abril 29, 2012

La Maestra

Jaime Sánchez Susarrey (@SanchezSusarrey)
Reforma

Elba Esther Gordillo encabeza un sistema muy complejo de poder e intereses. Su liderazgo lleva ya 23 años. Y durante los sexenios de Felipe Calderón y Fox aumentó enormemente su poder

Elba Esther Gordillo enseñó los dientes. En Baja California fue tajante: el SNTE se opone a la evaluación universal. Y añadió que esa evaluación debe servir para estímulo salarial, pero no para despedir a los maestros.

Durante un buen tiempo se jugó con la idea que La Maestra no sólo podía ser una aliada, sino una impulsora de las reformas. En 2003, siendo secretaria del PRI y coordinadora de la fracción priista en la Cámara de Diputados, se enfrentó a Roberto Madrazo y Manlio Fabio Beltrones.

Su bandera era impulsar las reformas de segunda generación. La batalla terminó con su destitución como coordinadora de la fracción priista. Y en 2005 publicó un libro, El paseo de las reformas: batalla por México, en que explicaba y defendía sus tesis.

En 2007 su participación fue decisiva en la reforma del sistema de pensiones que impulsó Felipe Calderón. Por eso, y porque se rumoraba que estaba muy enferma y aspiraba pasar a la historia, se creyó que era favorable a una reforma del sistema educativo.

La sola idea de que estuviera dispues- ta a enfrentarse a otros liderazgos y a las bases del SNTE para impulsar una agenda reformista era de una ingenuidad supina. Pero aun así la versión gozaba de cierta credibilidad.

Ahora ya no hay lugar para la duda. Elba Esther Gordillo forma parte y encabeza un sistema muy complejo de poder e intereses. Su liderazgo lleva ya 23 años. Y durante los sexenios de Felipe Calderón y Fox aumentó enormemente su poder.

Su influencia fue notoria en el nombramiento del secretario de Educación Pública de Vicente Fox, Reyes Tamez, y bajo el gobierno de Calderón se le entregó -literalmente- la subsecretaria de Educación Básica.

El poder y la audacia de La Maestra hacen palidecer al cacicazgo de Joaquín Hernández Galicia en el sindicato petrolero. La Quina tenía un imperio que rebasaba el ámbito de Pemex y se extendía a estados, gobernadores y presidentes municipales.

Pero La Maestra controla un sindicato de un millón 300 mil trabajadores, tiene su propio partido (Panal) y maneja la subsecretaría de Educación Básica. Ha sido determinante en elecciones locales y fue, sin duda, uno de los factores clave en la victoria de Felipe Calderón.

A todo eso hay que agregar un dato fundamental. Elba Esther Gordillo llegó a la secretaría general del SNTE en 1989. Tres meses antes, el 10 de enero, La Quina había sido detenido y procesado. Su cacicazgo de 26 años quedó hecho trizas en 72 horas.

Por eso, cuando el presidente Salinas citó a Carlos Jonguitud Barrios, cacique de los maestros, en Los Pinos y le solicitó su licencia no hubo oposición ni resistencia y Elba Esther Gordillo asumió la secretaria general del SNTE.

Ese fue el último zarpazo de la Presidencia de la República sobre los líderes vitalicios de los sindicatos nacionales. De entonces a la fecha, las cosas han cambiado radicalmente.

Mientras la alternancia y el pluralismo han acotado el poder de la Presiden- cia de la República, los grandes sindicatos nacionales han in- crementado su poder y sus recursos. Sólo entre 2000 y 2009 el SNTE recibió de la SEP más de mil 138 millones de pesos por concepto de cuotas sindicales.

Sobra decir que estos recursos no son auditados ni se conoce su destino final. Pero la cuestión fundamental está en otra parte: no hay condiciones ni posibilidades de que el poder de Elba Esther Gordillo o Carlos Romero de Champs, líder del sindicato de Pemex, sean acotados.

Para que eso ocurriera tendrían que darse dos condiciones: primero, que el titular del Poder Ejecutivo estuviera dispuesto a enfrentar a un sindicato de un millón 300 mil afiliados, con todas las consecuencias que ello implicaría.

Segundo, que el resto de las fuerzas políticas en la oposición respaldaran su decisión y la asumieran como una política de Estado, más allá de los intereses y de la coyuntura inmediata.

No hay que ser vidente para señalar que ambas condiciones no se han dado ni se darán nunca. La maestría de La Maestra está en jugar con todos. Por eso militó en el PRI, tiene su propio partido, se alió con Felipe Calderón y el día de mañana tenderá puentes con quien sea necesario.

Frente a esta realidad, se ha afirmado que la reforma del sistema educativo no puede ni podrá hacerse al margen o en contra de Elba Esther Gordillo.

Y es cierto. La propia Maestra afirma en su libro, Paseo de las reformas, que el peor escenario para una reforma es un contexto de fuerte fragmentación política y el veto de un actor estratégico.

Pero de esa realidad no hay que concluir que hay que ganar su venia, sino que la reforma es simple y llanamente imposible. Me explico. La renuencia del SNTE a someterse a una evaluación universal no es un capricho ni algo que se pueda negociar.

Se trata, en realidad, de un cálculo racional y objetivo. Los maestros se oponen a la evaluación universal porque ellos mismos son el producto de un sistema ineficaz que produce analfabetas funcionales.

Y ya se sabe que es mucho más complicado reeducar que educar. Quien aprendió mal a sumar y multiplicar tendrá mucho más dificultades que alguien que no sabe hacerlo. Y lo mismo sucede con la comprensión o redacción de un texto.

De ahí la insistencia de Gordillo en que la evaluación universal puede funcionar como un incentivo para el maestro, pero no como una evaluación de su funcionalidad. Aceptar lo segundo equivaldría a abrir las puertas a una cirugía mayor.

De ahí que el panorama sea negro. No se puede hacer una reforma al margen de La Maestra: cierto. Pero igualmente cierto es que ni La Maestra ni el SNTE entrarán en una lógica reformadora. Sería tanto como suicidarse.

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