junio 30, 2012

El fraude

Jaime Sánchez Susarrey (@SanchezSusarrey)
Reforma

Los rumores y la descalificación del proceso electoral resuenan de nuevo. En los círculos cercanos a AMLO se habla no del fraude que vendrá, sino del fraude que ya está en marcha

El 19 de mayo de 1974, Valery Giscard d'Estaing se impuso sobre François Mitterrand por una mínima diferencia: 1.26 por ciento. El candidato del Partido Socialista Francés aceptó la derrota y jamás denunció la existencia de un fraude electoral. Siete años después, Mitterrand derrotó a Giscard d'Estaing y se convirtió en el primer presidente socialista de la posguerra.

El 18 de septiembre de 2005, Angela Merkel venció a su contrincante socialdemócrata por un solo punto (35.2 por ciento versus 34.2 por ciento). Los integrantes del Partido Socialdemócrata no sólo no impugnaron los resultados, sino acordaron formar gobierno con la Unión Demócrata Cristiana y la Unión Social Cristiana, y Merkel fue elegida canciller.

El pasado 17 de junio, los griegos fueron a las urnas para decidir si continuaban o no en la Comunidad Económica Europea. Alexis Tsipras, candi- dato de la izquierda (Syriza), obtuvo 26.89 por ciento versus 29.66 por ciento de Antonis Samaras, de Nueva Democracia. La diferencia fue de 2.77 por ciento. No hubo impugnaciones ni denuncia de fraude.

La mañana del 2 de julio de 2006 nadie hablaba de fraude electoral. Horacio Duarte, representante ante el IFE de la coalición que apoyaba a López Obrador, manifestó: "Estamos convencidos de que el día de hoy a las 8 de la noche, cuando cierre la última casilla de nuestro país, los ciudadanos habrán de estar levantando la V, la V de la victoria, la victoria de los ciudadanos. Es la hora de México, es la hora de los ciudadanos y a eso nos atenemos en la Coalición por el Bien de Todos".

No hubo en su discurso ninguna queja ni denuncia de irregularidades. No habló de inequidad en la contienda ni se refirió a la compra o coacción del voto. Y no tenía razones para hacerlo. Porque Televisa, durante cinco largos años, había dado una cobertura sin precedente a López Obrador. Todas las mañanas las conferencias del jefe de Gobierno eran transmitidas y fijaban la agenda del día.

La denuncia de un gran fraude empezó hasta la tarde del 3 de julio. López Obrador denunció la pérdida de 3 millones de votos. La mentira era mayúscula. Pero había sido precedida por otra cifra igualmente falsa: los conteos rápidos le otorgaban, según él, una ventaja de 500 mil votos.

Lo que vino después fue una feria de delirios y disparates. Se habló de un algoritmo (una fórmula en la computadora) que alteraba el conteo del PREP a favor de Felipe Calderón. Y luego se denunció un fraude a la antigüita mostrando un solo video que resultó completamente falso.

Ahora, a seis años de distancia, los rumores y la descalificación del proceso electoral resuenan de nuevo. En los círculos cercanos a AMLO se habla no del fraude que vendrá, sino del fraude que ya está en marcha. Un académico "de altos vuelos" presenta pruebas tan contundentes como la confabulación de Peña, Televisa y los gobernadores priistas.

Y esto sin mencionar la consigna del sector más cercano al perredismo del movimiento #YoSoy132: "si hay imposición, habrá revolución", que se traduce en una tesis muy simple: si pierde AMLO y gana Peña, hay imposición. ¿La prueba? El hecho mismo. Para ellos es una verdad evidente que no necesita demostración. Pero, ¿qué es lo que está fallando? ¿El andamiaje democrático? ¿Las leyes y las instituciones de Francia, Alemania y Grecia son infinitamente superiores a las mexicanas? ¿Es por eso que estamos atrapados y nos encaminamos hacia otro conflicto poselectoral?

No, no es el caso. El andamiaje democrático es muy sólido. Enumero: un IFE autónomo. Ciudadanización de las elecciones: personas comunes y corrientes organizan y cuentan los votos en las casillas. Un padrón confiable. Credencial con fotografía. Presencia de los partidos en todas las casillas e instancias electorales. Equidad en la contienda, tanto en recursos como tiempo en medios electrónicos.

Y añado la prueba de fuego: la alternancia. En 1997, el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados y reconoció la victoria de Cárdenas en el DF. En 2000, Vicente Fox obtuvo la victoria y el PRI reconoció sin chistar su derrota. En 2003, el PAN no obtuvo la mayoría en la elección intermedia. Y en 2009 volvió a ocurrir lo mismo.

Pero además, todo indica que mañana el PAN perderá la elección presidencial y algunos estados donde lleva sexenios gobernando. Y no hay ni la más remota sospecha o evidencia de que el gobierno de la República o los gobernadores panistas vayan a desconocer los resultados de las elecciones.

Así que no hay que hacerse bolas. La prueba de fuego del temple democrático de un partido, político o gobierno está en reconocer la derrota y ajustarse al resultado de las urnas. Esto es lo que pasa en todos los países democráticos. Por eso no hay conflictos poselectorales.

En México, el PRI y el PAN han acreditado fehacientemente su apego a este principio. Porque de no haber sido así, el PAN no habría alcanzado la Presidencia de la República democráticamente y ahora intentaría mantenerse en el poder por cualquier medio.

El conflicto poselectoral que se avecina, como el de 2006, no es consecuencia de la falta de cultura cívica de la ciudadanía. Es consecuencia de una "izquierda" que es incapaz de reconocer sus derrotas. Pero sobre todo es consecuencia de Andrés Manuel López Obrador.

A final de cuentas, él ha sido el principal instigador y promotor del conflicto poselectoral. Lo fue en 2006 y lo está siendo otra vez. De ahí que cause risa que los perredistas espanten con el petate del muerto del autoritarismo priista, cuando tienen a su Ilustrísima en su propia casa.

La prueba de fuego de un demócrata está en reconocer la derrota y AMLO jamás la ha pasado.

junio 29, 2012

Mariguana, banana y mucha hipocresía

Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

En los últimos ocho días, tres noticias del Cono Sur han logrado meter ruido en el atronador concierto electoral que ensordece a México.

La primera saltó el jueves de la semana pasada. El gobierno de José Mujica anunciaba que estaba redactando una ley con carácter de urgencia para que el Estado tenga el control de la producción y distribución de la mariguana.

La segunda ocurrió el día después en Asunción, donde los dos grandes partidos paraguayos —el Colorado y el Liberal— conspiraron para echar del poder al presidente Fernando Lugo, y lo lograron mediante una votación sumarísima en el Senado, en la que el jefe de Estado no tuvo posibilidad de defensa.

La tercera llegó el lunes desde Argentina. El gobierno de Cristina Fernández anunciaba unilateralmente que había decidido incumplir el acuerdo automotriz que había suscrito en su día con México. La excusa no pudo ser más convenenciera: como el pacto resultó ser deficitario para Argentina, ya no interesaba importar automóviles mexicanos.

En el caso de la intención de Mujica de despenalizar la mariguana, el anuncio generó una cascada de reacciones, desde estupor hasta admiración por su valentía y audacia. El viejo ex guerrillero justificó su sorprendente decisión señalando lo que ningún gobernante se ha atrevido a decir: “Alguien tiene que ser el primero”. Al menos no ha querido ser tan hipócrita como otros colegas de la región, como el brasileño Cardoso, el colombiano Gaviria o el mexicano Zedillo, que sólo se atrevieron a reconocer que la lucha contra las drogas es un completo fracaso cuando dejaron el cargo.

Mujica explicó su decisión de una manera sorprendentemente sencilla y a la vez absolutamente lógica. En el tiempo que lleva gobernando, dijo que había comprobado que el aumento creciente de uruguayos adictos a la cocaína era debido a que los que suministraban la mariguana en la calle vendían también cocaína, por lo que, tarde o temprano, el fumador de hierba se animaría a probar el polvo blanco. ¿Cómo resolver este problema? Fácil; arrebatando a los narcos el control de la producción y la distribución de la mariguana, para que sea el propio Estado el que lo haga. De esta manera se conseguiría, primero, apartar al consumidor de mariguana de la peligrosa cocaína, y segundo, asestar un duro golpe a los criminales, que perderían así un nicho de mercado importantísimo.

Mujica está tan convencido de que la “errónea guerra que declaró Nixon hace 40 años ha sido ganada por los narcos” que quiere actuar cuanto antes. En tres meses pretende que Uruguay sea el primer país con campos de cultivo legales de mariguana.

La reacción internacional no se hizo esperar. La Oficina de la ONU contra las Drogas y el Delito advirtió a Uruguay que si legaliza la mariguana “sería una violación a la Convención contra el Narcotráfico, de la que Uruguay es signatario”. Si así responde la siempre cautelosa ONU, imagínense la reacción de Estados Unidos.

Mientras esperamos que la DEA vierta furibundas amenazas contra Uruguay, sobre la crisis paraguaya la reacción de Hugo Chávez a la destitución de su aliado Lugo ha sido tan rápida e injusta como lo fue la destitución del ex obispo: el presidente venezolano ordenó castigar a Paraguay cortando en seco el suministro de petróleo. Tantos años repudiando al “imperialismo yanqui”, porque impone un cruel embargo a la población cubana, y ahora resulta que él hace lo mismo, a sabiendas de que golpeará duramente a la empobrecida población paraguaya. En fin, que el intenso olor a hierba que llega de Uruguay (de mate, de la otra todavía está por ver) se mezcla estos días con el tufo a banana podrida, propio de esas repúblicas donde parece imposible que avance una democracia sin sobresaltos.

Y finalmente llegó Cristina Fernández con la última de sus ocurrencias. La presidenta argentina está convencida que la mejor manera de tapar los fracasos del modelo de economía kirchnerista es violando acuerdos internacionales o expropiando directamente a multinacionales. Ya se han visto perjudicados por esta política EU y España, y ahora le ha tocado el turno a México. A estas alturas es inútil subrayar que la presidenta argentina gobierna a base de sobredosis de soberbia, populismo y demagogia; por eso mejor “disfrutemos” de extractos del discurso que dio en el Senado de México en mayo del año pasado y saquen sus propias conclusiones: “Querido Felipe [se entiende que Calderón], nunca hubo [como ahora] un grado de relación tan profundo y tan cordial entre México y Argentina (…) Cómo ha crecido nuestro comercio, pero sin embargo debe crecer aún más porque las posibilidades de articulación entre Argentina y México no tienen techo, fundamentalmente porque integramos esta región de Latinoamérica llamada a tener un papel preponderante en el siglo XXI, no solo porque se han modificado los términos de intercambio comercial, que históricamente parecía que, casi como una maldición gitana, nos condenaban a los países emergentes al atraso y al subdesarrollo, sino porque además creo que nuestra región, libre de enfrentamientos ideológicos, ofrece realmente oportunidades de integración”.

Una de tres: o Cristina miente descaradamente, o es una hipócrita o cualquiera sospecharía que se la pasa fumando esa hierba que Mujica quiere legalizar.

