junio 18, 2012

El voto útil de la izquierda

Víctor Beltri (@vbeltri)
Analista político
contacto@victorbeltri.com
Excélsior

Sería un acto de mezquindad no reconocer los grandes avances que ha tenido la izquierda mexicana. El desarrollo es patente: desde dejar atrás la intransigencia hasta la capacidad de admitir la propia derrota, sin olvidar una capacidad de gestión que es reconocida por los ciudadanos y no puede dar lugar a duda.

Sin embargo, esta izquierda moderna y progresista no se presenta a las elecciones que tendrán lugar en apenas unos cuantos días. Marcelo Ebrard, quien sin duda será recordado como uno de los grandes gestores de la Ciudad de México, se hizo a un lado en la carrera presidencial, tal como lo había prometido, sin cuestionar los resultados de una encuesta que también lo podría haber dado a él como ganador. Ebrard tuvo visión de estadista, y no dudó en anteponer el bien que consideró superior a sus ambiciones personales: lo importante, en ese momento, era que la izquierda fuera capaz de plantear una candidatura sin fracturas internas. Y lo logró.

Es indudable que México necesita de la izquierda, ahora más que nunca. El auge de la economía de mercado ha dado por resultado, en todo el mundo, niveles de desigualdad que son francamente alarmantes. La reducción de los niveles de pobreza debería ser un tema medular en la agenda nacional, y la correcta distribución de la pobreza es una necesidad acuciante. El estado de bienestar, como es entendido en las democracias más avanzadas, debería ser una prioridad a ser consensuada entre los diferentes partidos, así como la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos. El concepto de la igualdad, en el sentido más puro y como es explicado por Bobbio, en contraposición a una libertad desenfrenada que, en sus manifestaciones más perversas, no tiene como consecuencia sino la explotación de las clases menos privilegiadas.

Es comprensible que los sectores más ilustrados de nuestra sociedad se identifiquen con las causas de la izquierda. Es una obligación moral. En la medida en que la igualdad deje de ser un concepto abstracto, para convertirse en una realidad, México será un mejor país. No es sólo importante, sino urgente. Es imperativo que la izquierda tenga un papel activo en la democracia nacional, independientemente del resultado de la elección. Es por esto que es pertinente cuestionarnos el papel que ha jugado, y jugará, la izquierda en el panorama político nacional en los próximos años. Existen dos escenarios plausibles. La izquierda que triunfa en estos comicios, y la izquierda que se asume como oposición.

En el primer caso, López Obrador accede al poder, como lo ha venido buscando de manera activa desde hace más de una década. El mismo Andrés Manuel combativo, comprometido con sus propias causas, de las que a su juicio no debe responder a nadie. El Andrés Manuel de la opacidad, de las conferencias en las que respondía de acuerdo a lo que decía su dedito. El que insultaba al Presidente y mandaba al diablo las instituciones. El que quería vivir en la recámara de Juárez. El que alegaba fraudes cibernéticos, a la antigüita, y denunciaba la complicidad de sus propios observadores. El que presentó cajas vacías como pruebas. El que no tuvo empacho en estrangular la ciudad que se le había entregado incondicionalmente. El que se declaró presidente legítimo en una asamblea a mano alzada. El que no tuvo el valor de convertir su movimiento en un gabinete de sombra, por el bien del país entero. El que no se enteró de las ligas ni de los casinos, aún cuando ocurrían bajo su propia vista. El de los segundos pisos de información reservada, el de los viejitos con padrón desconocido. El que ha sido capaz de vivir durante seis años sin un ingreso visible, recorriendo todos los municipios del país varias veces. El que trató de reinventarse como amoroso mientras seguía siendo el mismo de siempre.

El mismo, el mismo de siempre. Este es el Andrés Manuel que quiere ser presidente, y que ahora deja ver su intención de cuestionar el resultado de la elección, en un acto de deslealtad no sólo a los demás partidos sino a la ciudadanía que entregará su voto en un par de semanas. Esta es una de las posibilidades del segundo escenario, en el que la izquierda no conseguiría ganar la elección: el pueblo bueno que le pide a Andrés Manuel que no se deje, que luche por lo que corresponde, que le pide que pelee por ellos. Él, magnánimo, obedece sus designios, obligado por la gente a romper el compromiso de respetar los resultados adquiridos durante la campaña. Lo que sigue, en este orden de ideas, es de pronóstico reservado.

La otra posibilidad, dentro del segundo escenario, es que la izquierda sufra una debacle similar a la de la derecha y se vea obligada a replantearse los grandes paradigmas que la han atado a los mismos liderazgos hasta el momento. Así, sería el momento de una renovación que daría lugar a que las figuras que han tenido un papel preponderante durante los últimos doce años dejen el lugar a quienes, a la par de una gestión exitosa, cuentan con el apoyo de la gente, reflejado en sus propias sucesiones. En pocas palabras: la crisis que sacudiría al PRD tras una derrota electoral abriría el espacio para que la modernidad representada por Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Mancera redefiniera el modelo de país, y de hacer política, de la izquierda mexicana.

Es muy respetable el afán de la clase media que apoya a Andrés Manuel para lograr que la izquierda mexicana acceda al poder. Sin embargo, si la izquierda llega en este momento, sería aquella heredera del antiguo PRI y los viejos partidos comunistas que sigue gritando consignas con reivindicaciones que quedaron atrás hace décadas en el resto del mundo. Si la izquierda pierde, y se deshace de los liderazgos caducos a favor de propuestas más modernas y acordes a la realidad, tendría la oportunidad de lograr sus objetivos a través de la acción de los grupos parlamentarios, en un primer momento, y de acceder al poder en un escenario desprovisto del miedo que naturalmente provocan quienes desprecian la institucionalidad. En este orden de ideas, ¿cuál es el voto realmente útil, a largo plazo, para la izquierda?

No hay comentarios.: