junio 15, 2012

AMLO, de cuerpo entero

Javier Corral Jurado (@Javier_Corral)
Diputado Federal del PAN
El Universal

Como medida cautelar, el IFE retiró el spot del PAN donde se recogen distintos momentos del verdadero Andrés Manuel López Obrador, incluida una frase de su discurso ante jóvenes en la Plaza de la Tres Culturas en Tlatelolco el pasado 21 de mayo. El argumento es que esa frase está descontextualizada y que ello violenta la legislación electoral. Habrá que ver cómo se resuelve el fondo y de dónde se saca la hipótesis legal para sustentar una violación, pero mientras eso llega, hay que señalar que lo referido en ese brevísimo segmento, así fue pronunciado, no hay alteración ni edición.

En efecto, se sacan de un largo discurso de 37 minutos unos cuantos segundos, pero todos textuales y en plena sintonía con la idea que quiso transmitir: “no despreciamos a quienes piensan que es la vía armada una posibilidad para lograr la transformación de los pueblos”. Luego, expresando “todo su respeto” a los violentos, López Obrador se dice comprometido con la vía pacífica democrática. Como si los demócratas pudiéramos serlo, exentos del requisito de repudiar con toda contundencia y claridad la violencia.

Y he aquí el asunto mayor que quiero destacar: la ambigüedad —que linda en la contradicción— con la que López Obrador se maneja frente al uso de métodos violentos para cambiar el gobierno. La misma ambigüedad con la que afirma que ya va adelante en una encuesta que él mandó hacer, y al mismo tiempo anticipa que sus adversarios le preparan un “nuevo fraude”. La ambigüedad con la que dice confiar en el proceso electoral, porque “confía en los ciudadanos”, pero llama deshonestos a los consejeros del IFE. La ambigüedad como estrategia, como salida a una profunda contradicción retórica que trae consigo, como arena de una batalla interna: entre el auténtico, genuino, vigoroso, autoritario e intolerante que es, y el hipócrita, falso conciliador amoroso como ha querido presentarse.

Al principio me impresionó la trabajada nueva faceta que López Obrador puso en marcha. Sin embargo, nada pudo la llamada serenidad, la desesperación electoral ha impuesto su cuota y el candidato que tanto trabajó en su nueva capacidad de simulación, quedó nuevamente al descubierto en el programa Tercer Grado de la semana pasada. No tuve oportunidad de verlo en su transmisión en vivo, pero los múltiples comentarios, de decepción y desconcierto de varios jóvenes, me llevaron a YouTube.

Los conductores del programa llevaron con cierta facilidad a López Obrador a presentarse como en verdad es, así como se comporta: intolerante y obtuso, sin otra fuente para la verdad que su propio dicho como verdad absoluta; la encuesta verdadera es la de él, las demás mienten, están cuchareadas o no están bien hechas; los datos del INEGI están mal, las evaluaciones de Transparencia Mexicana están fuera de la realidad, el IMCO se presta a la manipulación. Quien afirme, con base en esas instituciones, que cuando López Obrador fue jefe de Gobierno del DF tuvo el lugar 32 en materia de corrupción, el peor, y que así lo dejó cuando se fue, no es más que un calumniador. Porque los únicos datos duros los tiene él, y además, quién le va a enseñar nada, él se dedica a hacer encuestas desde hace 15 años.

La petición de 6 millones de dólares que hicieron sus más cercanos “para ganar la Presidencia”, no la considera falta grave. De la manera más ridícula culpó a Juan Francisco Ealy Ortiz, director del periódico que desveló el encuentro, como si éste hubiera urdido pasar la charola y luego ventilarla. Porque su ambigüedad le da también para eso: eludir cualquier responsabilidad cuando se le descubren sus inconsistencias, su incongruencia. Así lo ha hecho desde el caso de Ponce y de Bejarano, a quienes termina desconociendo en los hechos como si al primero no fuera él quien lo nombró tesorero y al segundo su secretario particular.

Si Javier Sicilia fue criticado por algunos de los seguidores de López Obrador debido a la descripción que hizo “de lo que para muchos usted significa”, basta ver el programa completo de Tercer Grado. Están ahí encarnadas, vivas como en ningún otro momento, cada una de las duras palabras del poeta, pero indiscutiblemente ciertas: la intolerancia, el resentimiento político, la revancha sin matices, el mesianismo, la incapacidad autocrítica para señalar y castigar las colusiones de su partido. Ahí sí estuvo López Obrador de cuerpo entero, como en efecto, tuvo mucho cuidado de no presentarse así al debate. Y esa simulación es el verdadero riesgo.

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