Por qué es importante esta elección

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Hace justamente 15 años el Partido Revolucionario Institucional perdió la mayoría en la Cámara de Diputados. Con eso, el régimen que había gobernado México durante casi todo el siglo XX se derrumbó. El presidente dejó de ser la piedra angular del sistema político, las corporaciones se independizaron y transformaron en los “poderes fácticos”, como se les dice ahora, pero el sustrato cultural, el gran éxito del régimen, se mantuvo intacto: el mito de la Revolución Mexicana no había muerto.

En estos 15 años, México ha tenido una gran cantidad de avances: estabilidad económica, que ha significado poder de compra para todos (más de 6 millones de familias han adquirido vivienda, automóvil y electrodomésticos en estos años); libertad de pensamiento, opinión y prensa como no se conocía; poco crecimiento, pero suficiente para mantener a México en los primeros lugares de América Latina y reducir la pobreza, incluso después de las dos grandes crisis externas, la de precios de 2007 y la financiera de 2008.

Pero todos esos avances no compensan la falta de rumbo. En estos 15 años no hubo la decisión necesaria para transformar la narrativa, para enfrentar el mito. Ante la disonancia, los mexicanos se angustian y prefieren regresar a lo conocido. Mientras que de 1997 a 2009 el voto por los partidos políticos de la Revolución se fue reduciendo, en los últimos años su recuperación ha sido muy importante. Es el miedo a la libertad es el conflicto entre la creencia y la evidencia.

Este domingo los mexicanos decidiremos si continuamos por el camino de los gobiernos divididos, con contrapesos reales, o regresamos al carro completo. A diferencia de muchos colegas, estoy convencido de que un partido político con la mayoría en ambas cámaras del Congreso y con amplia experiencia en controlar elecciones, demostrada año tras año en las entidades federativas, es una restauración del viejo régimen. No digo, como la broma que circulaba en las redes sociales, que este domingo hay cambio de horario y hay que ajustar el reloj, retrasándolo 70 años. Pero tampoco veo solidez en las instituciones que hemos construido en estos años para enfrentar al autoritarismo.

Por eso, este domingo, más que nunca, es de la mayor importancia ir a votar. Participar en la decisión que tomaremos los mexicanos acerca de si seguimos por este camino o nos regresamos a lo conocido. Vaya a votar.

La alegría de vivir en democracia

Clara Scherer
claschca@hotmail.com
Licenciada en pedagogía
y especialista en estudios de género
Excélsior

Para las mujeres, sí que es una gran fiesta la que se aproxima. El próximo 1 de julio, en unos cuantos días, muchas candidatas obtendrán el triunfo. ¿Cuántas? Lo sabremos por la noche. Por primera vez en México las mujeres candidatas han sido más de mil: el 40% del total de candidaturas para la Cámara de Diputados y para el Senado. Y todas ellas, lo sabemos, han puesto un gran empeño en conseguir el triunfo. Algunas no lo obtendrán, pero la satisfacción y la experiencia vivida nadie se las quita. Hemos avanzado un gran paso.

Tiempos hubo que ni el derecho a la expresión teníamos, y aún muchos dicen a las mujeres una y otra vez: ¡Cállate! Tiempos hubo en que las niñas no podían ir a la escuela. Todavía hoy, en algunos hogares, se piensa que es mejor que los niños estudien y que ellas se queden cuidando el hogar. La pobreza obliga a optimizar recursos y se cree que la inversión en las mujeres es “como regar el jardín del vecino”, ¡porque se van a casar!

Afortunadamente, la cultura está cambiando, nuestras costumbres, también. Pero el futuro más próximo nos advierte que las mujeres llegarán a cargos de toma de decisiones para seguir en la ruta de mejorar la democracia y, con ella, la calidad de la vida de todos y todas. No es varita mágica. Hace falta esforzarnos y especialmente este domingo la tolerancia debe ser una virtud que nos conmine a esperar y respetar los resultados.

Las mexicanas y los mexicanos lo merecemos. Estamos empeñados en tener una convivencia civilizada donde el respeto a la otra, al otro, debe ser regla de oro para salvaguardar nuestra dignidad y no buscar más motivos de encono entre nosotras/os.

Seguramente este domingo estaremos cumpliendo con una de las metas que México se comprometió ante el mundo: tener más de 30% de mujeres en el Congreso federal. Y muchas de ellas llegarán mejor preparadas y con mucho más apoyo de la sociedad, por lo que debemos exigirles un mucho mejor trabajo. No deben olvidar que aún las brechas de desigualdad de género hacen que la pobreza sea mucho más numerosa y mucho más difícil de abatir para las mujeres.

Las cuotas de género, que a tantas personas no gustan, están demostrando su eficacia. La historia de los países tiene un gran peso en las conciencias ciudadanas. En 50 años, desde aquel 17 de octubre de 1953, las mujeres que llegaron al Congreso lo hicieron venciendo una multitud de obstáculos, pero el más fuerte fue el de la costumbre. Nadie imaginaba en 1940 que una mujer podía estar legislando. Cincuenta años después de aquel octubre del 53, sólo un triste 10% de mujeres había podido derribar la costumbre de elegir a hombres.

A partir de esta elección, cada vez habrá más mujeres buscando estar en ese lugar: el Congreso de la Unión, y estará a la vista de todas y todos que sí, que las mujeres somos iguales y valemos lo mismo que los hombres. Nuestras capacidades, nuestro talento abonará a un mejor desarrollo, porque estará encaminado a hacer valer los derechos a los que todas/os tenemos derecho. Enhorabuena para las que triunfen.


El voto de la estabilidad

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Las campañas electorales han concluido. A los candidatos, a los partidos políticos y a la ciudadanía sólo nos cabe ejercer el voto, desear que sea lo más masivo posible y esperar los resultados. No creo ni en el voto razonado ni en el voto útil ni en el voto en blanco: creo en la decisión de votar, en tener la convicción de que debemos optar, cada uno en lo individual, por quien consideremos, en cada una de las instancias que estarán a decisión este domingo, el mejor. Obviamente mi voto será un voto cruzado: estoy convencido de que hay políticos y aspirantes mejores que otros, que el sistema de partidos no reemplaza, aún, esa capacidad que podemos tener para elegir a los mejores, independientemente de que sean candidatos del PRI, del PAN, del PRD, de cualquiera de los partidos pequeños. Yo, por lo pronto, votaré por quienes considere los mejores y esos se distribuyen en distintas fuerzas políticas.

Había tres fantasmas en esta campaña: el fantasma de la violencia, como ocurrió en varias oportunidades pero en forma notable en 1994; el fantasma de la crisis económica y el fantasma de la ingobernabilidad. Ninguno de los tres se presentó. Por supuesto que hay violencia en el país y ha habido casos en el ámbito local, donde ha habido desde presiones hasta secuestros y muerte de algunos aspirantes. También es verdad que la violencia se asomó en algunos actos de Peña Nieto y en menor medida de Josefina. También que los señores del SME cerraron, por decirlo de alguna manera, su peculiar campaña electoral montando toda una provocación frente a la Secretaría de Gobernación. Pero la violencia no estuvo en la campaña electoral: ninguno de sus candidatos o sus principales operadores la sufrieron o la ejercieron. La campaña, hasta hoy, ha tenido prácticamente un saldo blanco. Y de eso debemos felicitarnos todos.

Tampoco se presentó el fantasma de la crisis. El mundo, lo sabemos, está viviendo desde septiembre de 2008 una crisis económica y financiera de impredecibles consecuencias. En estos meses, sobre todo Europa, se ha visto azotada por una recesión con enormes costos sociales y políticos. Estados Unidos apenas comienza a recuperarse. Los llamados BRIC (Brasil, Rusia, India y China) no han podido mantener sus tasas de crecimiento y los alcanzó su propio fantasma: no se puede pensar en el desarrollo sin disminuir la enorme desigualdad en la que viven sus pueblos. México ante todo esto ha tenido un comportamiento económico ejemplar: llevamos 29 meses consecutivos de crecimiento económico; las reservas están en su nivel más alto en la historia; la inflación está controlada, como también el desempleo; las tasas de interés se encuentran en un nivel muy aceptable y, si bien no sobra el crédito, el mismo está accesible para quien lo necesite; el campo y el turismo, a pesar de lo que se dijo en algunos spots electorales, han tenido un superávit histórico. Hacer una campaña en la estabilidad económica es muy diferente a hacerla en medio de una crisis galopante. Que el precio del dólar tenga tendencia a la baja a unas horas de las elecciones y que en la Bolsa no haya habido un movimiento abrupto por causas políticas o electorales es una buena demostración de ello. Hay que votar por la estabilidad.

Eso es lo que ha permitido otro de los logros ignorados de esta campaña: por lo menos tres de los cuatro aspirantes (incluso podríamos decir tres y medio si nos basamos en las propuestas programáticas) están de acuerdo en que se debe implementar una reforma energética, una fiscal, una laboral, que permitan potenciar esa estabilidad con un programa de crecimiento. No descarte usted que, si no hay sorpresas electorales, esas reformas se puedan procesar, incluso, entre septiembre y el primero de diciembre, antes de que asuma el nuevo gobierno.

Tampoco tuvimos, en ningún sentido, ingobernabilidad. Ni la presencia del crimen organizado en varios estados ni las dificultades que plantea el proceso electoral distorsionaron el mismo. La reunión del G20 en Los Cabos, con la asistencia de jefes de Estado de todo el mundo, en la que México resultó ser un buen interlocutor e intermediario de muchas naciones, es otro buen ejemplo.

El presidente Felipe Calderón no estuvo en las campañas. Nadie puede decir, probándolo, que el presidente Calderón tuvo un intervencionismo público a lo largo de estos meses. En ese sentido me parece que la suya fue una actitud profesional y democrática. Y debe ser valorada como tal. Y en buena medida gracias a eso se pudo mantener la gobernabilidad.

Llegamos al 1 de julio sin violencia en las elecciones, sin crisis económica y con estabilidad, sin rasgos de ingobernabilidad. Es la primera vez que ello ocurre (quizás con la excepción, relativa, de 2000) desde que la democracia mexicana puede llamarse así. Deberíamos felicitarnos por ello. Y la mejor forma de hacerlo es ejercer nuestro derecho y nuestra obligación de votar el próximo domingo.

Firman candidatos presidenciales Compromiso de Civilidad



La agresión a Marín

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

No quisiera pasar por alto la agresión de que fue víctima Carlos Marín, director de este diario, de parte de varios seguidores del candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador.

Lo identificaron en las calles de la Ciudad de México, por fortuna cerca del periódico MILENIO al que iba a trabajar, y lo fueron insultando varias cuadras, amagándolo físicamente, hasta el punto de escupirle.

Marín ha sido víctima durante mucho tiempo de un infamante acoso verbal en las redes sociales lopezobradoristas. Él mismo se ha encargado de leer muchos de esos ataques, en su programa de MILENIO Televisión, Asalto a la razón, y de responderlos con invencible humor.

