abril 05, 2012

PRD y PAN rumbo a la coalición

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

A menos de una semana de su inicio formal, las campañas políticas rumbo a la Presidencia de la República se enfrentan al paréntesis vacacional de Semana Santa. De jueves a domingo la gente estará desconectada del quehacer político, tumbada en las playas naturales o artificiales según el presupuesto, viendo bikinis aunque no se podrán liberar ni de los candidatos, ni de sus spots, ni de los anuncios espectaculares. Los siguientes son los días de la Pasión de Iztapalapa, de las carreteras saturadas y el clásico de clásicos. Periódicos y noticiarios se la pasarán reportando la entrada y salida de carros, de manera que se abre la oportunidad de hacer un balance inicial de lo visto hasta la fecha.

Cada candidato arrancó como pudo su campaña que poco a poco comienzan a tomar vuelo. El dato más relevante hasta el momento son los tropezones de la candidata del PAN. Es lo que ha generado más reacciones en los espacios de opinión y en las redes sociales. Aumenta el conocimiento de la población sobre Josefina, aunque esto no impacta en el incremento de sus posibilidades de triunfo. La candidata entra al paréntesis vacacional posando para los reporteros gráficos en ropa deportiva, en un gimnasio de un hotel de Ensenada, realizando una rutina de ejercicio para demostrar que está bien de salud, que lo del mareo fue un accidente. También decidió sacar del aire sus primeros spots, que resultaron funestos, y cambiarlos por otros menos, digamos, azotados. El dramatismo, en esta etapa de la vida nacional, sale sobrando. La realidad es dramática, lo que se requiere es una visión fresca, amable, optimista, sobre todo viniendo de una mujer. En las encuestas más recientes, Josefina llega al viacrucis con 20 puntos de desventaja, lo que es un abismo.

Las izquierdas tienen como candidato a un personaje que está en campaña desde hace por lo menos una década. De manera que domina sus palabras y gestos como nadie. Andrés Manuel López Obrador ha pisado antes el mismo escenario. Nada lo sorprende ni puede ponerlo nervioso. Lo malo para él y los partidos que representa es que entró a la campaña con un enorme fardo de opiniones negativas. Las ha tratado de revertir con relativo éxito. Es verdad que genera menos temor, que ya no se le dice que “es un peligro para México”, pero tampoco suma adherentes. Tiene su clientela, una base social amplia, un voto duro que le será fiel en las buenas y en las malas. Pero no ha logrado conectar con las clases medias y tampoco con los jóvenes. No hablo de la zona metropolitana donde tiene su clientela, sino en el resto del país.

El PRI, su maquinaria, que viene preparando esta campaña desde hace años inició fuerte, de acuerdo al librito. Los mejores spots, recorridos bien organizados por todo el país, concentraciones exitosas, pocos errores. Los primeros días han sido miel sobre hojuelas, lo que desde luego no significa que no vengan días difíciles. Una amplia ventaja le permite a la cúpula priista actuar con tranquilidad, hacer su campaña y aguardar los movimientos de sus rivales. La estrategia central del PRI no es ampliar su ventaja, sino que los actuales números no se muevan, o lo hagan muy poco. No tienen que ganar la elección por veinte puntos, ganarla es lo que cuenta.

Si para mediados de mayo las encuestas no han experimentado variaciones significativas, si el candidato del PRI mantiene una ventaja por arriba de los diez puntos, una seis semanas a partir de este jueves santo, es muy probable que los partidarios de las coaliciones vuelvan por sus fueros. En la rendición de posesión de Gabino Cué como gobernador de Oaxaca, ante una audiencia variopinta, en la que cabían César Nava y Flavio Sosa, por ejemplo, Manuel Camacho Solís me comentó en corto, palabras más palabras menos: a mucha gente no le gustan las coaliciones, pero es la única alternativa real para impedir el triunfo del PRI, su regreso al poder o coaliciones o PRI, decía entonces. Es probable que la opción se recicle y que Josefina y López Obrador se sienten a negociar quién declina.

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