mayo 20, 2012

¿Seguir al líder?

Fernanda de la Torre (@FernandaT)
fernanda@milenio.com
Neteando con Fernanda
Milenio

El jueves pasado celebramos el Día Mundial del internet, la herramienta de información y comunicación más poderosa con la que contamos en la actualidad. Muestra de ello son las redes sociales, un reflejo de lo ocurre en la sociedad. En cuestión de segundos un solo hashtag nos une sobre cualquier tema de actualidad. Estando en tiempos electorales es lógico que este plagado de opiniones políticas y proselitismo lo cual es muy positivo. Desafortunadamente estas expresiones han aumentado en las redes sociales de manera alarmante generando el odio y la intolerancia. Estas “masas virtuales” siguen una tendencia y pobre de aquel que se atreva a cuestionarlas o disentir, porque es víctima instantánea de descalificaciones, insultos, calumnias y en algunos casos hasta amenazas.

El cuestionarnos, obtener conclusiones propias y ser responsables de ellas es complicado. Resulta mucho más fácil endilgarle la culpa a otro, ser parte de la “masa políticamente correcta” y quedar bien con muchos en vez de ser señalado por diferente y ser víctima de la intolerancia.

Tuve la suerte poder hablar con Marcos Aguinis. Originario de Córdoba, Argentina. Ha publicado novelas, ensayos, cuentos y biografías. Colabora en diversos diarios y revistas de América Latina, EU y Europa. Ha recibido numerosos premios y reconocimientos. Fue Secretario de Cultura de su país. Hombre crítico. Durante la última dictadura la circulación de sus libros fue limitada. En la conversación previa a la entrevista sobre su más reciente novela El joven Trotsky, Marcos reflexionó acerca de las masas y el peligro que éstas representan.

“Los pueblos padecen alienaciones. Durante un tiempo se comenzó a idealizar a las masas, creyendo que por representar una mayoría están siempre buscando y siguiendo a la verdad. Yo interpreto a las masas de una forma distinta. Creo que las masas son una regresión a nuestra etapa zoológica. Los animales andan en masa. Los pájaros en bandadas, los peces en cardúmenes, las ovejas en manadas y siguen al líder que va adelante. Si el líder que va adelante va por buen camino, la manada o el cardumen va bien. Pero si el líder está mal, es un desastre. Y es lo que pasa con los seres humanos. Cuando nos convertimos en masa, perdemos lo más notable de la calidad humana que es la capacidad de pensar, de ser un individuo, de ser diferente a todos los otros, de poder razonar. La alienación es algo que se da muy frecuentemente y que se ve claramente ahora que tenemos información en el mundo moderno”.

Aguinis se pregunta durante la conversación cómo fue posible que Alemania, que era el pueblo más culto de Europa, haya caído a las rodillas de un loco mediocre histérico como Hitler y seguirlo con ese fanatismo, como si fuera una manada de ovejas alienadas. Con tristeza reconoce que esta alienación ocurre también en América Latina y ahora en su país. “Me produce una gran tristeza hablar de esto. Y lo digo con dolor. Pero tengo que denunciarlo, así como denuncié en su tiempo a las dictaduras militares, la presencia de desaparecidos y las aberraciones que cometieron los dictadores. Ahora estoy denunciando las aberraciones que comete un gobierno elegido por el pueblo. La elección no es suficiente para que haya una democracia. Es el primer paso de la democracia, ésta se consolida después de la elección, cuando se respeta el diálogo, se respeta a la oposición y se respeta a la discrepancia. Esto se está perdiendo en Argentina y como consecuencia, está en un un proceso de decadencia, de degradación, muy pronunciada”.

Es imposible negar que en México cojeamos del mismo pie. Estamos muy lejos del diálogo y respeto a la oposición. Dimos el primer paso para la democracia, pero no queremos dar el segundo. El problema es que sin este paso no vamos a poder avanzar. Se vale apasionarse, se vale discutir, pero no se vale la intolerancia y falta de respeto. Ya vimos las fatídicas consecuencias del odio en el 2006, pero parecería que lo olvidamos. Muchas veces se ha mencionado que los pueblos tienen los dirigentes que se merecen. Marcos Aguinis dice que más bien son los dirigentes que se les parecen. La sociedad genera dirigentes que son como ella.

Si queremos un cambio, si queremos avanzar tenemos que es imposible clamar por una democracia si no estamos haciendo nada para respetar la discrepancia, en vez de pensar preferimos ser parte de la masa y dejar de razonar. Más que seguir a un líder, hay que razonar, tener convicciones y seguirnos a nosotros mismos antes que a nadie. En el año 2000 aprendimos que podemos ser democráticos. Vamos por más, demos el segundo paso.

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