mayo 10, 2012

Terror a domicilio

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Antier, en el noticiario estelar de Ciro Gómez Leyva, MILENIO Televisión transmitió el video de la tortura mortal ejercida sobre miembros de la Marina por sicarios de Los Zetas. Los sacrificados aparecieron mutilados bestialmente, uno de ellos de las piernas, con una sierra eléctrica.

MILENIO Diario informó en su edición de ayer que los torturadores homicidas son menores de edad, detenidos, luego de aquellos hechos, en un enfrentamiento a tiros. Uno de los detenidos portaba en el teléfono, o en algún otro dispositivo de grabación, las escenas de su atroz ejercicio.

He disentido antes, y disiento de nuevo ahora con mi casa, MILENIO, y con mis queridos amigos y colegas, Ciro Gómez Leyva y Carlos Marín, sobre la pertinencia periodística, política y moral de exhibir esas imágenes, aduciendo su carácter único como documento de una realidad que no puede soslayarse.

No discuto la fuerza de las imágenes, discuto su pertinencia para un periodismo que no es de nota roja ni quiere serlo, que quiere servir a otras causas además de la de impactar a la audiencia con imágenes salvajes, de tortura y mutilación de personas que son, además, quienes representan la última trinchera de la sociedad contra sus asesinos.

La difusión del hecho no puede sino servir a los criminales en su propósito, bien conocido y documentado, de infundir terror.

Imágenes como las divulgadas por MILENIO aterrorizan a los televidentes por su simple exhibición.

Aterrorizan a las familias de los marinos, soldados y policías que no solo se juegan la vida en su línea de combate, sino que pueden perderla en trances de sadismo y saña prolongados, como los que vimos ayer en la pantalla de MILENIO.

Y aterrorizan, desde luego, a menos que los supongamos de un valor inhumano, a los propios miembros de las fuerzas armadas que libran esta lucha por nosotros.

Los homicidas obtienen, en cambio, lo que buscan frente a sus perseguidores, frente al público y frente a sus rivales, ante quienes quieren presentarse como lo que son: salvajes sin límite a los que hay que temer, con los que vale más no meterse, y a cuya sevicia y brutalidad estamos expuestos.

No sé qué servicio de información, comprensión o conducta útil pueda prestarse al público con la difusión de este ramillete de horrores.

Sé el efecto que ha tenido en mí: efectivamente, aterrorizarme. Y en mi propia casa.

Terror a domicilio.

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