Antier, algunos émulos de las pandillas que acosan a Marín en las redes se le aparecieron en la calle, saltaron del espacio virtual al real, y pudimos ver lo que hay tras la violencia virtual de sus palabras: la violencia efectiva de sus actos.

Este es el hecho de antier: los insultos y la intimidación cruzaron de las redes intangibles del tuit, a las calles de la Ciudad de México, pasaron del espacio virtual al espacio público, de la agresión verbal a la agresión física. Marín no es el único periodista al que persiguen por sus opiniones las redes sociales del candidato de la izquierda. Digo “persiguen” porque eso es: el marcaje personal ejercido sobre la tarea de un periodista para infamarlo por sus escritos y sus opiniones. Ejerce la persecución un circuito de tuiteros por lo general anónimos, pero claramente identificados con una causa.

Los dirigentes de la causa que inspira los circuitos de acoso, en primerísimo lugar el propio López Obrador, deberían desautorizar públicamente tales actitudes, deslindarse plenamente de ellas, pues se trata de una violencia en los tuits que, como demuestra el caso de Marín, puede ser la antesala de una violencia en los hechos. La violencia verbal suele anteceder a la violencia física. A menudo la convoca.

Marín no es el único periodista que ha sido amenazado, insultado e infamado en las redes sociales por sus opiniones y su trabajo periodístico. Hay muchos otros, y también una buena lista de intelectuales, escritores y académicos.

Hay que terminar con esta otra forma de acoso sistemático a la libertad de expresión que han adquirido las expresiones de odio en las redes sociales. No hay que dejarlas pasar, porque pasan... a los hechos.

junio 28, 2012

Obradorlandia

Francisco Garfias (@panchogarfias)
www.elarsenal.net
Arsenal
Excélsior

Terminaron las campañas. Las expresiones de alivio se multiplicaron. Dos palabras que se escucharon repetidamente ayer hacen evidente el hartazgo ciudadano: ¡Qué bueno!

Fueron 90 días de intenso bombardeo en los medios de comunicación. No habrá más spots de candidatos. No más discursos para enlodar al otro o prometer el paraíso. No más sondeos de opinión.

Entramos en un periodo de reflexión del voto de 72 horas. El domingo por la noche sabremos el nombre del próximo presidente. Leonardo Valdés, consejero presidente del IFE, promete resultados a las 23:45 horas, sin importar el margen.

Todas las encuestas —hasta Covarrubias y Asociados— colocan al candidato de la coalición PRI-PVEM, Enrique Peña Nieto, como puntero en las preferencias electorales.

Pero El Peje las descalifica y repite que tiene una que lo pone tres puntos arriba. Hasta anticipa que su ventaja “se va a ampliar” el primero de julio. ¿Qué encuesta? ¿Quién la hizo? ¿A cuánta gente? ¿Qué metodología se utilizó? Misterio.

Ojalá la tregua dure. El fantasma del conflicto poselectoral nos amenaza. Los cuatro candidatos firmarán un pacto de civilidad este jueves, en el IFE. Pero un papel no garantiza que se reconozcan los resultados oficiales y menos cuando repetidamente se anticipa un fraude. Puro rollo mediático. La ley los obliga a comportarse civilizadamente.

Andrés Manuel López Obrador cerró campaña en el Zócalo. Fue su mejor acto. Movilizó más que ningún otro candidato en la Ciudad de México.

Eran ríos de gente. Una multitud incalculable. Muchos ni siquiera pudieron llegar a la Plaza de la Constitución. No había cupo. Se quedaron en las calles aledañas.

El grito más escuchado en la marcha y en el mitin: “¡Pre-si-dente..!, ¡pre-si-dente..!” El clásico: “Es un honor estar con Obrador…” El grosero: “¡Detrás del copetón, está el puto pelón..!”

Larguísimo discurso. Casi una hora. Reapareció Obradorlandia, un lugar sin pobres, sin grupos marginados, con mejores salarios, sin inflación, con gasolina barata y con un crecimiento anual de seis por ciento. Pero también sin monopolios, sin rechazados en las universidades, sin violencia, sin funcionarios corruptos.

Magia. No subirá impuestos ni se endeudará para hacer realidad las promesas de campaña. No habrá guerra al narco. “El mal —aseguro— no se combate con el mal”, y sí tranquilidad ciudadana.

En el país del Peje basta una administración honesta, acompañada de la baja de salarios de la alta burocracia y la erradicación de los privilegios fiscales para alcanzar las metas trazadas.

Las cuentas alegres, pues.

Está claro que el tabasqueño no tiene la menor intención de irse a La Chingada (hablamos de su finca, por supuesto) si los resultados oficiales no le favorecen.

Destacó la presencia de Cuauhtémoc Cárdenas. Andrés Manuel lo agradeció en su discurso, a pesar de que poco se vio al ingeniero en la campaña del Peje. La relación no ha sido buena. Ni con él ni con Lázaro, el ex gobernador de Michoacán.

El distanciamiento quedó evidenciado cuando el fundador del PRD asistió a la apertura de la campaña de Miguel Mancera. La nota entonces fue que ni siquiera mencionó al tabasqueño.

Aquel día invitó a los ciudadanos a celebrar el triunfo la noche del domingo primero de julio, pero del candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de México quien, según las encuestas, tendrá un día de campo en esa fecha.

Su ventaja es mayor que la de Peña Nieto. ¿Será que no creía en la victoria de AMLO?

El último mitin de Peña fue en la Macroplaza de Monterrey. Ocasión para expresar lo que, a todas luces, le preocupa: que no se reconozcan los resultados oficiales. Pidió a partidos y candidatos una actitud seria, madura y responsable. Josefina lo hizo en Guadalajara. Prometió ser la “sorpresa”. Las encuestas la colocan en tercer lugar, pero ella se siente “más fuerte que nunca” y en espera de la única encuesta que cuenta.

En la SEP celebran la evaluación de la carrera magisterial como si hubiesen ganado la Copa del Mundo. Presume el secretario José Ángel Córdova que nunca antes se había tenido una participación de 73% global. El proceso se completará el próximo 6 de julio, cuando los maestros de primaria que no están inscritos en carrera magisterial se presenten a la evaluación. Los resultados se darán a conocer en septiembre próximo.

Creo en México

Rafael Álvarez Cordero
raalvare2009@hotmail.com
Médico y escritor
Excélsior

No votaré por el pasado, votaré por el futuro; no votaré por la mediocridad, votaré por la eficiencia; no votaré por el rencor, votaré por la armonía.

NUEVA YORK.— Creo en México, no en el México de la violencia, de la corrupción y la impunidad, creo en el México que ha luchado por siglos para ser un país digno y amable para vivir. Al igual que usted, estimado lector, creo en México, no en sus malos políticos, en sus malos dirigentes o sus malos funcionarios, sino en los millones de mexicanos que trabajan cada día para forjarse una vida mejor, en los millones de hombres que se levantan temprano para llevar el sustento a su casa, en los millones de mujeres que trabajan doble, porque son amas de casa, jefas de familia y además trabajan para vivir. Creo en los millones de campesinos y agricultores que sufren estoicamente las sequías y las inundaciones. Creo en los profesores que enseñan, en los médicos que curan, en las enfermeras que se desvelan por sus pacientes, en el comerciante que abre puntualmente su tienda, en el obrero que hace bien su trabajo, en el albañil que construye rascacielos o pavimenta carreteras, en todos los compatriotas que buscan cada día una vida mejor.

Creo en México, ese México que se sacudió de la dependencia de la Colonia y ha buscado durante 200 años ser lo que merece ser. Creo en ese México que ha superado día con día las agresiones del exterior y los saqueos del interior. Creo en ese México que tiene vocación de democracia y anhela dejar atrás las luchas fratricidas de la Independencia y la Revolución, y las siniestras y mortales luchas por el poder en el el siglo XX.

Creo en ese México que puede llegar a ser lo que siempre hemos soñado, ya que tiene todo para ser un país con democracia plena, en el que todos tengamos voz, donde sepamos hablar, pero sobre todo escuchar, en el que haya adversarios, pero no enemigos irreconciliables.

Los mexicanos hemos transitado un largo camino para tener, como tendremos en unos días, unas elecciones competidas, sí, pero pacíficas, respetuosas y respetables.

Creo en México y por eso voy a votar. No votaré por el pasado, votaré por el futuro. No votaré por la mediocridad, votaré por la eficiencia. No votaré por el rencor, votaré por la armonía.

En estas semanas en que la lucha electoral fue más recia y más tensa, pienso en el México que quiero dejar a mis hijos y a mis nietos, y por eso voy a votar.

Como es de esperarse, en estos últimos días se mezclan verdades con mentiras y los rumores quieren oscurecer el panorama político y ocultar la verdad, por eso quiero que mi voto cuente y sea la cienmillonésima parte de la mejor decisión por el futuro del país.

Creo en México, soy optimista. Algunos amigos me dicen una y otra vez que soy “patológicamente optimista”. Yo no lo creo, porque si miro hacia atrás, me entusiasma porque hemos avanzado y, si miro hacia adelante, me entusiasma porque tenemos aún mucho por avanzar.

Creo en México, regresaré a tiempo para votar, como creo que usted lo hará, estimado lector, porque estoy seguro de que usted, como millones de compatriotas, quiere que todos vivamos en concordia.

Concordia…, hermosa palabra. ¿Se imagina usted a cien millones de corazones latiendo juntos por el bien del país?

Cavilaciones paranoicas sobre el día D

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

En la izquierda existe la certeza, más o menos generalizada, de que el 1 de julio habrá un fraude inducido por la compra o la coacción del voto. También, de que la elección ha sido decidida de antemano por el contubernio de Televisa con Peña Nieto, y se trata de una imposición.

Fuera de la izquierda hay también una certeza más o menos generalizada: que López Obrador no aceptará el veredicto en las urnas y repetirá la protesta del 2006, solo que adelantada: una protesta que empezará el mismo día de la elección.

Oigo y leo sin parar augurios en este sentido, e incluso descripciones puntuales de lo que puede suceder. Lo que sigue es un recuento de esas cavilaciones, paranoicas si se quiere, pero muy vivas en la imaginación de muchos, camino al Día D.

Resumo en seis puntos lo escuchado sobre lo que hará la izquierda ese día.

1. Plantear al IFE demandas imposibles de cumplir para poder alegar desde el principio falta de transparencia. Por ejemplo: que los miembros de YoSoy132 sean aceptados como observadores electorales aunque lo solicitaron extemporáneamente, que les permitan estar presentes en el cómputo electoral y tener acceso a las bases de datos de ese conteo, que haya miembros de ese movimiento en cada consejo distrital como observadores del PREP y en las deliberaciones de la publicación del conteo rápido del IFE. Todas estas cosas son imposibles física o legalmente.

2. Retrasar el proceso electoral en las casillas favorables a otros contendientes, mediante diversas astucias: retrasar su instalación, multiplicar las impugnaciones escritas, retrasar el conteo de los votos exigiendo repetidos recuentos. Todo esto con el doble objetivo de impedir que se cumplan los horarios previstos (al punto de que no se den ese día los resultados del conteo rápido) y hacer que López Obrador arranque adelante en el PREP, porque han llegado más votos suyos que los de otros.

