mayo 24, 2012

Existen

Blanca Heredia (@BlancaHerediaR)
bherediar@yahoo.com
La Razón

Ayer Reforma era una fiesta. Había estudiantes universitarios de todos colores y sabores. Un contingente grande de la UNAM, varios grupos nutridos del IPN, muchos Iberos y muchos Itams. Había también, entre otros: alumnos de la Anáhuac, La Salle, de la UDLA, de la UVM y de los Institutos de Educación Media Superior del D.F.

Al comienzo de lo que pareció una decisión no planeada de marchar sobre avenida de la Reforma hacia el Ángel, algunos estudiantes intentaban que la gente se concentrara en las banquetas. No fue posible, la multitud de jóvenes armados con carteles súper creativos invadió el arroyo de la avenida en dirección hacia el Zócalo. Del otro lado: los automovilistas tocaban el claxon, levantaban el puño o la mano en señal de apoyo.

Tarde soleada en la que se entremezclaban chicas rubias, morenazos intensos, tacones, alpargatas, guaraches, mocasines de ante y nikes. Muchos de los manifestantes llevaban libros en la mano y los intercambiaban. Grupitos haciendo música con tambores y bocinas a cuestas. Un cuate con lentes de aviador antiguo con un cartel que decía: Busco a Estela, de parte del candidato de Televisa. Conversaciones espontáneas, preguntas sueltas (“¿cómo es la porra del Poli?, ¿te vas a lanzar hasta el Zócalo?”); muchos texteando o tomando fotos con sus celulares.

Algunos cuantos activistas experimentados, pero la mayoría estrenándose en eso de hacer suya la calle a las 7 de la noche un miércoles cualquiera. Eso fue quizá lo que más me tocó: la sensación potente de descubrimiento compartido; la emoción fresca y nueva de reconocerse en otros distintos y, al mismo tiempo, iguales. Una cierta inocencia, atisbada en el titubeo que hace perder el ritmo de la consigna coreada a gritos. Un poder nuevo emergiendo en el ejercicio mismo de caminar y cantar con otros a cielo abierto.

Muchas consignas a coro, la mayoría de ellas buscando ponerle nombre a una identidad colectiva emergente, interesada, sobre todo, en manifestarse, existir, hacerse presente. “No somos porros, somos estudiantes”; “Venimos por huevos, no por tortas”; “No somos uno, no somos 100, prensa vendida cuéntanos bien”; “Apartidistas, apartidistas”. El subtexto me parece claro: Soy, existo, existimos; no estamos dormidos, estamos aquí, porque queremos estar aquí; no somos instrumento de nadie, somos universitarios, leemos libros, sabemos lo que quiere decir “paradigmas”, creemos en la educación; queremos una democracia que nos incluya, queremos medios de comunicación que nos informen. Músculo despertando.

Sí, es cierto, una cierta emoción fuerte en las consignas anti Peña, en los gritos “Fuera Elba Esther” y en el rechazo contundente al duopolio televisivo. Pero ello no me alcanza para pensar que son el instrumento de alguien más. Son lo que son: chavos inventándose, estrenándose en las lides de hacer suyo lo público, jóvenes reconociéndose unos a otros a pesar de los abismos de clase, vestimenta y lenguaje. Estudiantes universitarios reclamando existencia y reconocimiento. Jóvenes que se apropian de su lugar en la construcción del futuro colectivo y que nos recuerdan que la posibilidad de ejercer y ampliar las libertades y los derechos ganados hasta ahora, depende de nosotros.

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