junio 08, 2012

Igual, exactamente igual que hace seis años

Raúl Cremoux
cremouxra@hotmail.com
La Crónica de Hoy

Los jóvenes que hoy tienen entre 17 y 23 años, nutrientes sustantivos del numeral Yo Soy 132, tenían entre once y dieciséis primaveras cuando seguramente estaban muy interesados en la fisonomía de sus primeras amigas, los viajes y por supuesto el futbol. Ellas preferían los conciertos musicales y los primeros libros. No seamos superficiales, pero salvo excepciones, estaban alejados del mundo político y sus extraños acontecimientos.

Seguramente supieron por sus padres, hermanos y amigos, los enormes problemas que a todos nos causó el plantón sobre Reforma que partió en dos a la ciudad capital; han de haber oído que muchos pequeños comercios debieron cerrar, que muchos otros perdieron sus empleos y el grado de dificultad que representaba cumplir a tiempo los numerosos compromisos de una ciudadanía, harta de ese caos provocado por Andrés Manuel que afirmaba le habían robado la Presidencia.

Y es que no tuvo otra alternativa; él quería salvar a la Patria, despojarla de las tenazas en que la tenía una mafia.

Como sabemos, él es un hombre desinteresado en el poder por el poder; es realmente amoroso, lo que anhela es salvarnos y para ello, ya lleva mucho tiempo en el intento. De joven se retrasó 11 años en la Facultad de Ciencias Políticas ya que él militaba en el PRI de Enrique González Pedrero allá en Tabasco y se ocupaba de hacer el himno del partido; luego, como no le dieron el puesto que él quería, se dedicó a apoyar a los disidentes de Petróleos Mexicanos y amenazó con bloquear los pozos e incluso llegar a quemarlos. Vino la travesía del desierto y cuando pudo, se metió al naciente PRD. Ahí escaló tanto que ya como presidente de ese partido, le hizo la vida imposible a Rosario Robles y de paso a Cuauhtémoc Cárdenas. Ellos no eran radicales ni buscaban con desesperación terminar con la corrupción aplastante.

Ya como candidato sufrió muchísimo; primero un cerco informativo ya que los mafiosos controlan, igual que ahora, los medios de información; por ello tuvo que evitar dar a conocer el costo del segundo piso en el Periférico; luego las traiciones. De ello dan cuenta René Bejarano, Carlos Imaz, y muchísimos más que no saben lo que es la honestidad, la honradez, el decoro y la prudencia que él encarna.

El IFE, lejos de dar a conocer las cifras que representaban el triunfo y que la empresa encuestadora Covarrubias, como él decía, lo ponía en primer lugar, no lo hicieron, y la mafia le arrebató el poder.

Ahora es igual, ocho encuestadoras lo ponen abajo del puntero con un margen de 15 a 20 puntos pero él tiene la buena, la verdadera, aquella que le dio el triunfo sobre Marcelo Ebrard para llegar a la candidatura y que según Andrés López lo ubica dos puntos sobre Enrique Peña.

Lo quieren robar. Veamos, los seis millones de dólares ha sido un escándalo porque los medios El Universal, Milenio y Televisa así lo han querido. De otro modo y con discreción, esos 84 millones de pesos afianzarían la victoria.

Venturosamente nació un movimiento juvenil, fresco, espontáneo, limpio que poco a poco se ha inclinado por pregonar que la televisión quiere imponer un candidato. Ya lo sabemos, el poder de la tele es enorme y la audiencia es dúctil, sencilla y proclive a dejarse influir. Para evitar esta tragedia están los jóvenes que ya dejaron de ser apartidistas y por supuesto, los miembros del SME, la CNTE, PT, Movimiento Ciudadano, ex Convergencia y algunos del PRD (remember 2009 cuando lo quisieron expulsar del PRD pero no se atrevieron por hacer campaña en el PT). Aquí hubiera sido muy conveniente tener a su lado a Juanito, quien dice estar respaldado por 20 millones de votos. Supongamos que sean al menos los votantes de Iztapalapa que lo llevaron a la jefatura de la delegación desde donde AMLO le jaló las orejas y le bajó los pantalones para nalguearlo por necio. No entendía que todo se lo debía a López Obrador con esa limpia y democrática acción que la nación aún no termina de procesar y olvidar.

Hoy las cosas se repiten; la elite —antes mafia—, le prepara una “guerra sucia”, bueno no tan fuerte como la destinada a Peña pero sucia al fin y al cabo. Por ello le ha pedido auxilio a ciertos intelectuales para que detengan los espots ominosos en que se recuerda su pasado y su buena dosis de violencia implícita: los gritos agudos ante los pozos petroleros, la voz chillona en el momento de mandar al diablo a las instituciones y su bien alimentada jaculatoria sobre el fraude que viene así como la posible intervención de fuerzas armadas. Un poema.

Todo sigue igual, exactamente igual que hace seis años.

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