abril 30, 2012

Legalizar o no las drogas

Leonardo Curzio (@leonardocurzio)
Analista político y conductor de la primera emisión de "Enfoque"
El Universal

Celebro que la UNAM haya convocado a discutir de una forma amplia, rigurosa, incluyente y oportuna la evolución y el impacto de las políticas publicas para atender el tema de las drogas. Celebro también que este esfuerzo sea una continuación del fructífero e inolvidable (por la infatigable energía intelectual que desplegó Jorge Carpizo) seminario que concluyó con el documento Para una política de Estado para la Seguridad y la Justicia en Democracia. El foro reunió a especialistas de distintas universidades y dependencias de México y otros países que con sus ponencias (sintetizadas en una muy solvente relatoría) constituyen una aportación fundamental para la deliberación pública. Espero que tengan la difusión que se merecen y no caigamos en ese escapismo político mediático (del hablaba Jorge Montaño en su artículo del viernes sobre la Cumbre de Cartagena) que abandona los temas de fondo para centrarse en lo anecdótico y superficial.

De lo planteado en el foro ha quedado claro que el tema de las drogas puede leerse desde distintas ópticas: seguridad, salud pública, usos tradicionales, económico o jurídico, pero hay tres cosas que personalmente he reforzado después de escuchar a tanta gente brillante disertar sobre el particular.

La primera es que el paradigma prohibicionista es un obstáculo político-ideológico de primer orden para analizar el fenómeno en el nuevo contexto. No me extenderé en los argumentos que demuestran su fracaso y el enorme costo que los países productores pagan en términos de desgaste institucional y vidas humanas, y no porque no los considere inválidos, sino por haber sido comentados por plumas más avezadas que la mía. Subrayaré, eso sí, el terror paralizante que los políticos en activo sienten para enfrentar el tema con nuevos instrumentos. ¿Hay que ser ex presidente para hablar con libertad del tema? Vicente Fox, por ejemplo, ahora habla con amplitud y propone la legalización, pero en su mandato llegó hasta a vetar una ley que abría una pequeña rendija para mitigar la criminalización del consumo. La excepción confirma la regla y el presidente de Guatemala (que tiene el agua al cuello) es el único (lo volvió a plantear en Puerto Vallarta en el WEF) que osa apartarse del canon. Políticamente es tóxico decir en público lo que la mayor parte de académicos y estudiosos del tema plantean: revisar el paradigma actual.

La segunda es que urge desecuritizar el tema del consumo de drogas. La seguridad nacional de un país no pasa por que algunos (o muchos) de sus ciudadanos consuman ciertas sustancias y por tanto el problema debe llevarse (como sucede en Occidente) a otra esfera. Ahora bien, la despenalización del consumo de ciertas drogas no es una panacea para resolver las debilidades estructurales del Estado. La corrupción de policías y políticos, la contención de delitos patrimoniales que van desde el asalto en transporte público hasta el robo en casa habitación o la debilidad congénita para regular hasta el transporte de carga o controlar sus fronteras no desaparecerán si se legaliza, por ejemplo, la mariguana. Si así fuera yo propondría no únicamente su despenalización, sino directamente su promoción. El problema de inseguridad y violencia es una combinación de fortaleza de las organizaciones criminales y debilidad del Estado. En todos los países de Occidente hay venta de drogas y en muy pocos se atreven los criminales a aventar cadáveres fuera del recinto donde se reúnen los procuradores, como ocurrió en Veracruz en las primeras semanas de este año. El Estado mexicano es anémico y no infunde respeto a los bien organizados para resistir su acción, desde camioneros hasta los profesores que se niegan a evaluarse, pero no me desvío.

La tercera es constatar que desde los 80 a la fecha el tema está presente en las relaciones con los Estados Unidos y (salvo algunos progresos como quitar la certificación) hemos avanzado poco en la institucionalización bilateral del tema. Seguimos expuestos a desplantes unilaterales (desde Álvarez Machain hasta Rápido y furioso) y a una gran desconfianza sobre la honorabilidad de la parte mexicana. Por cierto, sería bueno preguntar si alguno de los candidatos tiene alguna idea para relacionarnos sobre nuevas bases con los vecinos o se limitarán a seguir la inercia.

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