3. Que los representantes de la izquierda en las casillas no firmen suficientes actas (25%) como para poder pedir la anulación de la elección por irregularidades sistemáticas.

4. Interceptar el traslado de los votos y las actas correspondientes a los consejos distritales del IFE para interrumpir el flujo de la información y/o alegar robo de urnas.

5. Tomar las instalaciones de las Juntas Ejecutivas del IFE en los estados y las instalaciones del IFE en la Ciudad de México.

6. Desconocer el proceso electoral antes de los conteos rápidos o el anuncio oficial de los resultados por el IFE.

¿Paranoias? ¿Anticipaciones?

junio 27, 2012

No hubo ni habrá fraude

Rubén Aguilar (@RubenAguilar)
Consultor y profesor de la Universidad Iberoamericana
raguilar@eleconomista.com.mx
El Economista


El Presidente Vicente Fox (2000-2006), en el marco de la veda comunicacional impuesta por el proceso electoral, se reunió en privado con una decena de medios, unas semanas antes de la elección presidencial del 2006. Los encuentros, celebrados en Los Pinos, sólo tenían el propósito de escuchar cómo los periodistas y académicos veían la elección. En ese grupo se encontraba la revista Nexos.

En la reunión José Woldenberg, en ese momento Director de la revista, y Héctor Aguilar Camín, uno de sus fundadores, plantearon al Presidente que la decisión del Consejo General del IFE de no dar a conocer, la noche de la elección, el resultado del conteo rápido si éste registraba una diferencia menor a 1% entre el primero y el segundo lugar, daría lugar a la desconfianza sobre el proceso y provocaría conflictos.

Woldenberg y Aguilar Camín recomendaron al Presidente que vía el Secretario de Gobernación, que era Carlos Abascal, se hablara con el Presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, para ver si era posible revertir esa decisión, que anunciaba tensiones y problemas. Abascal habló a Ugalde y éste le dijo que no estaba en sus manos dar marcha atrás a ese acuerdo del Consejo General, la máxima autoridad de la institución.

En Los Pinos, el día de la elección, se instalaron 10 pantallas donde se podía ver el resultado de las encuestas de salida. Las empresas que lo realizaron hicieron dos cortes ese día. Al final de la jornada, los números de todas coincidían y se movían en el rango de 0.40 y 0.60% de diferencia entre el primero y el segundo lugar. El mismo número que arrojó el conteo rápido del IFE, que no se dio a conocer, y coincidió con el resultado final de la elección que fue 0.52 por ciento.

El Consejo General del IFE aprobó que en la elección del próximo domingo se informe el resultado del conteo rápido, que estará listo hacia las 9 de la noche.

Éste con un alto nivel de certeza dirá quién es el ganador de la elección. No es el dato oficial, que se obtendrá en la noche del lunes 2 de julio, cuando termine de operar el PREP, ya con 98% de las casillas computadas, que será, no hay duda, el mismo que arrojó el conteo rápido el día anterior.

Ahora ya no habrá lugar a la duda y la sospecha. En el 2006 no debió haber existido. En esa ocasión casi 1 millón de ciudadanos se hizo cargo de la instalación de las casillas y el conteo de los votos. Su trabajo fue impecable. Lo mismo sucederá este domingo cuando más de 1 millón de ciudadanos cumplan su tarea. Ellos, no el IFE, son quienes se hacen cargo de la jornada y los que impiden la posibilidad del fraude.

Si alguien el próximo domingo argumenta fraude, para desconocer el resultado de la elección no tendrá sustento alguno. El sistema lo impide. En todo caso su descalificación no será del IFE, sino al millón de ciudadanos, todos voluntarios, que ese día se responsabilizan de la elección y actúan de garantes. Lo mejor del sistema electoral mexicano es precisamente eso, que el día de la jornada electoral los ciudadanos se hacen cargo de la misma.

La trifulca que sigue

Mauricio Merino
Investigador del CIDE
El Universal

Si alguien cree que el 1 de julio terminará esta competencia desenfrenada por el poder, verá pronto que se equivoca, porque desde el domingo la contienda continuará intacta. Las campañas habrán terminado y las elecciones se habrán celebrado; es probable, incluso, que haya un ganador oficial —si la diferencia entre el primero y el segundo lugar lo permite— y habrá discursos que serán recordados por siempre. Pero las dudas sembradas, los abusos de los partidos, las verdades a medias, y el encono social derivado de esta contienda seguirán vivos.

No hay ningún resultado, ninguna combinación y ningún escenario capaz de evitar la trifulca siguiente, porque la gran mayoría sigue creyendo que vivimos en una democracia de turnos y sigue pensando —animada por la forma en que esta nueva campaña se ha presentado en los medios— que quien gane la Presidencia ganará todo el poder. Como si no estuviéramos eligiendo al titular del Ejecutivo entre otros ocho mil puestos públicos, sino al monarca absoluto del reino, y como si éste, tras investirse con la corona del mando, estuviera obligado a excluir a todos sus adversarios sin contrapesos ni restricciones.

Como es evidente, desconfío de la clase política mexicana. Los dirigentes de los partidos políticos y sus candidatos han sido los principales beneficiarios del cambio de régimen, pero hasta ahora no han sabido honrar a la democracia. Por encima de los discursos más o menos beligerantes (o más o menos amables) con la actuación de las autoridades electorales, la conducta sistemática de los dirigentes políticos ha sido la deslealtad institucional: desde la más deliberada construcción de desconfianza hacia el IFE y el Trife, hasta el abuso estratégico de los medios legales para golpear a los adversarios —a sabiendas de que las autoridades se verán rebasadas— pasando por la vulneración táctica de las reglas del juego en el uso de los dineros, en la intervención de los gobiernos locales, en la construcción de clientelas con presupuestos públicos y en la oscuridad de las campañas locales.

Todos los partidos políticos han puesto su parte para convertir a los procesos electorales en una guerra entre enemigos irreconciliables, en vez de buscar la consolidación de la democracia, como un régimen capaz de procesar los conflictos de manera civilizada, construyendo equilibrios políticos productivos entre visiones distintas. Y mucho me temo que, tras esa deslealtad sistemática hacia los principios del régimen democrático, lo que vendrá luego del 1 de julio no será sino la reiteración de la desconfianza, del antagonismo y de la lógica de exclusión que inundó sus campañas. En esas condiciones, no habrá posibilidad alguna de celebrar los resultados electorales del domingo siguiente como la expresión libre y consciente de los ciudadanos. Más bien, habremos de contener la respiración hasta conocer de qué magnitud será el conflicto siguiente.

Si gana Peña Nieto, será inevitable que los partidarios de Andrés Manuel declaren el fraude que ya anticipan; si gana AMLO, serán los seguidores del PRI, quienes ya sienten la victoria en la bolsa, quienes se opongan al veredicto con todos los medios que tienen a mano —seguidos de un largo etcétera—; si gana Josefina Vázquez Mota, será imposible evitar la sospecha sobre la intervención del gobierno de Calderón en los resultados. Cualquiera que sea el desenlace, lo que se ha configurado para este domingo no es el final de un proceso destinado a elegir representantes políticos y redistribuir el poder por un periodo de tiempo, en armonía y con madurez, sino el principio anunciado de un nuevo conflicto de largo plazo.

Ningún régimen democrático puede resistir, infinitamente, la deslealtad sistemática de los partidos políticos que lo integran. Si algo bueno habría de traer el 1 de julio habría de ser la conciencia sobre la necesidad urgente de abrir el régimen de partidos que hoy tenemos, para darle una nueva oportunidad a los ciudadanos.

Paco Calderón




Campaña floja o ¿diferente?

Ernesto Canales Santos
Socio fundador del despacho Canales y Socios Abogados, S. C.
Colaborador Invitado
Reforma

La crítica más común que escucho sobre JVM es que su campaña se ha percibido como poco efectiva, ¿cómo puedes votar para Presidente de la República por una mujer que ni siquiera puede armar un equipo "fuerte y cohesivo" en su lucha electoral?

En cambio el de EPN avanza como una aplanadora haciendo añicos a cualquier obstáculo y dejándole un terreno terso para su lucimiento personal, igual el de AMLO aunque actuando de una manera más amorosa; de Quadri, bueno un farol de la calle, tenaz pero nada más.

¿Qué nos dice esto en cuanto a lo que podemos esperar de ellos como Presidentes de México? Yo creo que mucho.

¿Autoritarismo o Consenso? Lo primero no es lo nuevo y no sólo pertenece al viejo PRI, en el cual abrevaron los dos, EPN y AMLO, sino que es también a lo que la historia nos ha acostumbrado: reyes, imperios, pontífices, dictadores, guerras y un largo etcétera.

En cambio, lo de ahora, lo más avanzado en el mundo es buscar las soluciones escuchando a los expertos e interesados para encontrar la fórmula óptima, la que consense las mejores voluntades.

El lucimiento personal más inmediato, de efecto fotográfico electoral, está en mostrar un liderazgo avasallador, imponiendo planes y metas; previo a la campaña, ambos Candidatos del viejo PRI habían decidido sus acciones de gobierno, no como principios rectores, sino en forma de compromisos concretos.

¿De qué les han servido las campañas? Ciertamente no para enterarse qué pensamos los mexicanos, pero sí para vender promesas, no todas fundadas, como la de los once mil y pico de pesos de AMLO para cada uno de nosotros, con los ahorros en la burocracia, o el mejor ingreso general para todos en el país de EPN.

¿Por qué no le ha gustado a mucha gente la Campaña de Josefina? Concluyo que la balanza la inclinan en contra precisamente al enfrentar la personalidad de JVM no rodeada de las fanfarrias del autoritarismo.

¡Qué ironía! Pareciera que no rompemos aún el tabú del "tlatoani", nuestras capas culturales adormecen la capacidad de despertar a lo nuevo, nos quedamos sintiéndonos cómodos con un modelo anterior.

¿Qué más muestras de autoritarismo que el de EPN con su cláusula de gobernabilidad, para controlar el Congreso, o su discurso de cierre del primer debate en el que nos dice que en esta elección no solo estamos decidiendo por los siguientes seis años sino "... por muchos más"? Conste: ¡nos lo está advirtiendo!

"Yo sé cómo hacerlo; yo tengo mis números; confíen en mí ya lo pensé" grita AMLO día tras día ¿Nos gusta esto de entregar nuestra voluntad política como cheque en blanco? ¿Así nos comportamos cotidianamente? ¿Por qué hacerlo con el del PRD, antes del PRI?

"Soy un pragmático, un hombre de resultados, sin ideologías" le dice atlacomulcamente a Carlos Puig en entrevista para Letras Libres de junio; práctico y autoritario: en su sexenio, de darse, prevalecerán ineludiblemente las acciones que le lleguen con mayores presiones porque su desfogue e implementación le acarrearán beneficios más acelerados, pero ¿serán los mejores?

