mayo 21, 2012

El sentimiento antiPRI en 140 caracteres

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Es muy difícil saber cuál será, finalmente, su repercusión electoral global, pero me temo que en el entorno de la campaña de Enrique Peña Nieto no deben haber considerado previamente y con atención un fenómeno que, en la forma que se está produciendo, me llama profundamente la atención: me refiero el sentimiento antipriista que ha emergido en las últimas semanas.

Se dirá, con toda la razón, que se trata de algo impulsado por las dirigencias del PRD y del PAN y sus redes para beneficiar a sus candidatos y en parte es verdad. Se podrá argumentar que es previsible que participen en estas marchas grupos como los de Atenco, el SME o los ex pilotos de Mexicana, con toda la generalidad que pueden tener hoy esos membretes, y también es verdad. Y también se puede decir que éste es un movimiento esencialmente chilango, con repercusiones en algunos otros estados pero sin una verdadera extensión nacional. Todo eso es verdad pero una verdad a medias.

Si es un movimiento impulsado básicamente por el PRD y por el PAN hay que reconocer que, por fin, encontraron una veta de movilización eficiente en contra del candidato priista. Paradójicamente no fue nada de lo que tanto se especuló: no fue que se destapara algún caso de alto interés mediático con un gobernador o ex gobernador priista; no hubo necesidad, se haya intentado o no, de exhibir problemas personales o filtrar información sobre reales o presuntas corruptelas. Se terminó recurriendo a lo elemental: el antipriismo, no queremos que regrese el PRI porque no lo queremos. No hay en realidad un debate de fondo sobre personalidad de los candidatos, ni mucho menos acerca de propuestas, salvo el decir que es un candidato de las televisoras, sin llegar más allá. Pero tiene la eficiencia de esas consignas que se esconden en el inconsciente colectivo, que están ahí y que pueden ser tan irracionales como efectivas.

No es lo mismo ni estamos en la misma situación, pero me recuerda, y mucho, a la única consigna realmente eficiente que tuvo Vicente Fox en la campaña del año 2000: vamos a sacar al PRI de Los Pinos. No importaba si Francisco Labastida tenía mejores propuestas o mejor equipo que Fox: la política, sobre todo en épocas electorales, es un tema de pasiones, emociones y percepciones. Y no hubo mucho que pensar y menos que analizar. Que en aquella campaña Fox se haya empeñado en cadena nacional en que un debate fuera “hoy, hoy, hoy”, lo que fue percibido por todos los especialistas como su debacle, y que días después ese error se convirtiera en el lema de sus últimas semanas de campaña, demostró, por si hiciera falta, que la emoción marca más las campañas que la razón.

Insistimos, no estamos en la misma situación que hace 12 años y, por lo menos hasta hoy, ese movimiento antiPeña y antiPRI está lejos de tener la misma influencia. Creo que no lo tiene, además, por una razón muy sencilla: no hay un solo liderazgo que pueda canalizarlo. Si en 2000 el antipriismo lo canalizó Fox, desplazando absolutamente a Cuauhtémoc Cárdenas, en 2006 ocurrió lo mismo cuando la votación por Felipe Calderón se vio como el antídoto para evitar que llegara al poder López Obrador; la otra opción, Roberto Madrazo, no tenía posibilidades. Ahora podrán coincidir Josefina y AMLO en impulsar el antipeñismo, pero el problema es que, al tratar de ver hacia quién se canaliza ese sentimiento, termina dividido entre los dos candidatos. Por eso también, aunque no parezca tener sentido, la tentación o la insistencia de algunos de que Josefina o Andrés Manuel declinen a favor del otro. Algo que me parece políticamente imposible, inviable a estas alturas.

Me tocó ver una de las manifestaciones del viernes en las puertas de Televisa San Ángel: llamó la atención el número de jóvenes: eran muchos más de los 200 o 300 de los que hablan algunos reportes. Me llamó la atención que, en esa marcha o en la de la Ibero en Santa Fe, no hubiera, por lo menos abiertamente, militantes de otros grupos: no se veían ni los activistas del SME, de Bejarano o de los muchos que son profesionales de las marchas. Eran estudiantes y estudiantes de verdad, pirruris les hubiera dicho López Obrador hace seis años, marchando en perfecto orden, sin desquiciar el tráfico, de una forma realmente ciudadana. Y se manifestaban contra un PRI que en la enorme mayoría de los casos no conocieron gobernando: cuando el PRI dejó el poder, algunos de esos participantes apenas si estarían empezando la primaria. Son grupos reales; existen, sienten que no tienen una respuesta y en cambio tienen una causa que consideran válida y que, al igual que otros movimientos, estoy pensando en el de Los Indignados, es tan amplia que sirve para que se incorpore prácticamente todo el mundo. Es una causa que se puede establecer en apenas 140 caracteres y que no sé si podrá ser decisiva en términos electorales pero que se tendrá que considerar el día de mañana para gobernar, sea quien sea el próximo President@.

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