mayo 22, 2012

El vuelco

Ricardo Pascoe Pierce (@rpascoep)
Especialista en análisis político
ricardopascoe@hotmail.com
Excélsior

La interrogante subyacente en la elección de 2012 ha sido, hasta ahora, si es el momento histórico adecuado para regresar el PRI a Los Pinos. Hasta ahora, la sociedad mexicana ha respondido a esta pregunta de una manera lenta, confusa y sin emitir un juicio contundente. Podría pensarse que se ha abordado con cierto dejo de miedo. Incluso, es posible suponer que una sociedad maltratada enfrenta, como robótica, al ente que la aprisionó tanto tiempo y descubre, pasmada, el rostro bonito de su victimario. Es como si el Síndrome de Estocolmo se hubiera aprisionado a todo un pueblo. No sería la primera vez en la historia que una sociedad se ha visto inerme ante su victimario: los juicios que se llevan en este momento en la Corte Internacional de Justicia contra el general serbio y el ex presidente de Liberia hablan de genocidios recientes e, inevitablemente, de una población inerme. Es cierto que siempre hay una explicación que lo justifica: el poder del otro, principalmente. Pero lo difícil de aceptar es la idea de una población que titubea entre volver al pasado de víctima o proseguir el camino hacia el futuro lleno de retos e incertidumbre.

La movilización de este sábado último en el Distrito Federal y 16 ciudades más del país en contra del regreso del PRI a Los Pinos es el inicio de un vuelco en el ambiente político de México. El fenómeno tiene tres aspectos interesantes dignos de observarse. Por un lado, es la primera gran movilización en la historia del país de una causa ciudadana convocada a través de las redes sociales. Twitter y Facebook irrumpieron en la escena electoral con inusitada fuerza. Por el otro lado, ha sido una expresión no partidista, más allá de algunos manifestantes con marcado interés en un candidato, en un momento de agitación, movilización y tensión electoral. Por último, el llamado de las redes sociales permitió la coincidencia de varias corrientes políticas e ideológicas reconociendo que van en un único sentido: no es hora de volver el reloj histórico hacia atrás.

A pesar de que ha tratado de reparar el daño hecho, el PRI mostró su verdadero rostro al denunciar a los estudiantes de la Universidad Iberoamericana. Al decir que fue un sabotaje montado por personas ajenas a la institución, demostró un carácter intolerante e irascible ante voces diferentes de la sociedad. Hizo surgir la interrogante: ¿es hora de que el PRI regrese a Los Pinos? Más allá, incluso, plantea la duda: ¿ha hecho el PRI alguna revisión concienzuda de sus actos y yerros de gobierno, como para merecer regresar al poder con capacidad para comportarse de otra forma? Su reacción ante el incidente en la UI confirma que no, no ha hecho la revisión histórica que la sociedad mexicana le está demandando. Como bola de nieve creció la protesta entre sectores estudiantiles del país. Con los estudiantes chilenos como telón de fondo, los mexicanos están demandando que su clase política dé respuestas, no represión.

Con los estudiantes como vanguardia (nótese: estudiantes de las universidades privadas, no las públicas, en un primer momento. La Ibero actúa mientras la UNAM observa), otros sectores empiezan a movilizarse en torno a la gran interrogante de 2012: ¿es hora de regresar el PRI a Los Pinos? ¿Ha ganado ese derecho?

Las movilizaciones de este fin de semana indican el inicio de un vuelco en la sociedad mexicana. No puede entenderse exclusivamente como un movimiento antiPRI, debido a que incluye una variable en positivo: demanda seguir adelante con el lento y tortuoso proceso de democratización de la sociedad mexicana. Nadie dijo que ese proceso sería fácil o de rápido acceso. Pero lo que sí se observa es el inicio de un vuelco en la sociedad hacia una decisión contundente sobre esa gran interrogante que corroe el alma del país.

Y atención: lo que una decisión antiPRI puede traer como consecuencia es un resultado electoral dividido en tercios. Por ende, un país dividido en tercios. De ahí la necesidad de crear todos los espacios posibles de diálogo para afrontar semejante situación. Sociedad y partidos tienen su tarea definida. La cuestión es estar a la altura de los acontecimientos, sin titubeos.

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