mayo 16, 2012

Un deterioro moral

Lorenzo Servitje S.
Empresario, ex presidente de Grupo Bimbo
Reforma

Algo grave que está sucediendo en México y en el mundo es un deterioro moral en las familias y sobre todo en los jóvenes, que nos debe preocupar.

Un caso reciente que ilustra elocuentemente esto ha sido lo ocurrido en la Gran Bretaña el 6 de agosto de 2011 en la ciudad de Londres que se vio sacudida por violentas manifestaciones callejeras, sobre todo de jóvenes que provocaron destrozos e incendios.

Manifestaciones igualmente violentas se replicaron en distintas ciudades inglesas que dejaron 1723 detenidos, cinco personas muertas, policías heridos y cuantiosos daños materiales.

El primer ministro, David Cameron, regresó de sus vacaciones para hacer frente a la emergencia. Una semana después pronunciaba ante los medios de comunicación uno de sus discursos más emblemáticos en el que intentó encontrar una explicación de las razones profundas de la desconcertante revuelta social.

Para Cameron esto se debió a algo mucho más profundo; a la indiferencia ante lo que es correcto o incorrecto, a gente con un código moral distorsionado, gente con una total ausencia de dominio de sí misma.

Dijo: "Hemos, con demasiada frecuencia, evitado decir lo que es necesario acerca de cualquier cosa, desde el matrimonio hasta al bienestar y la cortesía".

Añadió que estaba en la política para construir una sociedad más fuerte, familias más fuertes, comunidades más fuertes.

En Estados Unidos se decía en los 1990's que los niños estaban siendo educados en una sociedad que rechaza un estándar de la verdad y de la moralidad, de lo que es bueno y de lo que es malo y que la verdad ha venido a ser cuestión de gusto y la moralidad cuestión de preferencia.

Queremos en nuestras niñas y niños admiración, inocencia, ternura... Queremos en nuestras jóvenes y nuestros jóvenes dignidad, virtudes, ideales... Queremos en nuestras familias respeto y responsabilidad de todos, apoyo mutuo, comprensión, afecto... Queremos que se aprecie el valor del matrimonio, la fidelidad de los cónyuges, la consideración de los mayores, los buenos modales, el decoro en el lenguaje...

Hoy esto que queremos se está perdiendo. La vida social está sufriendo un deterioro moral que ya es motivo de seria preocupación. Son manifestaciones de ello la violencia, las adicciones, la deshonestidad, la corrupción y la falta generalizada de respeto a la ley y a la autoridad. Incluso muchas personas ya no se atreven a pronunciar ciertas palabras que tienen una connotación moral y que aun están desapareciendo del lenguaje. Por ejemplo: bien, bondad, buenas costumbres, deber, virtud, nobleza, recato, modestia, vergüenza, pureza, decoro, decencia. Y hasta se rehúye el uso de la palabra "moral" y se prefiere decir "ética".

En Estados Unidos el deterioro moral, sobre todo de los jóvenes, ha llegado a extremos alarmantes. En 1940 los maestros se quejaban de que los alumnos en las clases hablaban sin levantar la mano, masticaban chicle, hacían ruido por los pasillos, se salían de las filas y se vestían inapropiadamente. Hoy se quejan del abuso de la droga y del alcohol, de los embarazos y las violaciones y de los robos.

Valclav Havel, presidente de la República Checa, decía que en todas las esferas de la convivencia humana hay que profundizar en nosotros y en los demás, la fuente de la moral que está en nosotros y por encima de nosotros, y que sin el cultivo integral de ella no se puede crear el respeto indispensable para las reglas de la convivencia.

Y con gran visión Octavio Paz decía: "Cuando la virtud flaquea y nos dominan las pasiones -casi siempre inferiores: la envidia, la vanidad, la avaricia, la lujuria, la pereza- las repúblicas perecen. Cuando ya no podemos dominar nuestros apetitos, estamos listos para ser dominados por el extraño. A medida que la virtud se debilita, crece el río de sangre".

¿A qué se debe esta situación? Se debe, entre otras causas, a la falta de educación moral de los niños y jóvenes, sobre todo en el hogar, a causa de la desintegración de la familia y como consecuencia de ello al debilitamiento de su importante papel de educadora de los hijos. La familia, ese tesoro que los mexicanos apreciamos tanto.

Esta desintegración se debe, en gran parte, al deterioro del matrimonio como institución indispensable para la estabilidad y felicidad de la familia misma. Su crisis se debe, a su vez, entre otras causas, a una corriente generalizada que justifica y aun alienta la relación sexual fuera del matrimonio. Algunas manifestaciones de ello son la promiscuidad, la relación prematrimonial, la unión libre, la infidelidad conyugal y las perversiones.

Hay una influencia creciente de los medios de comunicación en la formación de la manera de pensar y en la conducta de la gente. Existe información de que la familia, en la sociedad clásica, influía en sus valores en un 45% y los medios de comunicación en un 5%. Hoy en la sociedad moderna los porcentajes son 27% y 23%.

Alguien ha dicho que hoy la mayor parte de la formación estética de los jóvenes (canciones, música, baile) se recibe fuera de la escuela y de la familia y también que la comunicación social ha llegado a ser el verdadero foro de la educación moral. Con frecuencia nos quejamos del ambiente de inseguridad, bajeza y corrupción que nos rodea, pero debemos preguntarnos si esto no se debe a esta descomposición de la fibra moral de las personas, que a su vez ocasiona la destrucción misma del tejido social.

Además hay que tener en cuenta un fenómeno actual que es lo que está sucediendo por el indudable éxito que están teniendo las llamadas redes sociales en los adolescentes y debemos preguntarnos por qué les atraen tanto.

Hay varias razones: porque les permite desarrollar muchísimas tareas al mismo tiempo. Porque les permite ampliar las áreas de conocimiento mutuo. Porque crean espacios de intimidad y privacidad. Porque les facilita cómo presentarse en público y sentirse diferentes. Y porque les permite el acceso a fuentes muy diversas.

Manuel Villalobos de Social Media ha dicho que por otra parte todo esto tiene riesgos, como la mala gestión del tiempo y la superficialidad; la poca profundidad de los mensajes generados; una gestión cerrada al consejo de los padres; y finalmente el que busquen en las redes o Internet respuestas a sus inquietudes más íntimas en lugar de buscarlas en sus padres o personas formadas.

Todo es parte de la compleja situación de deterioro moral de la sociedad que hemos descrito.

Todos aspiramos a vivir una vida digna, pacífica y civilizada. A la humanidad le ha costado mucho salir de la barbarie. Todos tenemos la responsabilidad de esforzarnos para no regresar a ella. Hace falta una verdadera renovación moral.

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