La lista de notables, no todos, que presentó AMLO como integrantes de su posible Gabinete es un perverso ejercicio para distraer a la gente de a pie de sus propuestas: "... yo ya las pensé y tengo un grupo (superior a ustedes) que me las avala, ustedes voten por mí y les irá mejor...". ¿Ah sí?, pregunto.

"Josefina no tiene propuestas, a cada auditorio le dice lo que quiere oír" escucho; en esta campaña he asistido a cerca de diez reuniones con la Candidata, de muy variado contenido y efectivamente en todas ha encontrado un tema apropiado para los que están presentes, ¿ganas de complacer o capacidad para detectar el palpitar de la gente?, ¿sensibilidad para adentrarse en la problemática que interesa al país?

Un gobierno de escuchas y de consensos puede ser muy ineficiente si el que lo encabeza no sabe tomar decisiones, ¿será el caso de Josefina?, ¿es esta manera de cómo ha manejado su campaña un anticipo?

Todo lo contrario, Josefina Vázquez Mota se le plantó a Felipe Calderón, Presidente de corte (muy) autoritario y le tumbó a su delfín Cordero, no se trató de un asunto menor, el afán de JVM para quedar bien tiene límites, a los que llegó sin procrastinar y a tiempo, por más precipicios que avizorara.

¿Qué podemos esperar de un Gobierno de la Candidata del PAN? Consensos, que los procura de manera natural, un número más grande de acuerdos entre múltiples interesados, más inclusiones de asuntos o puntos de vista de la ciudadanía que con los otros Candidatos.

JVM no es que haya tenido una campaña que refleja poco liderazgo, ha sido un espejo de una personalidad centrada en concertar divergencias, algo inusual en nuestra realidad política que nos coloca en estratos superiores para el desarrollo del país.

Además de su indisputada cualidad de Honestidad, podemos decir que Josefina es también diferente en la manera en que aborda los problemas.

Punto y aparte

Luis F. Aguilar
Reforma

Panistas, "ya no". Izquierda, "aún no". Priistas, "no más". Los demás no cuentan.

Así se puede resumir lo que se dice en la calle, con afirmaciones acaloradas y coloridas o con tono mesurado. Es también lo que registramos en el mundo fino de las opiniones de los medios, algunas analíticamente sólidas, otras simplemente bien escritas, con retórica elocuente. En cualquier caso, lo que se dice a cuatro días de las elecciones federales y estatales es algo comprobable. Muchos ciudadanos consideran que los panistas se deben ir porque tuvieron una extraordinaria oportunidad de dirección política del país, que desaprovecharon por su limitada capacidad para construir consensos y por su atascamiento en el manejo del asunto crítico de la seguridad y sus cementerios. Otros muchos consideran que la izquierda actual no debe llegar a la dirección del Estado porque no está aún lista para la tarea directiva nacional por razones varias, que van desde su inconsistencia institucional hasta una idea rupturista, colérica y hasta facciosa de gobierno. También otros muchos consideran que los priistas no deben regresar a gobernar porque su genética política los induce a repetir su historia de arbitrariedades, corrupciones, clientelismo. No tiene sentido reproducir los ya sabidos argumentos que se han utilizado para señalar y dramatizar los inconvenientes de cada uno de los partidos y candidatos y demostrar que el PAN debe irse ya, el PRI no debe volver jamás y el PRD con su coalición no está aún listo para gobernar en condiciones de democracia. Todo está dicho y la moneda está en el aire, aunque el resultado electoral no es asunto de suerte y menos de fraude.

Es probable que en este momento la mayor parte de los ciudadanos se hayan ya decidido por un candidato y partido, aunque hay muchos que aún no han tomado una decisión por la carga de sus ocupaciones privadas o porque sus deliberaciones todavía oscilan entre varios pros y contras, entre dudas, preocupaciones y esperanzas. De todos modos, en cuestión de horas todos decidiremos y cortaremos de tajo la perplejidad de nuestra deliberación mental, la cual sería interminable y no llegaría a conclusión alguna si se atuviera a su natural lógica de verdad, prueba, certeza. Decidir es cortar, etimológica y psicológicamente. Poner punto y aparte a un largo razonamiento cuyas conclusiones son insuficientes en varias situaciones de nuestra vida personal y asociada y no aportan elementos convincentes para saber qué querer y qué hacer. Decidir es inevitable en todas aquellas situaciones en las que el conocimiento no nos ofrece elementos seguros y ciertos para proyectar y desarrollar nuestras vidas, por lo que para poder seguir caminando con rumbo no tenemos más opción que optar, seleccionar, escoger entre proyectos diversos de vida, sin estar totalmente seguros de que sean los apropiados y realizables. Decidir es entonces asumir riesgos, optar por alguien o por algo a partir del conocimiento incompleto que tenemos, sin estar totalmente ciertos que la opción descartada pudiera ser la conveniente.

Esto es lo que sucede en la competencia electoral. Cognoscitivamente no estamos seguros de la validez y consecuencias de nuestra decisión por un candidato, que puede sustentarse en razones y no en ciegas pasiones, pero que no podrá jamás justificarse como totalmente verdadera y cierta. En este momento ni el analista político más informado cuenta con elementos para estar totalmente seguro de que el PAN deba irse, que el PRI no deba regresar y que la izquierda no esté preparada para gobernar en condiciones de democracia. La decisión en política es de validez parcial, partidaria (precisamente), pues descansa en conocimientos incompletos, tal como nos ha sucedido en nuestra vida, cuando nos hemos decidido por algunas de nuestras potencialidades y aspiraciones y hemos descartado otras, teniendo más tarde que revisarlas, corregirlas o cancelarlas, aprender. En el fondo es una preferencia por una opción de gobierno en vez de otra, que se sustenta en la información limitada y hasta precaria que tenemos sobre candidatos y partidos y que nos lleva a concluir que unos parecen más convenientes o menos inconvenientes que otros para conducir el país. Parecen, no necesariamente son.

Si Usted al votar es de los muchos que tienen algo o mucho que perder por su decisión, a diferencia de los que no tienen nada que perder o así lo creen, es de ayuda estar más seguros acerca de los inconvenientes del futuro gobernante que de sus ventajas probables. Fundamental es no encontrar nada en el pasado del candidato que muestre es oportunista en su adhesión a los principios de la democracia o que manifieste una crónica indisposición a acordar, integrar, pactar, o sea propenso a ejercer el poder en modo revanchista, permanentemente recriminador y discriminador, conflictivo. Elegir democráticamente gobernantes previsiblemente antidemocráticos es contradicción e insensatez.

El Sendero del Peje

Francisco Garfias (@panchogarfias)
www.elarsenal.net
Arsenal
Excélsior

La encuesta final de Covarrubias y Asociados, publicada por El Sendero del Peje, es un revés al discurso de fraude que Andrés Manuel López Obrador trajo cosido en los labios. Otorga diez puntos de ventaja a Peña Nieto sobre el tabasqueño.

No le hace que se trate de un ejercicio de la casa que ha realizado los sondeos para el candidato de las izquierdas o que se hayan publicado en un periódico digital que evoca el mote del tabasqueño y que dirige el buen Federico Arreola, un hombre que ha trabajado por la causa de AMLO.

Las descalificaciones llegaron de mero arriba. Ni El Peje ni Manuel Camacho Solís admiten los números de Covarrubias. La nota hubiese sido lo contrario. “No está bien hecha (la encuesta). Voy tres puntos arriba y se va a ampliar, lo estoy sintiendo en la calle”, le dijo López Obrador al teacher López-Dóriga.

En la versión de Andrés Manuel, las encuestas son “por encargo” o tienen errores. Los casos del periódico Reforma (la última que publicó le da 12 puntos de ventaja al priista) y de Covarrubias los atribuye a “errores”. No cree que haya habido mala leche.

Pero el candidato del Movimiento Progresista sigue adelante con su estrategia para hacer creer a los ciudadanos que le van a “robar” la elección. Ya hasta tiene de coordinador de defensa del voto. Se trata, ni más ni menos, de Martí Batres, una garantía de imparcialidad (ji, ji, ji). Por lo menos es lo que este último manejó en su cuenta de Twitter. López-Dóriga le preguntó a Andrés si va a reconocer los resultados oficiales de la elección: “¡Cómo no los voy a reconocer, si voy a ganar..!”, dijo el tabasqueño, y soltó la carcajada. Manuel Camacho es otro caso. Dijo que desde hace mucho Covarrubias dejó de encuestar para López Obrador.

La conversación entre una senadora del PAN y una ex diputada federal del PRD era de una franqueza que impactaba. No estamos autorizados a reproducir sus nombres, pero sus palabras reflejan el sentimiento de resignación que existe entre los menos exaltados de ambos partidos. Las dos coincidían en que, la de ayer, fue la última sesión de la Comisión Permanente con el azul como el partido en el gobierno. Felipe Calderón seguirá en Los Pinos hasta el 30 de noviembre, sí, pero el eje del poder se desplazará hacia otro partido. El 4 de julio es la próxima sesión del Congreso. Tendrá lugar en una atmósfera diferente. El PAN estará en plena transición hacia la oposición, por primera vez en 12 años. “A ustedes los desgastó tremendamente el poder. Nosotros fuimos incapaces de presentarnos como opción viable. Van a regresar los porros del PRI”, lamentó la ex diputada. Su interlocutora del PAN asintió.

Jorge Castañeda, canciller en la era de Fox, sí le cree a las encuestas. Escribió un artículo en el periódico francés Les Echos, bajo el supuesto de que Peña será el ganador. En esa entrega hace un interesante apunte: “Peña Nieto será el primer Presidente priista en ser elegido democráticamente, el primero en convertirse en jefe de Estado gracias a los votos obtenidos en las urnas, y no por haber sido señalado por su predecesor” (alusión al dedazo).

El Güero está convencido de que el regreso del PRI a Los Pinos no significa automáticamente la restauración del régimen que desapareció en 2000. “Temer el regreso de un régimen autoritario equivaldría a negar todo lo que hemos realizado en los últimos 12 años”, concluyó.

Los gobernadores no pueden hacerse a un lado en la lucha contra el narcotráfico. “O la bebes o la derrama”, dice Javier Duarte, mandatario en Veracruz, uno de los estados donde los cárteles de la droga se han empoderado. La entidad es de las más peligrosas para ejercer el oficio del periodismo. Nueve muertos en lo que va de su administración. El hombre culpa a la delincuencia organizada. “Durante mucho tiempo, estos cabrones ganaron espacios, tejieron sus redes de complicidad”, dijo. “¿Yo? Estoy cumpliendo con mi responsabilidad”, aseguró.

La macrosala de prensa que el lunes inauguró Leonardo Valdés, consejero presidente del IFE, costó la friolera de 30 millones de pesos. Ni más ni menos. Hay 15 mil periodistas acreditados en todo el país. Mil en la Ciudad de México. Eso convierte la elección del primero de julio en la de mayor cobertura en la historia.

Más datos de Valdés: 79.4 millones de ciudadanos están inscritos en la lista nominal de electores. De ese total, 3.5 millones tienen entre 18 y 19 años. Hay otros 10.5 millones que no votaron en la elección presidencial de 2006. No tenían 18 años y hoy tienen 24. Es decir, habrá 14 millones de ciudadanos que votarán por primera vez.

