junio 22, 2012

El enorme esfuerzo de Josefina

Raúl Cremoux
La Crónica de Hoy

Para Toño Garfias quien verá el resultado de la elección con una gran sonrisa.

La disputa por el segundo lugar es lo que ahora está en juego y, en buena parte, la tranquilidad posterior al primero de julio dependerá de quien gane la medalla de plata.

Si ese lugar es para AMLO, el terreno se encuentra fertilizado y sembrado, ya que desde hace un par de semanas le venimos escuchando la cantaleta de un fraude, ya que la victoria del PRI es “moralmente es imposible”. La supuesta amenaza de la restauración de un régimen oscuro y detestable es la justificación para proclamar el advenimiento de una nueva conspiración.

De nada han servido, o muy poco, los señalamientos del IFE y hasta del Trife sobre la imposibilidad de un fraude. Los datos que ofrece la infraestructura del voto, impresionan a los analistas internacionales: credencial con fotografía sujeta a casi veinte instancias que la hacen infalsificable; padrón electoral con fotografía; tinta indeleble en el pulgar; insaculación y capacitación de casi un millón de funcionarios de casilla; observadores nacionales e internacionales en una suma que se antoja galáctica.

¿Cómo, de qué forma podría hacerse un fraude en donde se vean involucradas de base, millones de personas?

¿Quién y con qué método podría manipular las conciencias individuales de ese universo de voluntades disímbolas?

¿Es tan elástico y moldeable el pueblo hasta llegar a una elaboración digna de la ciencia ficción?

Ni Sir Arthur Conan Doyle, podría pedirle a su creación, al mejor detective del mundo descifrara un enigma semejante.

Lo que tenemos los mexicanos frente a nuestros ojos, es un ejercicio civilizatorio fuera de serie. Decididos a realizar cambios de gobierno de manera transparente y confiable, hemos reunido a los largo de veinte años, el andamiaje más sofisticado que existe entre los territorios que se rigen por la democracia. No es gratuito que diversos países hayan solicitado su asesoría como tampoco lo es la gigantesca erogación de recursos públicos que se ha invertido en un aparato electoral blindado para hacer frente a nuestra intrincada y monstruosa desconfianza.

¿Acaso merecemos que una sola voz, caracterizada desde siempre por su imperiosa voluntad conflictiva nos lleve, una vez más, a ver nuestras calles, plazas y avenidas taponadas por protestas iracundas?

Pero nada de esto tendría facilidad de llevarse a cabo si Josefina, como bien pudiera lograr, llegase a tener los puntos necesarios para salir de esa puja y alzarse con el lugar inmediato a Enrique Peña.

Durante esta semana en que se dieron a conocer los resultados de las últimas encuestas, en cuatro de ellas Josefina se encuentra solo un poco abajo de López Obrador en lo que se considera un empate técnico; en dos de ellas tienen el mismo puntaje y por supuesto, en la que dieron a conocer los panistas ella está arriba.

Su condición femenina en un entorno masculino no ha sido fácil. De entrada no son pocos los barones a los que les ha parecido una candidata frágil por el hecho mismo de ser mujer. ¿Cómo sobrellevará las presiones del cargo; será suficientemente fuerte para enfrentar a políticos desleales, coyunturas financieras amenazantes, jefes criminales y narco delincuentes?

De esas preguntas y otras igualmente agudas seguramente podrían responder las señoras Bachelet en Chile, Fernández en Argentina y Merkel en Alemania. No, no debe ser fácil presidir espacios donde los barones se sienten dueños. De ahí el enorme esfuerzo adicional a cualquier candidato que ha pasado Josefina. Como dato ahí está la contienda interna del PAN en la que fue espiada y hasta despreciada por sus colegas panistas.

En esa ocasión, demostró contra Ernesto Cordero, el favorito presidencial, que pudo doblegar los bríos que le negaban la posibilidad de ser candidata. Su tarea no debiera quedar inconclusa pues terminar en tercer lugar, provocaría un derrumbe panista con consecuencias imprevisibles en la participación del nuevo Congreso y en la correlación de fuerzas partidarias.

Ya ha mostrado una templanza como la descrita por Marguerite Yourcenar en Adriano, aquella virtud que no flaquea ni siquiera ante el desgarramiento. Josefina ha tenido un arco de valores muy apreciados en donde la inteligencia y la dignidad la han hecho la mejor representación que pudo tener el PAN en la presente contienda electoral; lo que hace falta es el último tirón que todos le reconoceríamos para que el proceso comicial tuviese un final que nos lleve posteriormente a tener la tranquilidad en que puedan transcurrir los cuatro meses hasta la toma de posesión oficial del nuevo presidente.

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