abril 13, 2012

¡A la hoguera Günter Grass!

Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

Tuvo que ser un antiguo y arrepentido soldado nazi quien se atrevió a romper la semana pasada un tabú sobre Israel. Tuvo que ser Günter Grass quien abrió una grieta en la culpa que arrastra Alemania y lo hizo acusando a Israel de lo que muy pocos se han atrevido hasta ahora: que el Estado judío esconde armas nucleares; que Israel, Estados Unidos y su propio país, Alemania, son unos hipócritas porque amenazan a Irán para impedir que fabrique bombas atómicas (si es que realmente lo está haciendo), cuando todos callaron cuando las fabricó Israel.

La reacción del gobierno de Benjamin Netanyahu ha sido sorprendentemente virulenta. Nada más publicarse la semana pasada el poema de Grass “Lo que hay que decir”, el ministro del Interior, Eli Yishai, anunció que Israel declara al Nobel de Literatura “persona non grata”, una medida “excesiva, inquisidora y medieval”, como lamentaros escritores israelíes.

El poema es flojo en la forma, pero su contenido es altamente explosivo. Entre otras cosas Grass se pregunta lo siguiente: “¿Por qué he callado hasta ahora (sobre ese secreto a voces que guarda Israel)?”; a lo que responde que se lo prohibía su origen alemán “marcado por un estigma imborrable”, el del Holocausto. Se pregunta de nuevo: “¿Por qué sólo ahora lo digo (…): Israel, potencia nuclear, pone en peligro una paz mundial ya de por sí quebradiza?”, a lo que responde: “Porque hay que decir lo que mañana podría ser demasiado tarde (…) Lo admito, estoy harto de la hipocresía de Occidente”.

Como dijo el periodista español Juan Cruz, Günter Gras se ha cansado de decir que el emperador va vestido y ha levantado la voz para decir al mundo que no, que en realidad el monarca va desnudo.

¿Recuerdan el cuento “El traje nuevo del Emperador”, de Hans Christian Andersen? Los pícaros sastres se quedaron con el dinero que les dio el monarca y lo engañaron vistiéndolo con un traje inexistente y señalando que tenía una particularidad: que los estúpidos no podían verlo. Como ni el emperador ni el pueblo querían verse como unos estúpidos, el primero se paseaba desnudo y sus vasallos alababan su elegancia. Tuvo que levantar la voz un ingenuo niño para decir la verdad, lo evidente: que el emperador estaba desnudo.

La moraleja de este apólogo (o fábula, pero no con animales, sino con humanos) vendría a ser la siguiente: “Sólo porque todo el mundo crea que algo es verdad, no significa que lo sea”. En este caso, los sastres serían los dirigentes israelíes, que ocultan la verdad al emperador (Estados Unidos) y a sus vasallos (los países de la OTAN). Mientras que el niño que levanta la voz en esta historia sería Günter Grass, que por ser quien es (un premio Nobel) y venir de donde viene (Alemania) ha causado más sorpresa e indignación, porque dijo en verso (y en lengua alemana) lo que realmente ve y no lo que quieren los gobernantes israelíes que veamos; y lo que el escritor ve es que los israelíes, que tienen armas nucleares, están dispuestos a atacar a los iraníes para que no las tengan ellos, aunque con ello desencadene una guerra en el golfo Pérsico de impredecibles consecuencias en todo el mundo.

Así están las cosas, en un puñado de versos una verdad que duele y una propuesta final que ojalá se tuviera en cuenta: si Israel nada tiene que ocultar, entonces que permita lo que nunca ha hecho, la entrada de inspectores nucleares a sus instalaciones militares secretas, que es exactamente lo mismo que exigen los gobiernos de Netanyahu y Obama al régimen iraní; y por otro lado, si Irán insiste en que su programa nuclear es pacífico, que lo ponga bajo supervisión de la ONU, y si el “fanfarrón” (así dijo en el poema refiriéndose al presidente Mahmud Ahmadineyad) se niega, que se intensifiquen las sanciones y la presión internacional, pero que se dejen ya de tantas amenazas de guerra y de intentar llevar a la hoguera a un escritor por decir en un poema una verdad que en el fondo muchos compartimos.

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