Charlamos con Rosario Guerra. La candidata del Panal a la Jefatura de Gobierno va por 4% del voto chilango. Eso les asegura tres diputados pluris. Política experimentada, hábil operadora, tiene descartado volver al PRI. “¿A qué regreso? ¿A que me den otra madriza?”, preguntó.

Hizo notar que sus agresores al interior del tricolor (Israel Betanzos y compañía) van a tener fuero en recompensa por haberla golpeado.

La venganza de Fox

Carlos Puig (@puigcarlos)
masalla@gmail.com
Duda razonable
Milenio

Nunca entendí las verdaderas razones del profundo desprecio del gobierno de Felipe Calderón hacia Vicente Fox.

Es cierto que fue la suya una candidatura ganada a pulso en contra de la voluntad y los recursos del presidente, que quería a Santiago Creel, su secretario de Gobernación, en Los Pinos.

Es cierto que su actuación, más bien su obsesión, anti-lopezobradorista, provocó un clima que a la postre marcaría con tinta indeleble la administración calderonista; pero también es cierto que a la hora de la hora, en la elección de hace seis años, Fox se la jugó con Felipe Calderón. ¿Cuánto del 0.46% es gracias a Fox? Según el Tribunal Electoral de la Federación, un buen cacho.

Aun así, el calderonismo convirtió a Fox en un fantasma, lo mantuvo lo más lejos posible. Y un poco más. En los tiempos más aciagos de la crisis de violencia en el país, el discurso del presidente comenzó a insinuar a veces, a señalar en otras, que la enorme dimensión del problema que ahora enfrentaba era en parte provocado porque “antes”, los “otros” con responsabilidad no habían actuado como deberían.

Había en ese discurso calderonista una acusación implícita —a veces no tanto— contra su predecesor. Fox no se puso muy contento.

Su primera reacción fue ponerse del lado de quienes quieren la legalización de las drogas. Después comenzó a “mostrarse preocupado” por los niveles de violencia, para pasar a la franca crítica de la estrategia del presidente.

De manera menos pública, pero igual de cierta, los miembros del entorno calderonista se dedicaron a borrar las huellas del foxismo al tiempo que se burlaban de su frivolidad, su dependencia de Marta, sus tropiezos, su ignorancia. Todo eso iba llegando a oídos del ex presidente.

Y sí, algo hay de cierto que también hay un asunto de lana. O no exactamente de dinero, pero sí de apoyo. El gobierno de Calderón no ha siquiera volteado a ver al Centro Fox. Algunas visitas, un par de contratos de conferencias o seminarios, son señales que ayudan al centro a obtener otras donaciones. Pero no hubo nada.

Calderón había aprendido de los priistas y su manía de acuchillar a quien había ocupado La Silla antes que ellos.

La bronca con Manuel Espino, presidente del PAN en el foxismo, no fue más que una extensión más de la bronca entre calderonistas y foxistas.

Es curioso. Josefina Vázquez Mota es un producto del foxismo. Fue Vicente Fox quien la hizo secretaria de la muy rica en presupuesto y muy importante Secretaría de Desarrollo Social, pero por alguna extraña razón hasta Josefina se contagió del antifoxismo o por lo menos así lo pensó Fox.

Así que, como quien hace una maldad, comenzó a deslizar su idea de que había que apoyar al puntero. Que había que estar detrás de Peña Nieto.

Para un panismo a la baja, en tercer lugar y sufriendo, la imagen de su ex presidente apoyando a un priista solo abona a la percepción de desastre.

Si el 1 de julio el PAN de Calderón pierde Jalisco, Morelos y la Presidencia, en un rancho de Guanajuato alguien esbozará una sonrisa. El PAN del 2012.

Y… "¡sorpre!", que gana Josefina

Carlos Mota
motacarlos100@gmail.com
Cubículo Estratégico
Milenio

Una persona del más alto nivel en el gobierno me ha dicho que hay una encuesta interna con la que tienen la certeza de que Josefina Vázquez Mota podrá dar la sorpresa este domingo. Llámenle esperanza, fe, ilusión, empecinamiento, tenacidad, ingenuidad, certeza, idea, o como se quiera, pero el tema ahí está y se inscribe dentro de aquella frase en la que el presidente Felipe Calderón hablaba en relación con que no se debe “subestimar” la capacidad del electorado de decidir quién será el presidente.

Puede ser “sorpresa” o puede ser “milagro” —como ella misma caracterizó su potencial triunfo hace unos días. De hecho, si fuera esto último, no le sobraría a Josefina apersonarse este viernes o sábado en la Basílica de Guadalupe para cumplir con el ritual completo. No tiene que hacer proselitismo. Solo tiene que acudir a escuchar la palabra de Dios.

En Grecia las recientes elecciones tuvieron una característica curiosa: varias casas encuestadoras daban por ganador al candidato del partido de centro-derecha Nueva Democracia (también hubo veda para publicarlas varios días antes). Había una mayoría de encuestas en ese sentido. A su vez, otras encuestadoras hablaban del potencial triunfo de la izquierda radical, la del partido Syriza, que se oponía a las medidas de austeridad impuestas por los europeos para rescatar a su país de la debacle. Ganó la derecha y perdió la izquierda, pero el día de la jornada electoral hubo largas horas de espera en la que los resultados preliminares no permitían declarar un ganador.

El electorado mexicano vive estos días en relativo sosiego el hecho de que las encuestas no hayan arrojado diferencias mínimas que tengan al país al borde del asiento, esperando el resultado final. Básicamente todo mundo da por hecho que Enrique Peña triunfará, lo cual sería lo más lógico si es que las ciencias actuarial y estadística asistieron efectivamente la mente de todos los que se dedican al muestreo, a las desviaciones estándar y a los márgenes de error. No obstante, hasta donde entiendo, las encuestas no hicieron pronósticos —es decir, no incluyeron promedios móviles ni utilizaron algún modelo de regresión. De tal suerte, todo puede pasar el domingo. ¿Será?

junio 26, 2012

Paco Calderón





Voy a votar por...

Genaro Lozano (@genarolozano)
www.reforma.com/blogs/genarolozano
Reforma

En los últimos meses escribí una serie de artículos titulados ¿Y si voto por...? en los que planteé las razones por las que votaría o no por Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota, Andrés Manuel López Obrador o Gabriel Quadri. Ha llegado el momento de decidir mi voto.

Confieso que me mantuve indeciso a lo largo de toda la contienda electoral y no decidí mi voto presidencial sino hasta apenas este fin de semana, luego de volver a leer las propuestas de l@s candidat@s presidenciales y de repasar mis apuntes de sus libros, que reseñé también para estas páginas.

Primero argumentaré brevemente mis votos para Jefe de Gobierno, diputados y senadores federales, así como jefe delegacional y asambleístas de la ALDF y cierro con mi voto para la presidencia.

Jefatura de Gobierno: Esta es tal vez la decisión de voto que menos trabajo me costó tomar. Votaré por Miguel Mancera porque representa la continuidad del proyecto de Marcelo Ebrad. Mancera ha sido un candidato que escucha y que se compromete. Estuve con él en un evento sobre la diversidad sexual y me sorprendió su capacidad para escuchar y su disposición al diálogo. Sólo espero que no se rodeé del equipo de comunicación de Ebrard, que vea los errores en ese rubro que le costaron la candidatura presidencial a éste. Me preocupa que Mancera será un jefe de gobierno sin contrapesos, tema del que pocos hablan en esta Ciudad, pero creo que muchos en la sociedad civil y en los medios cumplirán la función que la Asamblea Legislativa no hará, dado que seguramente Mancera será un ejecutivo con un legislativo muy afín.

Senadores: Votaré por Alejandra Barrales y espero que mi voto sea también para Mario Delgado. Conozco el trabajo de ambos. Ella fue una buena asambleísta y él un buen Secretario de Educación local. Barrales además se comprometió en el ITAM a retomar la agenda de la Coalición Ciudadana por la Educación una vez en el Senado.

Diputados federales y locales: Mi voto será también para los candidatos del PRD. Solo si se me aparece algún apellido relacionado con Bejarano o Padierna dudaré mucho. Agustín Barrios y Angélica Bravo son los candidatos que me tocan. El primero representa una candidatura ciudadana y la segunda sí está relacionada con esos apellidos, así que revisaré aún más sus propuestas antes de decidir si voto por ella o si anulo.

Jefatura delegacional: Mi voto es para Víctor Romo porque es el candidato que tiene la propuesta más detallada y clara para la Miguel Hidalgo, porque tiene con él a gente como David Razú y porque también considero que hizo un buen trabajo como asambleísta.

Finalmente, espero que el Partido Verde, el Partido Nueva Alianza y los partidos satelitales de izquierda Movimiento Ciudadano y el PT pierdan el registro. México merece una sacudida en su sistema de partidos y estos partidos pequeños no me parecen los adecuados. Ojalá surja pronto un verdadero proyecto de partido socialdemócrata. Creo que justamente en ello está pensando Ebrard.

En resumen, hasta aquí tacharé todas las opciones de color amarillo, por una izquierda progresista y moderna y porque creo que el trabajo que han hecho en Ciudad de México y a favor de la diversidad sexual son ejemplares.

Presidencia: Votaré por Josefina Vázquez Mota porque después de repasar una y otra vez todas las propuestas, las suyas en materia de economía, política exterior y energía me parecen las más responsables de todas. Además Josefina es la única que habla a favor de los temas de reforma política y gobiernos de coalición. Josefina es quien a mi parecer entendió mejor al movimiento #Yosoy132. Incluso creo que Josefina ganó el #Debate132. Mi voto por ella fue el que más tiempo pensé y reflexioné.

Conocí a Josefina en el 2007, en un camerino de TV Azteca, mientras me estaban preparando para entrar a un noticiero para analizar la relación entre la SEP y el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación. Josefina iba a entrar a la mesa justo después de que yo hablara. Recuerdo que me saludó muy amable y que yo me puse nervioso porque minutos después la estaría criticando al aire. Entré a la mesa y ella se quedó en el foro, escuchando. Al terminar sólo recuerdo que me levanté de la mesa y que mientras le ponían un micrófono me dijo "muy bien, Genaro", con una sonrisa. Me quedé perplejo pues acababa de criticar al gobierno de Calderón por su tibieza ante el poder de Gordillo.

Unos años más tarde, en 2011, volví a verla en un desayuno con académicos, periodistas y activistas por la diversidad sexual. Confieso que creo que el PAN merece perder los votos de los grupos de la diversidad sexual, pero no emitiré mi voto presidencial pensando sólo en un tema. Creo que Josefina sí es diferente en este tema. Creo que si no fue más contundente con respecto a lo que ella personalmente cree al respecto, fue porque su partido es mucho más conservador que ella. Confío en su palabra y si gana se la recordaré cuanta vez pueda.

