mayo 20, 2012

Telelobotomía

Jean Meyer
Profesor e investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu
El Universal

En nuestros tiempos frenéticos de bombardeo televisivo, por causa de campañas presidenciales y elecciones de tres tipos, vale la pena señalar que la televisión es un peligro público, porque “puede tener un efecto destructivo sobre la cognición y el comportamiento de los niños, pero también sobre la esperanza de vida de los adultos” (Le Monde/Science, 8 /X/ 2011). Érase una ciudad de Canadá que no recibía la televisión por su posición. Cuando iba a llegar, una sicóloga decidió estudiar sus efectos.

En la tranquila ciudad “sin”, en dos años, las agresiones verbales en la escuela duplicaron, las peleas triplicaron y la capacidad de lectura disminuyó, así como la creatividad de los niños. Entre los adolescentes la participación comunitaria bajó a la mitad y la práctica del deporte en 25% entre los jóvenes, 40% entre los adultos. Todos los resultados se encuentran en el libro de Tannis MacBeth Williams, The Impact of Television. A Natural Experiment on Communities.

Michel Desmurget, a quien robo el título de su libro en francés, TV Lobotomie, denuncia no solamente la televisión, sino todas y cada una de las mil y una pantallas que invadieron nuestra vida. Pocas veces se encuentra un consenso absoluto entre los científicos, basta con ver el tema del recalentamiento global o las discusiones sobre el colesterol; en este caso todos afirman que la televisión, tal como existe actualmente (no la televisión en sí), es nociva. “Ver la televisión antes de tener dos años está asociado a retrasos en el lenguaje, retrasos en el aprendizaje y, más adelante en la vida, a resultados escolares más bajos y perturbaciones de la atención, con un tiempo de concentración reducido” (Dimitri Christakis, Universidad de Washington).

El adolescente estadounidense pasa ocho horas al día frente a las pantallas… ¡qué miedo! Nuestra situación no es mejor, sólo que tenemos pocos estudios. ¿La violencia visual aumenta el riesgo de agresividad entre niños y adolescentes? La Academia Americana de Pediatría, con base en 3 mil 500 estudios, concluye categóricamente que “la exposición a contenidos violentos aumenta el riesgo de comportamiento agresivo para algunos niños y adolescentes al apagar su sensibilidad a la violencia”.

¿Y nosotros, los adultos? Pues, agárrense y vean lo que afirma el universalmente respetado Journal of the American Medical Association, verano de 2011: las personas que ven más de dos horas de televisión al día aumentan 20% la probabilidad de sufrir diabetes de tipo 2, y en 15% una posible enfermedad cardiovascular. Los efectos sobre la obesidad, nuestra enfermedad nacional, son indiscutibles, no por lo que se ve en la pantalla, sino porque la teleadicción implica la sedentaridad; uno se queda sentado o acostado, sin moverse, y desarrolla malas costumbres en cuestión de alimentos y bebidas.

Además, sí, el hecho de ver la televisión tiene consecuencias cerebrales y mentales, por la pasividad del espíritu del espectador. Créalo o no, pero cada hora diaria de televisión, entre los 40 y 60 años, aumenta de manera indirecta la probabilidad de sufrir la enfermedad de Alzheimer. Es que la televisión es todo lo contrario de una actividad intelectualmente estimulante.

Entonces, ¿por qué ignoramos estos hechos demasiado reales de acuerdo con los especialistas? Porque las compañías actúan exactamente como, en su tiempo y hasta hace poco, las compañías tabacaleras; aquéllas decían que el efecto dañino del cigarro no estaba comprobado, que los estudios eran partidistas, que la vanidad de algunos científicos explicaba su postura, más ideológica que científica… Hoy los abogados de la televisión denunciarían la dictadura de las neurociencias contra la libertad. Y ustedes ¿cómo la ven?

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