mayo 31, 2012

El dragón chilango

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

El PRD en el Distrito Federal impone su hegemonía por las buenas, con dádivas; o por las malas, recurriendo a la intimidación. Para el PRD-DF, la informalidad es un negocio de dos vías, obtiene dinero fresco todos los días y todas las noches y gana control político vendiendo protección a los informales, ya sean vendedores callejeros, microbuseros, taxistas piratas, invasores de terrenos y dueños de antros. El PRD-DF ha conseguido un gran éxito: vende la idea de que la capital es el corredor que va de la Condesa al Zócalo. Como si las delegaciones Iztapalapa, Tláhuac o Gustavo Madero, por poner algunos ejemplos, quedaran en otra entidad federativa. La gente en esas delegaciones se ha acostumbrado a vivir mal. Sin agua, sin drenaje, sin alumbrado, sin parques. Con basura, pandilleros, narco menudistas, con un servicio de transporte público no sólo deficiente, sino humillante. Se han acostumbrado a seguir las indicaciones de los brigadistas del PRD que no les resuelven los problemas, nada más los administran con lógica política.

Los partidos políticos de oposición en el Distrito Federal, PRI y PAN, deberían estar avergonzados por abandonar la plaza de forma tan vergonzante. Al hacerlo, entregan a los ciudadanos al dragón perredista. Por años, incluso lustros, no han hecho trabajo político, no tienen presencia, no hacen trabajo de gestoría. Su estructura territorial da pena ajena. Ante los triunfos de la izquierda simplemente agarraron sus chivas, cerraron el changarro y se dedicaron a otras cosas. No sorprende que el PRD-DF esté en camino de obtener un triunfo descomunal, insólito, en las elecciones del 1 de julio, casi sin justificación. Tomemos el ejemplo de la delegación Iztapalapa, que condensa todos los problemas habidos y por haber. Esta demarcación es, para abrir boca, el paraíso de las narco tienditas, que se han reproducido de manera escalofriante, dando lugar a una masa delictiva que sólo se dedica a vender droga, sino que también a los robos a casa-habitación, en transporte público, a transeúnte. Actúan con cinismo descomunal. Todo mundo sabe dónde están, comenzando por los policías y agentes judiciales. Hay tantos baches que surge de manera natural la inquietud de cómo se maneja esa partida presupuestal. Alguien debe estar en negocios gigantes. Los parques están convertidos en basureros. La informalidad es la regla. ¿Alguien ha calculado cuanto dinero dejan los tianguis gigantescos que se ponen en esa delegación?

Consumo.- El consumo de drogas es una experiencia individual que compete, en consecuencia, a la esfera de lo privado. Un lugar al que no tenemos derecho de entrar. El anterior es un planteamiento atractivo, políticamente correcto, pero falso. Lo es, porque no contempla una verdad dolorosa: el acto de consumir drogas está precedido de una operación mercantil de compra-venta, por definición colectiva, por medio de la cual el consumidor inyecta recursos al circuito criminal. Lo he escrito antes pero vale repetirlo. Con el dinero que les dan en la mano los consumidores y los delincuentes se pertrechan para defenderse de las autoridades y agredir a la sociedad. El derecho a consumir, esgrimido por algunos individuos, afecta el derecho colectivo a vivir en paz, sin miedo. De igual forma, el hábito de consumir se convierte en problema social cuando se transforma en adicción y requiere tratamiento médico que la gente paga con sus impuestos. No lo olviden.

Encuestas.- El protagonismo de los casas encuestadoras en las campañas políticas, es un tema idóneo, no para la ciencia política, sino para la sicología social. Los encuestadores asumen el papel de estrellas, de verdaderas celebridades. Si somos rigurosos, esta fama tiene poco sustento. Varios de ellos se equivocan con frecuencia, pero nunca pagan el precio de un pronóstico erróneo. A la siguiente elección vuelven a la carga, enganchan nuevos clientes y salen bien forrados. Cada uno tiene una encuesta hecha a la medida de sus necesidades. De manera que dejó en claro que las encuestas no son un ejercicio estadístico, manejado por actuarios implacables, nada de eso, son un ejercicio de la imaginación que diseñan motivadores profesionales para sembrar optimismo entre los aliados y pesimismo entre los rivales.

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