mayo 24, 2012

Las Causas

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

La discusión acerca de la crisis financiera global no acaba. Ahora, con respecto a Europa, Vargas Llosa escribió un artículo en “El País” que ha recibido fuertes críticas

En él, Vargas Llosa intenta defender el camino que sigue Merkel y criticar la nueva postura de Francia, de su flamante presidente, Francois Hollande. Acusa a los países mediterráneos de haber exagerado en sus Estados de Bienestar creando con ello deudas que ahora son impagables, o al menos muy difíciles de enfrentar. Entre otros, Fernando Escalante, en La Razón, refuta a Vargas Llosa no sólo descalificando la forma, sino argumentando que no es por el Estado de Bienestar que los países mediterráneos están en crisis, aunque sólo cita a España como defensa de su argumento. Dice, con razón, que la deuda de ese país era de sólo 39% del PIB en 2007 (similar a la nuestra), y que tenía superávit fiscal en ese año. Fue la crisis lo que llevó a la mala situación crediticia.

Como siempre ocurre en estos casos, Escalante tiene parte de razón. Los datos que aporta son correctos, pero olvida citar otro igualmente importante. España tenía, en 2007, un déficit en cuenta corriente de 10% del PIB. Con la mitad de eso, México entró en crisis en 1976, 1982 y 1994. No se puede decir que el gobierno español era responsable cuando se le fue el déficit externo a ese nivel.

Y es que si uno intenta explicar todos los países europeos con una misma medida no se va a llegar muy lejos. Son casos muy diferentes. Grecia no tiene defensa alguna, desde que entró al euro tenía una deuda de 100% del PIB, y en los veinte años previos (más o menos su ingreso a la Unión Europea) había tenido un déficit fiscal que promediaba 8% del PIB cada año. Ya en el euro, antes de la crisis, su déficit fiscal promedió 5.5% del PIB. Uno de cada cuatro griegos trabaja para el gobierno. Es indefendible, como le decía.

El caso de España es diferente. El gobierno no fue el que se endeudó, sino la iniciativa privada. La razón es una burbuja inmobiliaria similar a la estadounidense, pero mayor. Desde mediados de la década pasada se anunciaba en The Economist la velocidad a la que crecían los precios de los bienes raíces en España e Inglaterra, sólo comparables a los vecinos del norte. Si quiere usted tener una comparación mejor, lo que ocurrió en España es lo mismo que ocurrió en México durante el gobierno de Carlos Salinas: el gobierno tenía cuentas decentes, pero no la iniciativa privada, endeudada a fondo con el sistema bancario. Por eso en ambos países el crecimiento acelerado del déficit en cuenta corriente. No es fácil defender al gobierno de Zapatero, no porque haya desordenado sus cuentas, sino por cobijar una burbuja inmobiliaria que no tenía otro final que el que ahora vemos. Por cierto, burbuja en la que están inmiscuidos un buen número de políticos españoles.
Así pues, me parece que no hay manera de quitarle responsabilidad a los gobiernos. Sea el de Grecia por endeudar y engañar, el de España por cobijar una burbuja crediticia, el de Irlanda por atraer bancos extranjeros sin cuidado. Si acaso, es el gobierno italiano el que menos problema tiene, porque su deuda se mantiene estable (en 100% del PIB, pero sin crecer), y los déficit fiscal y de cuenta corriente, en niveles razonables.

El origen de la crisis, en todos los países desarrollados, fue un exceso de deuda. Haya sido de parte de los consumidores (comprando casas que no podían pagar, como en Estados Unidos, España o Inglaterra) o de parte de los gobiernos (incrementando beneficios del Estado de Bienestar). En ambos casos, este fenómeno empieza a ocurrir de manera muy clara en la década de los noventa, y tengo la hipótesis, que ya he comentado con usted, que esto es resultado de la ampliación de la brecha de ingresos.

Puesto que el cambio tecnológico exige ciertas habilidades, y las paga mejor, la diferencia de ingresos entre las personas ha crecido. En Estados Unidos, por ejemplo, una persona con licenciatura gana dos veces lo que alguien con menores estudios. Durante la recesión, las personas con licenciatura nunca tuvieron una tasa de desempleo superior a 5%, quienes tienen menos estudios enfrentaron una tasa de 15%. Esta ampliación de la brecha provocó que los gobiernos buscaran reducirla, porque el costo político no era menor. En Estados Unidos, esto se hizo reduciendo los requisitos para comprar casas, que fue lo que originó la burbuja inmobiliaria. En Europa, regresando a la tendencia creciente del Estado de Bienestar, que a fines de los setenta se había detenido (en otra crisis).

El exceso de gasto de las personas durante estos años daba como resultado crecimientos mayores a lo esperado, pero también deudas crecientes. Puesto que a los datos de deuda se les presta menos atención, el golpe fue inesperado. Pero los datos ahí estaban, para el que quisiera verlos. En esta columna, en 2006, decíamos que el doble déficit en Estados Unidos no podía sino llevar a una crisis global, y The Economist, como decíamos antes, anunciaba años antes la burbuja inmobiliaria en España e Inglaterra.

En suma, los problemas financieros de los países desarrollados sí tienen su origen en un comportamiento irresponsable de los gobiernos. Sea con sus propias cuentas o con su labor de vigilancia del sistema financiero. Más aún cuando fueron los propios gobiernos los que promovieron un crecimiento artificial en la búsqueda de aminorar la creciente brecha de ingresos.

Cuando estalló la crisis, y el sistema de pagos estuvo al borde del colapso, los gobiernos no tuvieron otro remedio que asumir las deudas de los bancos. Es lo mismo que pasó en México con Fobaproa-Ipab, y es lo mismo que ha ocurrido en todos los casos. Un gobierno puede permitir que un banco quiebre, pero no que quiebre el sistema entero. Así, el gobierno estadounidense se ha ido tragando deuda privada, lo mismo que el español, inglés, irlandés o italiano. Y esa deuda se irá resolviendo en el tiempo con más impuestos y menores gastos.

Pero antes de cualquier cosa hay que convencer a quienes le prestan a los gobiernos de que países como España, Italia, Francia, no van a seguir el camino griego de repudiar parte de sus compromisos. Si se logra que quienes prestan estén tranquilos, el problema se resolverá pronto. Si no se logra, esto puede ser muy complicado.

Hay una segunda parte del tema, que es cuál es la mejor manera de salir de una crisis como la actual, gastando más o gastando menos. Esa discusión la comentamos el martes.

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