junio 27, 2012

La venganza de Fox

Carlos Puig (@puigcarlos)
masalla@gmail.com
Duda razonable
Milenio

Nunca entendí las verdaderas razones del profundo desprecio del gobierno de Felipe Calderón hacia Vicente Fox.

Es cierto que fue la suya una candidatura ganada a pulso en contra de la voluntad y los recursos del presidente, que quería a Santiago Creel, su secretario de Gobernación, en Los Pinos.

Es cierto que su actuación, más bien su obsesión, anti-lopezobradorista, provocó un clima que a la postre marcaría con tinta indeleble la administración calderonista; pero también es cierto que a la hora de la hora, en la elección de hace seis años, Fox se la jugó con Felipe Calderón. ¿Cuánto del 0.46% es gracias a Fox? Según el Tribunal Electoral de la Federación, un buen cacho.

Aun así, el calderonismo convirtió a Fox en un fantasma, lo mantuvo lo más lejos posible. Y un poco más. En los tiempos más aciagos de la crisis de violencia en el país, el discurso del presidente comenzó a insinuar a veces, a señalar en otras, que la enorme dimensión del problema que ahora enfrentaba era en parte provocado porque “antes”, los “otros” con responsabilidad no habían actuado como deberían.

Había en ese discurso calderonista una acusación implícita —a veces no tanto— contra su predecesor. Fox no se puso muy contento.

Su primera reacción fue ponerse del lado de quienes quieren la legalización de las drogas. Después comenzó a “mostrarse preocupado” por los niveles de violencia, para pasar a la franca crítica de la estrategia del presidente.

De manera menos pública, pero igual de cierta, los miembros del entorno calderonista se dedicaron a borrar las huellas del foxismo al tiempo que se burlaban de su frivolidad, su dependencia de Marta, sus tropiezos, su ignorancia. Todo eso iba llegando a oídos del ex presidente.

Y sí, algo hay de cierto que también hay un asunto de lana. O no exactamente de dinero, pero sí de apoyo. El gobierno de Calderón no ha siquiera volteado a ver al Centro Fox. Algunas visitas, un par de contratos de conferencias o seminarios, son señales que ayudan al centro a obtener otras donaciones. Pero no hubo nada.

Calderón había aprendido de los priistas y su manía de acuchillar a quien había ocupado La Silla antes que ellos.

La bronca con Manuel Espino, presidente del PAN en el foxismo, no fue más que una extensión más de la bronca entre calderonistas y foxistas.

Es curioso. Josefina Vázquez Mota es un producto del foxismo. Fue Vicente Fox quien la hizo secretaria de la muy rica en presupuesto y muy importante Secretaría de Desarrollo Social, pero por alguna extraña razón hasta Josefina se contagió del antifoxismo o por lo menos así lo pensó Fox.

Así que, como quien hace una maldad, comenzó a deslizar su idea de que había que apoyar al puntero. Que había que estar detrás de Peña Nieto.

Para un panismo a la baja, en tercer lugar y sufriendo, la imagen de su ex presidente apoyando a un priista solo abona a la percepción de desastre.

Si el 1 de julio el PAN de Calderón pierde Jalisco, Morelos y la Presidencia, en un rancho de Guanajuato alguien esbozará una sonrisa. El PAN del 2012.

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