mayo 23, 2012

Agenda para los alzados contra la desinformación

Javier Corral Jurado (@Javier_Corral)
Diputado Federal del PAN
El Universal

Resulta esperanzador que los movimientos de protesta juvenil interuniversitaria Ibero, UNAM, ITAM y anti-Peña, que desplegaron marchas y plantones el fin de semana pasado, coloquen en el centro de sus reclamos la distorsión informativa que lleva a cabo un buen número de medios de comunicación en nuestro país, particularmente el duopolio de la televisión.

Que a la causa de la democratización del entramado comunicacional vuelquen su mirada los jóvenes confirma la creciente inconformidad social por los abusos y excesos de esas empresas televisivas, deslizadas cada vez más en una evidente parcialidad en la cobertura y protección hacia la campaña del candidato priísta y en la consecución de sus estrictos intereses comerciales. Ello abre también la oportunidad de convocar a un frente más amplio para concretar la vieja demanda de modernizar la legislación de radio y televisión, y conseguir el impulso social que hasta ahora ha faltado para visibilizar cuán extendida está la idea de que en México hace falta una mayor diversidad y calidad de medios de comunicación.

Esta sería una agenda de formidable encuentro para tan disímbolas posiciones políticas y sociales que al coincidir en el rechazo al candidato del PRI y todo lo que representa deben atinar a encontrar una causa que los afirme a favor de una transformación social y política duraderas. La democratización del país sigue sin atravesar a los medios, y esta es, paradójicamente, la asignatura que podría consolidarla y hacerla posible en los demás ámbitos de la vida pública del país. Los medios resisten, como los sindicatos, incluso como el mismo sistema de partidos, una reforma que los haga sujetos de la transparencia y la responsabilidad social frente a sus audiencias, agremiados y militantes.

De la mano de las nuevas tecnologías que se constituyen en complemento pero también en contrapeso de los tradicionales medios, las audiencias juveniles han reaccionado críticamente con un vigor inusitado e incomparable con el malestar que suponemos se incuba desde hace tiempo entre las generaciones adultas. Esto lo pudimos comprobar cuando la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi, A.C.) convocó el año pasado al Primer Encuentro Nacional por la Diversidad y la Calidad en los Medios de Comunicación, en el que se produjo uno de los diálogos más enriquecedores en torno al papel de los medios y las propuestas de una agenda ciudadana para su transformación.

La agenda de aquel encuentro da motivos a los jóvenes de hoy para robustecer su discurso crítico y algo de “luz para sus pasos”. Ahí se contiene el meollo de la cuestión:

“La reforma legal para los medios de comunicación es de la mayor urgencia. El viernes 8 de abril de 2010 se presentó de manera simultánea en las cámaras de Diputados y Senadores, la Iniciativa de Ley Federal de Telecomunicaciones y Contenidos Audiovisuales que fue promovida por varios partidos políticos y en cuya elaboración participaron miembros de la Amedi. Esa iniciativa establece limitaciones al acaparamiento de medios de comunicación, instituye un organismo con atribuciones para regular los mercados y actores de las telecomunicaciones y la radiodifusión, reivindica derechos de usuarios y audiencias de los medios y garantiza el funcionamiento de los medios públicos”.

Junto a lo anterior se coloca el reto de extender y lograr precios justos en el acceso a los servicios de telecomunicaciones y convertir el acceso a internet en un servicio gratuito para toda la población desde la perspectiva de un derecho humano de tercera generación. Los estudiantes de la Universidad Iberoamericana, productores y emisores de los contenidos que han exhibido la parcialidad de Televisa y que han dado la vuelta al mundo a través de YouTube son la mejor prueba de esa potencialidad libertaria de las redes digitales. A ellos les recuerdo el exhorto con el que Antonio Pasquali saludó el encuentro de AMEDI: “¡Abajo quienes insisten en impedir la existencia de voces múltiples para que sólo resuenen las de los superpoderes económicos e ideológicos! Las nuevas tecnologías no han devuelto la capacidad de emitir que las viejas habían confiscado, ellas nos ayudan a ser libres. ¡Defendámoslas para que no terminen a su vez acaparadas y domesticas!”.

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