mayo 08, 2012

Josefina, dos populistas y un antipolítico

Luis Felipe Bravo Mena (@LF_BravoMena)
Ex presidente nacional del PAN
El Universal

El primer debate entre la candidata y candidatos presidenciales puso a la vista de los ciudadanos algunas propuestas que deben ser analizadas detenidamente por especialistas, a fin de que dictaminen si lo que están ofreciendo los aspirantes es realizable técnicamente y, en su caso, cuáles serían sus efectos en la economía a corto y mediano plazos.

Al escuchar a los candidatos de PRI y PRD ofrecer cosas que implican regalar dinero a la población, la primera pregunta que cualquier espectador medianamente informado se plantea es cómo van a financiar esas políticas y de dónde van a extraer los gigantescos volúmenes de recursos que se requieren para llevarlas a cabo.

Al ver a estos señores prometer con singular alegría y el oro y el moro a los electores, no dudo que algunos analistas serios de la economía habrán pulsado el botón de alerta y no pocos mexicanos comenzarán a pensar cómo proteger sus ahorros y economías personales si alguno de ellos ganara la elección del 1 de julio.

La idea de la seguridad social universal suena muy bonita y no dudo que es música para los oídos de grandes sectores, pero me temo que es una promesa que romperá con la estabilidad económica del país, lograda por los gobiernos panistas, después de las juergas populistas, derrochadoras y corruptas de los priístas.

Además de los terribles sufrimientos que las familias mexicanas hemos padecido por la irresponsabilidad económica de los malos gobiernos del PRI, tenemos a la vista el drama que están viviendo Grecia, Italia y España, que es la consecuencia de haber implantado políticas para cuya sustentación se tiene que recurrir al gasto público inflacionario, al endeudamiento descontrolado y al malabarismo financiero.

En estos países, como en México durante los gobiernos de Echeverría, López Portillo, De la Madrid y Salinas, la pompa de las ilusiones se pinchó y se vino abajo el castillo de naipes. Luego vino el llorar y crujir de dientes en el pueblo, entre los más pobres y las clases medias.

Por más que los demagogos e ilusionistas cambien de rostro, tiempo y lugar, la lógica económica no perdona. El antiguo y sabio principio de la responsabilidad económica de que no hay almuerzo gratis sigue válido aquí y en China, en la Roma antigua o en México en 2012.

Si el gobierno se pone a regalar dinero, con el título que se quiera, sin una fuente sana y segura de financiamiento, más temprano que tarde los supuestos beneficios se revierten con altísimas dosis de sufrimiento para la misma población a la que se quiso favorecer.

Es hora de exigirles a los candidatos presidenciales que expongan a detalle y con rigor técnico sus propuestas. En el próximo debate que se celebrará en junio están obligados a informar puntualmente a los electores cómo van a desarrollar sus proyectos, las cantidades de recursos públicos que se comprometerán, su forma de financiamiento y, sobre todo, que digan con toda claridad de dónde van a obtener dichos recursos.

En el transcurso del debate de este domingo se pudo observar también el temple de la candidata y de los candidatos, no solo en la forma como expusieron sus ideas y debatieron entre ellos, sino también en el lenguaje corporal y en las expresiones de sus rostros.

Vi a Josefina Vázquez Mota con buen control de si misma, desarrolló su estrategia polémica y propositiva con equilibrio. Mostró una nueva imagen, la de presidenta de la república. Creo que esto es lo que la mayoría de los espectadores apreció y por ello los sondeos sobre la confrontación la dieron como ganadora.

Me sorprendió el nerviosismo de Peña Nieto, que se manifestó en los tics faciales fuera de control. Acostumbrados a verlo en su acicalada propaganda, el candidato real confirmó que fuera de sus zonas de confort se descompone y divaga. AMLO, como hace seis años. Nada nuevo bajo el sol. Ya dejó de lado lo amoroso y vuelve a la carga con la historia de la mafia. Cansado y agresivo.

Quadri, simpaticón, jugando con la antipolítica desde la política. Una combinación inmediatista que puede ser atractiva electoralmente pero sin futuro al día siguiente de los comicios. Los candidatos tienen estilos y orígenes diversos, pero son políticos; aunque les guste no serlo, pero lo son.

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