia lógica, he aquí el coto de oportunidad que se presenta para Josefina, candidata del PAN, una lógica estructural propia de la mujer que ha de evidenciarse para convencer a los ciudadanos libres, a esos veinte millones de indecisos, hombres y mujeres, que el día de la votación decidirán la victoria.

La lógica femenina conecta directamente con la estructura física, psicológica y emocional de la mujer que la hacen apta para la maternidad, marcando esto una diferencia fundamental de enfoque y perspectiva en relación con los hombres. La solidaridad y la compasión, actitudes relacionadas a la capacidad de ser madre, marcan una inclinación hacia el débil, hacia el caído, hacia el más necesitado de protección, virtudes que no deben interpretarse como una inclinación irracional o sentimentaloide, sino como fruto de una genuina preocupación por los demás en la consecución del bien común.

La solidaridad y la compasión concilian con exigencia y cariño, son compatibles con disciplina y normas de conducta y contrarias a consentir o solapar a los demás. La compasión solidaria requiere de mano dura, fortaleza en la toma de decisiones, tolerancia y de una auténtica compasión hacia la persona, que no exime del deber de aplicar todo el rigor de la ley para combatir los actos de maldad o corrupción.

Ojalá la campaña de Josefina sepa vender esa diferencia que le es intrínseca, como un bien altamente redituable a la sociedad beneficioso para hombres y mujeres. Piénsese, por ejemplo, lo que tantas mujeres cotidianamente somos capaces de hacer para hacer rendir el presupuesto familiar, algo que sin creatividad y habilidad financiera es imposible sortear. El trabajo continuo de una madre que no admite tregua, que no tiene descanso, que no exige prestaciones ni tiene derecho de huelga; ciertamente esto exige una lógica diferente.

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