junio 04, 2012

La utilidad del voto útil

Víctor Beltri (@vbeltri)
Analista político
contacto@victorbeltri.com
Excélsior

La semana que comienza el día de hoy bien podría convertirse en la última de la campaña convencional, si es que puede llamársele así a la que hemos vivido.

A partir del debate todo cambiará. Es un hecho. Los candidatos saben que es la gran oportunidad de capitalizar los errores del adversario, de revertir las tendencias o confirmarlas. Para Peña Nieto, es el momento de mostrarse como un político capaz de asumir las críticas y deslindarse —sí, el verbo tan socorrido últimamente— de un pasado partidario que aterra a un amplio sector de la población. Para López Obrador sería la ocasión perfecta para mostrar que el cambio verdadero que predica es efectivamente viable, a diferencia de las opciones de continuidad que a sus ojos ofrecen los demás partidos. Para Vázquez Mota, es el momento de replantear una candidatura que no ha convencido más que al voto duro de su propio partido, y construir una narrativa, que rescate lo valioso de la gestión de sus antecesores y proyecte el legado del presidente Calderón hacia el futuro, bajo su propia perspectiva. Ahí radica lo diferente.

La aparición en escena de los estudiantes que bajo el estandarte de #YoSoy132 han sacudido el panorama político, así como la publicación de la encuesta de Reforma que plantea las preferencias electorales en una situación de virtual empate técnico, han traído de vuelta un concepto que en su momento fue vital: el voto útil.

En el 2000, los estrategas de Fox tuvieron la acertada idea de convertir lo que hubiera sido una elección normal en una decisión binaria: el dilema planteado a la sociedad era la conveniencia de que el PRI permaneciera en el poder. Una vez que la contienda fue planteada en estos términos, y al adelantarse Fox en las encuestas, el tercero en discordia salía sobrando. El voto útil fue invocado para sacar al PRI de Los Pinos con los resultados de todos conocidos. La alternancia fue lograda e, independientemente de los resultados de la gestión del presidente Fox, la democracia en México dio un paso agigantado.

En lo aparente, ahora, el dilema se repite. La competencia parece centrarse, por decisión tanto del PAN como del PRD, en una decisión sobre la conveniencia de volver al autoritarismo que vivió México durante siete décadas. Como si no hubiera cambiado nada en el país. Como si la sociedad no hubiera evolucionado, como si no hubiéramos conquistado libertades irrenunciables. Como si la figura presidencial no hubiera cambiado en absoluto desde la presidencia de Ernesto Zedillo.

El argumento no deja de ser falaz desde el momento en que los contendientes no tienen una vida democrática interna impoluta. Desde que cada uno tiene su historial de arreglos y componendas. Desde que uno de los candidatos asume la superioridad moral para juzgar como corruptos a sus contendientes, sin reconocer la podredumbre entre sus propias filas. Desde esa torre de marfil se llama, ahora, a ejercer el voto útil, sin reparar en que lo que permitió la alternancia fue, en realidad, la utilidad del voto.

Es evidente que la elección del 2000 llevó a que la ciudadanía ejerciera el voto útil, pero no puede soslayarse la utilidad del voto para los partidos que a final de cuentas ganaron perdiendo. El PRD, en concreto, no tuvo un simple acto de grandeza al permitir que llegara el PAN al poder: en realidad, para ellos, fue un acto de doble efecto. Al tiempo que el PRI perdió el poder el PRD se aseguró la posibilidad de llegar a la presidencia en un futuro cercano, incrementando sus probabilidades de manera exponencial. Este escenario no se repite en el 2012: la posible adhesión del PAN a un llamado al voto útil no le reporta utilidad alguna, por la misma volatilidad institucional implícita en una posible gestión del PRD. ¿Qué garantías ofrece una presidencia basada en votaciones a mano alzada?

Así, ante el escenario de un posible desplome de Vázquez Mota en las preferencias electorales, la utilidad del voto útil para el PAN se antoja prácticamente nula. En este sentido deberían entenderse las por demás estridentes declaraciones de Vicente Fox. ¿Qué certeza pueden tener los panistas de que no comience una cacería de brujas, decretada no por López Obrador, sino por el pueblo bueno, en contra de las administraciones pasadas? Felipe Calderón emprendió una lucha en contra del crimen organizado que, indiscutiblemente, puede poner en riesgo su propia vida. En el caso de que desaparezcan las pensiones y prestaciones a los expresidentes, por una populachera política de austeridad, ¿qué pasaría con Felipe Calderón? ¿Se vería forzado a pedir la protección de un Estado extranjero que estuviera dispuesto a otorgarle la que el suyo propio no le ofrece? ¿Cómo saber cuál es la siguiente consulta a mano alzada que se realice desde el balcón contiguo a la recámara de López Obrador en Palacio Nacional? ¿Se perdería el trabajo de las administraciones pasadas por un simple afán de negar todo lo anterior? ¿Qué fortaleza pueden tener las instituciones ante los dichos del pueblo bueno? Valdría la pena que, de una buena vez, López Obrador se pronunciara al respecto y otorgara un poco de certidumbre institucional para darle más credibilidad a su candidatura.

El PAN ha caído enredado en el sofisma planteado por ellos mismos, convirtiendo la elección en una especie de segunda vuelta de la que parecen salir descartados en automático. Pero queda una semana de campaña convencional, y tres más después del debate hasta la elección, en la que deberían de tener muy claro a dónde apuntan los obuses. En la situación actual, adherirse al voto útil contra el PRI no tendría más beneficio que el de poner una zancadilla a su enemigo habitual, pero al precio de permitir la llegada de quien los dejaría más descubiertos.

Advertir de los posibles riesgos es más un acto de lealtad que de supuesta guerra sucia, como constantemente han sido calificadas las opiniones contrarias al candidato de izquierda. La elección dista mucho de estar definida y, por lo visto, el escenario para el PAN es mucho más complejo que simplemente la posibilidad de caer al tercer lugar. Tal vez ha llegado el momento de analizar los escenarios y comenzar a pensar en algo, efectivamente, diferente.

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