junio 01, 2012

Alguien voló sobre el nido del cuervo

Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

Había una vez un cuervo que vivía, por su propia elección, en una gigantesca jaula color púrpura y que salía y entraba en ella sin que nadie se percatase de su propia existencia. Un buen día el cuervo decidió que debía hacer honor a su naturaleza traidora y, en una de sus escapadas, empezó a graznar historias que se suponía que no debían salir de los barrotes de su privilegiada jaula. Por haberlo hecho y por haber sido descubierto, el cuervo ha dejado de ser alguien insignificante, aunque su osadía le ha costado caro: los barrotes de esa jaula son ahora para él los de una cárcel.

Esta es la historia de Paolo Gabriele, el mayordomo de Benedicto XVI y uno de los escasos laicos con pasaporte vaticano que se mueven sin problemas en ese microuniverso de sotanas. Paoletto, de 46 años, está acusado de robar al Papa cartas y de sacarlas de los herméticos muros vaticanos para que sean de dominio público.

Después de años de soportar escándalos de pederastia, de tener que pedir perdón cuando se hizo insoportable el cúmulo de curas y obispos que abusaron sexualmente de niños, y de que Wikileaks empezase a filtrar desde principios de año archivos clasificados del Vaticano, Ratzinger no aguantó más y dio un golpe en la mesa cuando fue informado de la publicación del libro Su Santidad, los papeles secretos de Benedicto XVI. Desde entonces los acontecimientos se han sucedido vertiginosamente:

Hace un mes, el Papa eligió a tres cardenales octogenarios para que atraparan al “cuervo” (traidor en el lenguaje vaticano) que estaba filtrando documentos secretos. Cuando un cardenal cumple 80 años pierde su derecho a elegir Papa, por lo que es inútil que otros “príncipes de la Iglesia” pretendan corromperlo. Por tanto, la estrategia de Ratzinger fue la de rodearse de tres cardenales a priori libres de sospecha, ya que están excluidos de cualquier corriente de poder, para que le ayudasen a buscar al traidor (o a los traidores).

Su apuesta dio frutos y hace una semana el Vaticano anunciaba el sorprendente arresto del mayordomo del Papa. Seguramente la Guardia Suiza estará tratando de sonsacarle dos grandes misterios: ¿Por qué lo hizo y si actuó solo o hay otros cuervos detrás de la trama?

Ante la imposibilidad de saber qué está respondiendo Paoletto, la prensa italiana recibió estos días un mensaje anónimo e inquietante: “Paoletto no está solo, somos muchos, incluso muy arriba. Queremos defender al Papa, denunciar la corrupción”. De ser cierto lo que dice este anónimo estaríamos ante el mayor escándalo en el Vaticano en lo que va de siglo: ¿Quién dentro del Vaticano quiere atacar al Papa?

Mientras aguardamos con impaciencia a que salgan a la luz las intrigas vaticanas, la prensa apunta a un nombre como el posible responsable de todo este escándalo: el poderoso secretario de Estado, Tarsicio Bertone, número dos en la jerarquía vaticana.

Todo empezó cuando el cardenal Carlo Maria Vigano asumió en 2009 la Secretaría General del Governatorato —el departamento vaticano que adjudica los contratos de obras— y se encontró “facturas falsas, fraudes, robos en villas pontificias y otros ilícitos”, como describió en la carta que envió a Bertone, primer ministro de facto del Vaticano.

Ante la falta de respuesta de Bertone, Vigano se dirigió directamente al Papa, a quien escribió una carta en marzo de 2011 denunciando las “corruptelas y privilegios” de los que era testigo. De inmediato comenzó una campaña en contra del secretario del Governatorato orquestada desde la prensa afín al gobierno del entonces primer ministro Silvio Berlusconi, aliado de Bertone. La batalla contra la corrupción la perdió Vigano el verano pasado, cuando fue removido de su cargo y enviado de nuncio apostólico a Washington.

“Fue entonces cuando entendimos que el Papa no había logrado imponerse a Bertone y decidimos actuar. Las cartas que mandó Vigano a Bertone y a Benedicto XVI fueron las primeras que filtramos a la prensa”, relata uno de estos “cuervos anónimos” al diario El País. La segunda filtración fue más grave: una carta del cardenal colombiano Darío Castrillón al Papa en la que le contaba que el cardenal italiano Paolo Romeo dijo en un viaje a China que “el Papa morirá en 12 meses”.

La sucesión de filtraciones que han acabado con el arresto del mayordomo confirman, en todo caso, que, si él es un cuervo que robó cartas al Papa, lo hizo para denunciar que, en realidad, el Vaticano es un nido de cuervos, mucho más peligrosos que él y que tratarán de sepultar cuanto antes esta historia de intrigas, como han venido haciendo los purpurados desde hace siglos, siempre que se sienten amenazados.

El Papa, como ha confesado estos días, tiene motivos para estar triste; y es que el refranero no falla: cría cuervos…

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