mayo 17, 2012

Elba Esther y Josefina

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

De los candidatos a la Presidencia solo uno tiene credibilidad total cuando dice que tratará de cambiar a fondo la educación en México. Es Josefina Vázquez Mota.

Ella es la única que ha dado ese pleito en su carrera y ha logrado un cambio de rumbo insuficiente, pero fundamental en la materia.

Es verdad que acabó perdiendo la batalla y fue hecha a un lado por el presidente Calderón, quien, por la razón que sea, no quiso mantener esa tirantez política en su gobierno. Le pidió el cargo a Vázquez Mota y le dio un indeseado camino parlamentario.

Tan indeseado, que el día de la entrega del puesto de secretaria, Josefina apenas podía tenerse en pie de la tensión y el desánimo por la derrota.

Para ese momento había ganado pocas cosas como secretaria de Educación, pero una, como digo, fundamental: el principio de evaluación y difusión de resultados de la educación en México, junto con el compromiso del sindicato magisterial de someterse al proceso.

El compromiso magisterial era de dientes para afuera, como quedó más o menos claro entonces y es evidente hoy, pero un compromiso al fin, exigible si la autoridad quiere exigirlo.

Eso que consiguió en una primera fase Vázquez Mota es el camino a seguir para todo el que venga a querer hacer algo serio en la educación pública de México.

Supone un gran pleito político, pero está fincado en un criterio tan sencillo y justo de calidad educativa, que apenas puede discutirse. Me refiero al criterio de evaluar el desempeño de maestros, alumnos y escuelas, de premiar y corregir con base en ello la educación, uno de los mayores bienes públicos de cualquier sociedad, pero de México en particular, que invierte muy cuantiosos recursos públicos en ella sin que haya hasta la fecha un sistema cabal de rendición de cuentas.

Josefina perdió la batalla con Elba Esther siendo una secretaria de Educación débil, apoyada solo hasta cierto punto por el gobierno, que sostenía con la lideresa magisterial una alianza política aparte.

Es difícil imaginar que Josefina perdería la batalla por la educación también como Presidente, porque los Presidentes de México, debilitados como están por su entorno democrático, siguen siendo más fuertes, mano a mano, que cualquier otro poder de la República.

Y cuando hablo de ganar la batalla no estoy pensando en enfrentamientos ni manotazos ni persecuciones ni enfrentamientos con maestros en las calles. Hablo del sencillo asunto iniciado por Vázquez Mota cuando fue secretaria que es la evaluación sistemática, la difusión de resultados, la confrontación de la sociedad toda —maestros, alumnos, padres y autoridades— con la realidad de lo que estudian y aprenden sus hijos.

Nada más, pero nada menos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Maestro Camin, reconforta saber que todavía existen personas objetivas como usted. Intelectuales ecuánimes como usted me ayudan a formarme una opinión. Lo leo con mucho interés desde hace mucho tiempo. Gracias