Respeto a López Obrador, pero él no tiene pretexto alguno para abanderar las causas de la diversidad sexual. Su partido es el que más ha apoyado estos temas, pero él sigue ofreciendo la peor herramienta para el avance de los mismos: las consultas públicas. Si Marcelo hubiera sido el candidato, creo que hasta campaña habría hecho por él, pero no fue el caso. Ya voté por AMLO una vez, en el 2006, pero este 2012 mi voto no es por el PAN, es por Josefina.

Por qué votar por Josefina

Ricardo Pascoe Pierce (@rpascoep)
Especialista en análisis político
ricardopascoe@hotmail.com
Excélsior

Progresivamente se han ido expresando los indecisos, alrededor de 20% del potencial electorado. Importa escucharlos, habida cuenta que representan entre 10 y 12 millones de votos que hoy se encuentran en duda, deseosos de más elementos para tomar su decisión con fundamentos creíbles, alejados de simples actos de fe o por salir de su incertidumbre sin convicción. Tantos indecisos (lo normal sería del orden de 5%) reflejan la dificultad que muchos ciudadanos han tenido para definir los candidatos de su preferencia.

La prioridad de los mexicanos es asegurar la estabilidad económica. En un mundo turbulento y con países como Grecia, España, Irlanda, Argentina y Brasil bordeando recesión y crisis, la disciplina financiera ha hecho de México un islote de estabilidad. Todo depende de la seriedad con que se tome el equilibrio de las finanzas. El PAN ha demostrado que lo toma muy en serio. El PRI no pudo, al estar atado históricamente a la corrupción, respetar compromisos, nacionales e internacionales de prudencia en el manejo financiero y de ahí sus constantes crisis al final de cada sexenio. El PRD es un partido anclado en la idea de gastar, no de producir. No tiene, ni ha tenido, una propuesta productiva. Su plan alternativo es una simple idea de gastar dinero de “otra manera”. Ante estas distintas historias, sabemos que la condición económica es, en última instancia, todo.

Sin estabilidad económica no se puede pretender aumentar la productividad que el país está demandando: mayor crecimiento. Para atender esta urgente necesidad, este año el PIB crecerá 4%, en contraste con Estados Unidos que va a crecer apenas uno por ciento. No se están requiriendo los recortes de personal, como en Grecia y España, ni existe la amenaza de reducir programas sociales, como en gran parte de la eurozona. México tiene un déficit público de 2.5%, por 8% de EU. En México las exportaciones representaban 17% del PIB en 1980, hoy son 61 por ciento. Y 80% de nuestras exportaciones son bienes manufacturados, no materias primas. La deuda de México se mantiene estable en 27% del PIB, mientras que en EU llega a 98 por ciento. El promedio de la inflación anual que padecimos durante los gobiernos del PRI era de 43%; hoy, durante los del PAN, es de 4.4 por ciento.

Estos datos nos dicen que, de continuar con una administración correcta y honesta de las finanzas públicas, el país puede aspirar a crecer económicamente y, de ahí, atender un reparto más justo del ingreso nacional, por la vía preferente de empleos con salarios satisfactorios. La única candidatura que puede garantizar ese logro es la de Josefina Vázquez Mota. El modelo contrastante con el mexicano en América Latina se da en Venezuela, Brasil y Argentina. Básicamente operan bajo la premisa del gasto estatal para incentivar la economía y no generan suficiente confianza en el sector privado de inversionistas. Brasil ha querido cancelar un acuerdo automotriz con México por su falta de capacidad de manutención de la productividad del sector, y prefiere depender más y más de la exportación de materias primas.

En resumidas cuentas, el PRI no es confiable por su liga estructural con la corrupción y la izquierda es incompetente porque quiere gastar, y no sabe, ni le interesa, promover la producción. Ambos llevarían al país cerca del despeñadero económico, al repetir esquemas gastados y fracasados antes. Solamente el PAN y Josefina podrán ser confiables para cuidar la estructura económica de la nación y asegurar su estabilidad y crecimiento.

Hoy por hoy, apoyarla con el voto no sólo tiene mucho que ver con que es mujer y que la mirada de mujer goza de una solidez que no tienen los otros candidatos, sino también porque es lo que el país requiere para superar y trascender esta difícil coyuntura histórica.

¿Cómo se compran los votos?

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

¿Qué votos se pueden comprar? O, mejor dicho, ¿qué personas son las que venden su voluntad a un partido político? Y, sobre todo ¿a cambio de qué? ¿De unos regalitos en un mitin? ¿Se dan por bien servidos con una despensa o se contentan de obtener camisetas y gorras? ¿Reciben pagos en dinero contante y sonante? Y, si es el caso ¿cómo comprueban que votaron realmente por el candidato indicado si el trámite, aparte de “libre”, es “secreto”? ¿Alquilan su credencial de elector? Siendo así, los funcionarios de casilla y los representantes de los partidos ¿no se dan cuenta de que el individuo que acude a votar no es el que aparece en la fotografía del documento? Esta estrategia de prestar la cédula del IFE, ¿no resulta tremendamente complicada de implementar? Digo, por cada persona que cede su documento hay que contar con otra dispuesta a acudir con él a una casilla diferente a la suya o, por lo menos, en otro momento del día si es que le toca la misma. ¿Puede un mismo sujeto presentarse en diez casillas diferentes provisto de diez credenciales ajenas? Y, ¿cómo se realiza la previa selección de los distintos ciudadanos dispuestos a traspasar su documento para que no pertenezcan todos a la misma casilla y que no sea un mismo recadero el que se aparezca una y otra vez en el mismo lugar? La gente que vende su voto —que uno imagina bastante necesitada y de muy escasos recursos— ¿tiene un teléfono celular con cámara fotográfica para cumplir con la exigencia de comprobar el acatamiento de la encomienda o acaso le prestan un teléfono “inteligente”? Los recursos para comprar los votos ¿de dónde provienen y quién los administra? El que reparte dichos recursos ¿de qué manera justifica su aplicación ante sus superiores? ¿Qué personas están encargadas, en los diferentes partidos políticos, de realizar estas tareas? ¿Quiénes son los que diseñan la estrategia de compra de votos y, a su vez, a quiénes rinden cuentas? Los diferentes candidatos ¿están enterados de estas prácticas?

Son preguntas que me hago por las noches, antes de dormirme.

junio 25, 2012

¿Por qué por Vázquez Mota?

Arturo Damm Arnal (@ArturoDammArnal)
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

Francisco García Pimentel ha publicado (http://dalelavuelta.org/2012/05/28/vota-ahora-o-calla-para-siempre-diez-claves-para-votar-bien/) un muy interesante decálogo cuyo objetivo es ayudarnos a razonar el voto, algo que, a estas alturas del partido, ¡faltando seis días para las elecciones!, no está de por más, sobre todo ahora que quienes invitan a votar se han divido en dos grandes grupos:

1) los que insisten en que hay que votar en función de ciertos principio, y hacerlo por quien nos convence, al margen de cualquier otra consideración (por ejemplo: su posición en las encuestas);

2) los que insisten en que hay que emitir un voto útil, lo cual implica suponer que quien nos convence, dada su posición en las encuestas, no va a ganar, y entonces hay que sufragar por la segunda opción, para evitar que gane la tercera, y hacerlo independientemente de cualquier otra consideración (por ejemplo: sus principios ideológicos).

Según estas posiciones dos, y solamente dos, deben ser las consideraciones para elegir por quién votar: votar por principios, sin tomar en cuenta nada más, o emitir un voto útil, sin considerar nada más. Lo que nos dice García Pimentel es que el voto razonado, ¡verdaderamente razonado!, debe tomar en cuenta más variables. Enunciarlas y explicarlas es el objetivo de su decálogo, mismo que reproduzco a continuación:

I) El partido del candidato sí importa;
II) ¿Quiénes son los padrinos del candidato?;
III) El candidato, ¿tiene experiencia?;
IV) No creas lo que el candidato ha dicho, sino lo que ha hecho;
V) ¿Cómo es el candidato en su vida privada?;
VI) El candidato, ¿me representa?;
VII) Matiza sus propuestas;
VIII) Desconfía de los medios;
IX) Ignora las encuestas;
X) No regales tu voto.

Breve explicación, en palabras del autor, de cada punto.

I) El partido del candidato sí importa. “Si (el candidato) está allí, al frente de su partido, es porque se encuentra muy cerca del núcleo ideológico y el partido sabe que (…) protegerá los intereses, principios y valores del partido”.

II) ¿Quiénes son los padrinos del candidato? “Todos (los candidatos) llegan apoyados por grupos políticos, sociales o empresariales. Y todos estos grupos exigirán a su candidato cuentas una vez que gane la elección. Y al candidato no le quedará otra que rendirles cuentas”.

III) El candidato, ¿tiene experiencia? “Es importante que (el candidato) por quien vas a votar cuente con la experiencia suficiente (…) para no tener que pagar las novatadas al inicio de su gestión”.

IV) No creas lo que el candidato ha dicho, sino lo que ha hecho. “Las promesas de campaña y los discursos tienen el mismo valor probatorio o informativo que la página de Facebook de un adolescente: salen sólo las mejores fotos, sólo los mejores eventos y representan, a lo mucho, una visión ideal del ego del candidato (…) Es más sencillo y rápido observar qué hicieron los candidatos cuando no estaban en campaña”.

V) ¿Cómo es el candidato en su vida privada? “¿A qué candidato le daría yo las llaves de mi casa? ¿A quién dejaría que jugara con mis hijos? ¿A quién dejaría que saliera al cine con mi hija?”

VI) El candidato, ¿me representa? “¿Me lo imagino hablando en el Congreso, o en la ONU, o en otros países, y me siento tranquilo?”

VII) Matiza sus propuestas. “Ahórrate el trabajo de dilucidar cuáles propuestas son peores, mejores, ciertas o falsas. Ignóralas todas y ve lo que han hecho anteriormente. Cuando ya tuvieron el poder, ¿realmente hicieron todo lo que hoy proponen?”.

VIII) Desconfía de los medios. “Todos los medios de comunicación tienen agenda. Todos tienen su favorito (…) Por eso recomiendo: entérate a través de medios distintos”.

IX) Ignora las encuestas. “Vota por quien tú creas que sea el mejor, independientemente de si ‘va ganando’ o ‘va perdiendo’. Se gana o se pierde el día de la elección”.

X) No regales tu voto. “El concepto del voto útil es no votar por tu candidato si sabes que va a perder. Es un concepto maquiavélico y destructivo. Desde 1939 y hasta 1994, los panistas votaron por el PAN, sabiendo que iban a perder, pero seguros de que, a largo plazo, su voto haría un cambio. Tu voto tiene una resonancia no sólo en corto, sino también en el largo plazo. Haz valer ese derecho, cree y defiende lo que tú creas. No entregues tu voto a un partido o candidato que no te convence sólo porque ‘es el puntero’ o ‘está más cerca del puntero’ en las encuestas”.

Si aplico el decálogo de García Pimentel llego a la conclusión de que mi voto debe ser por Josefina Vázquez Mota, y he aquí las razones.

