mayo 27, 2012

¿Que desista Peña Nieto? ¿Que desaparezca el PRI?

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
La Semana de Román Revueltas Retes
Milenio

Ha nacido una nueva subespecie ciudadana en plena campaña electoral: los estudiantes. Ya habíamos nosotros, en 1968, y compartiendo justamente la misma condición juvenil de inconformidad, exhibido una declarada oposición al régimen priista en las calles de este país. Hoy, el movimiento estudiantil ha resurgido en el menos esperado de los sitios: una universidad privada cuyos alumnos, primeramente, expresaron un fuerte rechazo a Enrique Peña durante una visita suya al campus. Luego, para eludir la acusación de que fueron manipulados por terceros,131 jóvenes se identificaron plenamente como estudiantes de la Universidad Iberoamericana y, a partir de ese momento, se creó la plataforma “YoSoy132”, un movimiento al que se han estado sumando espontáneamente muchos otros estudiantes.

Su código de ética es ejemplar: “Se trata de un movimiento absolutamente apartidista […]. Es ante todo un movimiento pacífico por lo que no debemos incitar violencia (sic) ni agresiones. Respeto ante todo. Respetaremos el espacio público. Nada de basura en la explanada ni daños a nada de lo que haya a nuestro alrededor. Respetaremos las vialidades y el tránsito para demostrar que nosotros no tenemos por qué molestar a los demás para hacernos escuchar”. Impecable…

Ahora bien, más allá de las posibles exigencias y las obligadas expresiones de inconformidad, me llama mucho la atención que buena parte del movimiento esté integrado por estudiantes de unas universidades privadas cuyas demandas, siendo ellos parte del segmento más privilegiado de la población (estamos hablando de que las colegiaturas pueden alcanzar unos 70 mil pesos por semestre), no necesariamente se derivan, como señalan algunos comentaristas al hablar de los jóvenes, de la falta de oportunidades y de las durezas del mercado laboral. Y esto, sin considerar que al grupo se le hayan sumado los alumnos de la UNAM, la UAM y el IPN.

Pero, ¿qué piden? Pues, por lo pronto, “un proceso electoral transparente y claro”, que “el voto sea consciente e informado” y la “democratización de los medios de comunicación”. Tres cosas muy concretas.

Pues bien, es ahí donde a mí me entran algunas dudas. En lo que se refiere a las votaciones, ¿en qué momento ha dejado de ser trasparente el proceso y qué reservas podemos tener respecto a la actuación del IFE, la presencia de observadores de todos los partidos y el hecho de que las elecciones las organicemos nosotros, los ciudadanos? Y, en lo que toca a lo “consciente” que pueda ser el acto de acudir primeramente a votar, algo que en modo alguno es tan evidente en un país con altos índices de abstencionismo, y, luego, expresar preferencias por un candidato particular ¿de qué manera puede influir un movimiento estudiantil para que los votantes sean, por así decirlo, más responsables, más maduros, más instruidos y, supongo yo, menos manipulables? ¿Está en sus manos la formación cívica de los ciudadanos de este país y esto, al vapor, antes del 1º de julio?

Es el tercer punto, sin embargo, el que parece más complicado. Creo, eso sí, que hay que abrir el mercado para que participen más cadenas de televisión. Pero, luego de haber sobrellevado, en mis tiempos, la asfixiante realidad de una televisora —la única que había, además— declaradamente oficialista, no estoy de acuerdo en que Televisa esté, hoy día, al servicio del “sistema”. Y si su candidato es Peña, pues entonces estaría desafiando abiertamente a Calderón, cosa inimaginable en aquellas épocas, las de la llamada “dictadura perfecta”.

En lo que se refiere a la prensa escrita y radiofónica, debemos reconocer que no puede existir mayor pluralidad. ¿Han escuchado el programa El Weso, trasmitido, precisamente, en una estación en la que participa Televisa? ¿Han leído las columnas de Epigmenio Ibarra, de Rosario Robles y de Pablo Gómez en este diario? El periódico Reforma, ¿no sacado a la luz las trapacerías de politicastros de uno y otro bando? Y, en todo caso, la tal “democratización”, ¿implicaría que La Jornada debiera publicar, obligatoriamente, las columnas, digamos, de Luis Pazos?

Lo más llamativo, con todo, es que el movimiento se deriva de un acto de intolerancia. Peña pudo expresarse, es cierto, en la Ibero. Pero si las cosas no hubieran pasado de ahí, nadie hablaría ahora del episodio. Ocurrió, sin embargo, que a la salida le gritaron “asesino” y “cobarde”. “Fuera”, vociferaban. Ésa fue la noticia y ése fue el suceso. Y algunas de las posteriores manifestaciones callejeras han sido de declarado repudio a su figura. De nuevo, un par de preguntas, más allá de que 131 estudiantes que se encontraban ahí se hayan identificado abierta y voluntariamente: ¿no debe participar el candidato del PRI en la contienda? (“¡Asesino, asesino!”). O, inclusive, ¿debe desaparecer el PRI? (“¡Fuera, fuera!”). En todo caso, con manifestaciones o sin ellas, los ciudadanos vamos a votar el 1º de julio. Y, con perdón, habrá un ganador. A alguna gente le gustará. Y a algunos otros, no. Tan sencillo como eso.

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