mayo 25, 2012

Cuatro problemas del caso Yarrington

Salvador Camarena (@SalCamarena)
salvador.camarena@razon.mx
La Razón

Con un abrazo para el ingeniero Lázaro Ríos

Cuando aún es pronto para saber el desenlace de las largamente anunciadas pesquisas contra el ex gobernador de Tamaulipas Tomás Yarrington, lo que resulta evidente es que se trata de un caso que impacta mucho más allá de la campaña presidencial, que es el ámbito de eventual influencia sobre el que más análisis se ha elaborado.

Las investigaciones por presunto lavado de dinero del también ex diputado federal tienen, al menos, cuatro dimensiones problemáticas que trascienden al político investigado.

El PRI, caiga quien caiga. En su prisa por sacudirse a Yarrington, queriendo evitar que las versiones sobre presunta corrupción del tamaulipeco contaminen la candidatura de Enrique Peña Nieto, los priistas no sólo se contradicen con lo que hicieron en febrero, cuando acusaron que investigar a ex gobernadores de Tamaulipas formaba parte de una estrategia política en contra del tricolor. Además de eso mandan una señal a la que no están acostumbrados los priistas: el candidato se salvará al precio que sea. Nada importa si se demuestra o no la culpabilidad. ¿Resentirán los tricolores esas prisas por deslindarse?

Nuestra fama de corruptos e ineficaces crece. Todo viene de EU. De nueva cuenta, y a pesar de las informaciones sobre la colaboración de la PGR con agencias del gobierno estadounidense, los casos más sonados de presunta corrupción surgen allende el Río Bravo. Sin miedo al autogol, si yo fuera priista hasta eso usaría en la campaña: “esto confirma que lejos de lo que han señalado los panistas no saben indagar temas de corrupción, depende de los vecinos”.

Ex gobernador es sinónimo de dorada jubilación. Por el perfil de la defensa que ha contratado, por las versiones de sus largas estancias en el extranjero y, por supuesto, porque al final se le investiga por propiedades que se miden en hectáreas o en los cientos de miles de dólares que habría costado un departamento en lujoso condominio, Yarrington es uno más de los ejemplos que muestran cómo un ex mandatario estatal al salir del puesto no pareciera tener complicación alguna para subsistir el resto de sus días.

Finalmente, pero no menos importante. El caso Yarrington, con el señalamiento de que el crimen organizado soborna en Tamaulipas a políticos desde 1998 y “hasta la fecha”, nos obliga a regresar a una realidad que no nos gusta tener presente: existe un problema mayor en ese estado de la república, donde ya hay diarios que renuncian a informar, medios que ni en broma se plantean enviar reporteros, robo de combustibles que Pemex ya da como algo ordinario, hallazgo regular de decenas de cadáveres, expansión criminal a entidades vecinas e incluso el asesinato, no esclarecido y menos juzgado, en junio de 2010 de un candidato priista a la gubernatura.

Ése es Tamaulipas hoy, pero lo único importante para los políticos de todos los partidos son las consecuencias electorales del caso Yarrington; si lo demás está allí podrido desde hace años, tendrá que esperar a que pasen las elecciones. Y de que tras el primer día de diciembre se atienda la problemática tamaulipeca tampoco hay garantía alguna.

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