1) De todos los partidos el PAN, con todos sus excesos y defectos, es el menos malo, con varios puntos buenos a su favor.

2) Ninguno de los padrinos de Vázquez Mota, por lo menos los visibles, los considero impresentables, como sí considero impresentables a muchos de los padrinos de los otros candidatos.

3) Vázquez Mota tiene experiencia, tanto en el Poder Ejecutivo, como en el Legislativo.

4) Vázquez Mota ha dicho muchas cosas con las que no estoy de acuerdo, pero muchas menos, y menos graves, en comparación con las que han dicho los otros candidatos (a excepción de Quadri).

5) Conozco a Josefina desde hace muchos años y me consta su honestidad. Sí le dejo las llaves de mi casa.

6) De todos los candidatos (a excepción de Quadri), la que más me representa, en el sentido literal del término, es Vázquez Mota.

7) Matizando las propuestas de Vázquez Mota, y comparándolas, también matizadas, con las de los otros candidatos (a excepción de Quadri), son, en términos generales, menos malas, y algunas son buenas.

8) Desconfío de algunos medios, confío en otros, y la mayoría de los periodistas que respeto están a favor de Vázquez Mota.

9) Si bien es cierto que no ignoro las encuestas, tampoco me guío por ellas.

10) Al final de cuentas, después de haber meditado y discutido el asunto del voto útil, que en mi caso, y suponiendo a Vázquez Mota sin posibilidad de ganar (pero ya lo dije: no ignoro las encuestas, pero no me guío por ellas), implicaría votar por Peña Nieto, con el fin de cerrarle el paso a López Obrador, es algo que, por principio, no puedo hacer. Y sí, sigo creyendo que, ¡siempre!, hay que actuar en función de principios.

Voy a votar por Josefina Vázquez Mota por considerar que su gobierno representará una menor amenaza en contra de la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal -los tres pilares del liberalismo-, mucho menor que las amenazas que representarían los gobiernos de Peña Nieto o López Obrador.

Para terminar unas palabras relacionadas con Gabriel Quadri, el candidato liberal al que mencioné tres veces, y con quien, como liberal que es, más me identifico, pero por el cual, dado el partido al que representa (¿de veras el Panal es un partido liberal?), y lo que supondría votar por él (apoyar la permanencia de partidos políticos rémoras), no puedo votar.

Por todo lo dicho voy a votar por Josefina Vázquez Mota.

A votar

Gabriel Guerra Castellanos (@gabrielguerrac)
Internacionalista
gguerra@gcya.net
El Universal

Tenemos una de las democracias más caras del mundo, y no sólo por las enormes cantidades de dinero que nos cuesta. Es cara también porque no ha logrado, 12 o 15 o 18 años después de su surgimiento, consolidarse en la mente y en el ánimo de muchos mexicanos. La democracia más costosa no es cara si los ciudadanos la valoran: no es el caso de México.

Hace ya casi 22 años de la creación del IFE, y no obstante todas las reformas politico-electorales una proporción alta de ciudadanos sigue sin confiar en las instituciones electorales, en la limpieza de las elecciones, en la claridad y transparencia del proceso. En la legitimidad de la democracia mexicana, pues.

Una parte se explica por nuestra historia. México acumula tal cantidad de elecciones viciadas que no es sorpresivo que muchos sigan creyendo que las cosas son como antes. Y si una parte la explica la memoria excesiva, la otra se debe al olvido fácil. Muchos ya no recuerdan todos los pasos que se han dado desde aquellos viejos y pésimos tiempos en que los propios dirigentes del país ignoraban cuántos de los votos que recibía el candidato en turno de su propio partido eran de verdad.

Eran aquellos los tiempos de los acarreos en serie de votantes; de los carruseles en masa; de las operaciones tamal; de las urnas embarazadas; de los conteos lentos y de los resultados predeterminados. Esas eran las reglas: así eran las elecciones en México y si un candidato opositor quería ganar necesitaba no solamente convencer a una mayoría de los votantes, sino además ganar por un margen tal que pudiera sobreponerse a todos esos abusos.

Poco a poco, con cuentagotas tal vez, eso ha ido cambiando. El registro nacional de electores primero y el IFE después lograron que la credencial para votar fuera una herramienta de uso generalizado en una nación sin cédula de identidad. Más importante, lograron con eso (y con la tinta indeleble y los listados nominales) disminuir la posibilidad de que un solo ciudadano votara varias veces.

La ciudadanización de los órganos electorales fue también un paso relevante, pues le quitó herramientas de control al gobierno para manejar las elecciones. Hoy los partidos se han adueñado en buena parte del IFE, pero aun esa deficiencia es preferible a cuando el Secretario de Gobernación todo lo determinaba, por instrucciones del Presidente, obviamente.

El mismo IFE, hoy tan criticado y cuestionado sólo aplica las reglas que el Congreso, ese en el que nadie tiene mayoría. Y no podemos olvidar que la sustancia y la apariencia son cosas distintas: de seis años para acá el IFE ha hecho una pésima labor de comunicación, que ha contribuido a su descrédito. Los integrantes son otros y los niveles incomparables, pero este es esencialmente el mismo instituto por el que nos felicitábamos hace doce años.

Las leyes y las reglas son confusas y mejorables. La integración de IFE quizá también. Su comunicación con la ciudadanía indudablemente debe cambiar. Pero los verdaderos motivos del escepticismo y la incredulidad social tienen mucho más que ver con el papel que juegan los actores políticos. Partidos, candidatos, voceros, que durante los últimos años han mantenido el discurso de antaño, el de denunciar trampas y fraudes cada vez que pierden, a veces incluso antes de que se lleven a cabo las elecciones, y que optan por descalificar al adversario, al proceso y al árbitro.

No me refiero, aunque asi pudiera parecerle a algunos, a un partido o candidato. Todos son, en mayor o menor medida, corresponsables del aparente tiradero de la democracia mexicana, que en realidad no es tal.

Estamos a años luz del México de los años 80 o 90, de las elecciones a la antigüita, y eso hay que reconocerlo, cuidarlo. No hay pretexto para no ir a votar, ni para cuestionar los resultados a priori. Flaco favor le hace a la democracia quien actúa de manera contraria.

México: La tentación del pasado

Andrés Oppenheimer (@oppenheimera)
El Informe Oppenheimer
Reforma

CIUDAD DE MÉXICO - Ahora que virtualmente todas las encuestas dan como ganador de las elecciones mexicanas del 1 de Julio al telegénico candidato Enrique Peña Nieto, la gran pregunta es si su victoria significaría un retorno a las prácticas corruptas y autoritarias que caracterizaron a su Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el pasado. La respuesta es que habrá una gran tentación de seguir ese camino.

La candidatura de Peña Nieto por el PRI -el partido que gobernó este país durante siete décadas hasta que fue derrotado en las elecciones del 2000- encabeza las encuestas con una ventaja considerable, de alrededor de 15 puntos porcentuales.

Según la última encuesta Mitofsky, Peña Nieto tiene el respaldo del 44.4 por ciento de los votantes, seguido por el candidato de izquierda Andrés Manuel López Obrador, con el 28.7 por ciento, y la candidata de centro derecha Josefina Vázquez Mota, con el 24.6 por ciento.

Es cierto que podría haber una sorpresa de último momento. En las últimas semanas ha surgido un creciente movimiento estudiantil anti-Peña Nieto conocido como "Yo soy 132". Pero aunque hay 14 millones de mexicanos de menos de 23 años que votarán por primera vez, y muchos de ellos apoyan a López Obrador, también es cierto que alrededor del 75 por ciento de los jóvenes mexicanos no votan.

Además, está el "factor miedo". López Obrador asustó a muchos en 2006, cuando perdió las elecciones de ese año por menos del uno por ciento, se negó a aceptar su derrota y encabezó enormes manifestaciones para protestar por el resultado. Sus críticos, incluyendo al ex Presidente Vicente Fox, lo pintan como un populista radical al estilo del venezolano Hugo Chávez.

López Obrador siempre ha tomado distancia de Chávez, y -aunque su campana se basa en la misma promesa vaga de acabar con la corrupción que le permitió a Chávez ganar su primera elección- ha asegurado repetidamente a los mexicanos que no liderará una revolución que pueda polarizar a la sociedad.

Pero a diferencia del Presidente de Perú, Ollanta Humala, un ex candidato izquierdista que ganó las elecciones de 2011 gracias al crucial apoyo del premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa, López Obrador no tiene una figura similar que lo ayude a calmar los miedos de muchos votantes.

López Obrador necesita un Vargas Llosa, pero salvo una gran sorpresa -como por ejemplo si el mega-millonario Carlos Slim le diera su apoyo-, no lo conseguirá a tiempo para ganar. Los mexicanos tienen un temor innato de la inestabilidad y la violencia política, algo que se remonta a la Revolución Mexicana de 1910-1917, que dejó más de un millón de muertos.

Peña Nieto, un ex Gobernador del Estado de México que es más conocido por su cara de galán de telenovelas y su publicitada boda con una actriz que por ser un gran pensador, promete un "cambio responsable". Sus principales asesores económicos son casi todos economistas ortodoxos.

Sus colaboradores cercanos rechazan la idea de que su Gobierno podría ser autoritario, argumentando que gran parte de los poderes presidenciales han pasado a los gobernadores en los últimos años, hay una Corte Suprema independiente, y que Peña Nieto es por naturaleza un político conciliador.

Según el candidato del PRI, sus prioridades serían aprobar las muy demoradas reformas en las áreas de salud, trabajo, impuestos y energía, así como la reducción de la violencia que ha dejado alrededor de 50 mil muertos en los últimos cinco años.

Los críticos del PRI afirman que el partido no podrá despojarse de su tendencia a la corrupción. Durante casi un siglo, el PRI ha sido privilegiado los grandes negocios con sus amigos -que dieron lugar a muchas de las grandes fortunas mexicanas de hoy-, la compra de votos, el fraude electoral y el soborno y la intimidación para controlar los medios. Aunque el equipo de Peña Nieto incluye algunas caras nuevas, la mayoría pertenecen al viejo PRI, dicen sus críticos.

"Se van a endeudar, y van a usar el presupuesto público para perpetuarse en el poder", me dijo Julio Castellanos, un congresista del Partido de Acción Nacional (PAN) del presidente Felipe Calderón. "Lo que buscan no es regresar al poder por un sexenio, sino por el resto del siglo 21, creando una dependencia ciudadana de los subsidios del gobierno".

Mi opinión: Aunque la elección será mucho más reñida de lo que sugieren las encuestas, es probable que Peña Nieto gane. Tiene el partido mejor organizado, ha gastado mucho más dinero que sus rivales en propaganda televisiva, y muchos mexicanos parecen dispuestos a aceptar niveles tolerables de corrupción a cambio de menos violencia y la promesa de mayor prosperidad.

Una victoria de Peña Nieto probablemente no convertiría a México en la "dictadura prefecta" que fue en los gobiernos del PRI durante gran parte del siglo pasado -muchas cosas han cambiado- pero probablemente convertiría al país en una democracia más imperfecta de la que ha sido durante la última década.