mayo 23, 2012

La oportunidad de deshacernos de los partidos negocio

Carlos Puig (@puigcarlos)
masalla@gmail.com
Duda razonable
Milenio

Alguna ventaja tuvo la reforma electoral de 2008.

Una, sin duda, es la conformación de la boleta o las boletas con las que votaremos el primer domingo de julio. En términos estrictos, desde 2009 las elecciones mexicanas no tienen lo que conocíamos como coaliciones, lo que hay son candidatos comunes.

Es por eso que la boleta de 2012 para presidente, por ejemplo, tiene siete posibilidades de voto —y solo cuatro candidatos. De hecho, todas las boletas tienen siete partidos. Y cada uno tendrá solo lo que los votantes le hayan dado explícitamente y no, como sucedía en el pasado, por una repartición negociada antes de la elección entre los dirigentes partidistas.

Así sucede que si —por cualquier razón— a usted lo convencen los candidatos que han propuesto en alianza el PRI y el Partido Verde, pues puede votar en la casilla del PRI, y su candidato llegará al Congreso o a Los Pinos; pero tal vez se le acaba el negocio a la familia González Torres y señores que los acompañan.

Algo similar sucede en la izquierda. En esta ocasión, los votos de Andrés Manuel López Obrador no serán divididos arbitrariamente entre sus partidos parasitarios. En el Movimiento Ciudadano están lamentándose de su idea de haber cambiado de nombre un año antes de la elección, tanto así que decidieron piratearse el logotipo de Morena —el movimiento creado por López Obrador, para llamar la atención en la boleta. Aun así, Dante Delgado y los suyos están preocupados.

El PT, por su parte, duerme más tranquilo. No solo por una estrategia de posicionamiento de marca intensa —no es gratuito cómo amanece la ciudad tapizada de pendones rojos con el logo del PT—, sino porque es un partido con alguna fuerza propia en la ciudad y un par de estados de la república.

Cierto que el nuevo esquema no hace sencillo el conteo. Pongo un ejemplo: si usted quiere que López Obrador sea presidente, usted puede votar por él en el recuadro del PRD, PT, o MC. En dos de esos recuadros o en tres. Al candidato de las izquierdas solo le valdrá como un voto, pero a los partidos les valdrá como uno, medio o un tercio de voto.

En el IFE, los partidos pequeños han presionado al instituto para que utilice sus tiempos de spots para explicar a la población la boleta y las maneras del voto. Pero los consejeros han respondido —yo creo que con razón— que esa explicación podría equivaler a la promoción de algún partido. Hay dos de ellos: PAN y Panal, que no llevan candidatos en común y por tanto no son sujetos a ninguna confusión.

La enorme diferencia en spots en los medios electrónicos entre los tres grandes y los otros, la disposición en la boleta —primero PAN, PRI y PRD— y luego los demás, hace que los minipartidos estén preocupados.

Dado el carácter de negocio particular de la mayoría, a mi me parece una oportunidad.

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