junio 25, 2012

México: La tentación del pasado

Andrés Oppenheimer (@oppenheimera)
El Informe Oppenheimer
Reforma

CIUDAD DE MÉXICO - Ahora que virtualmente todas las encuestas dan como ganador de las elecciones mexicanas del 1 de Julio al telegénico candidato Enrique Peña Nieto, la gran pregunta es si su victoria significaría un retorno a las prácticas corruptas y autoritarias que caracterizaron a su Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el pasado. La respuesta es que habrá una gran tentación de seguir ese camino.

La candidatura de Peña Nieto por el PRI -el partido que gobernó este país durante siete décadas hasta que fue derrotado en las elecciones del 2000- encabeza las encuestas con una ventaja considerable, de alrededor de 15 puntos porcentuales.

Según la última encuesta Mitofsky, Peña Nieto tiene el respaldo del 44.4 por ciento de los votantes, seguido por el candidato de izquierda Andrés Manuel López Obrador, con el 28.7 por ciento, y la candidata de centro derecha Josefina Vázquez Mota, con el 24.6 por ciento.

Es cierto que podría haber una sorpresa de último momento. En las últimas semanas ha surgido un creciente movimiento estudiantil anti-Peña Nieto conocido como "Yo soy 132". Pero aunque hay 14 millones de mexicanos de menos de 23 años que votarán por primera vez, y muchos de ellos apoyan a López Obrador, también es cierto que alrededor del 75 por ciento de los jóvenes mexicanos no votan.

Además, está el "factor miedo". López Obrador asustó a muchos en 2006, cuando perdió las elecciones de ese año por menos del uno por ciento, se negó a aceptar su derrota y encabezó enormes manifestaciones para protestar por el resultado. Sus críticos, incluyendo al ex Presidente Vicente Fox, lo pintan como un populista radical al estilo del venezolano Hugo Chávez.

López Obrador siempre ha tomado distancia de Chávez, y -aunque su campana se basa en la misma promesa vaga de acabar con la corrupción que le permitió a Chávez ganar su primera elección- ha asegurado repetidamente a los mexicanos que no liderará una revolución que pueda polarizar a la sociedad.

Pero a diferencia del Presidente de Perú, Ollanta Humala, un ex candidato izquierdista que ganó las elecciones de 2011 gracias al crucial apoyo del premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa, López Obrador no tiene una figura similar que lo ayude a calmar los miedos de muchos votantes.

López Obrador necesita un Vargas Llosa, pero salvo una gran sorpresa -como por ejemplo si el mega-millonario Carlos Slim le diera su apoyo-, no lo conseguirá a tiempo para ganar. Los mexicanos tienen un temor innato de la inestabilidad y la violencia política, algo que se remonta a la Revolución Mexicana de 1910-1917, que dejó más de un millón de muertos.

Peña Nieto, un ex Gobernador del Estado de México que es más conocido por su cara de galán de telenovelas y su publicitada boda con una actriz que por ser un gran pensador, promete un "cambio responsable". Sus principales asesores económicos son casi todos economistas ortodoxos.

Sus colaboradores cercanos rechazan la idea de que su Gobierno podría ser autoritario, argumentando que gran parte de los poderes presidenciales han pasado a los gobernadores en los últimos años, hay una Corte Suprema independiente, y que Peña Nieto es por naturaleza un político conciliador.

Según el candidato del PRI, sus prioridades serían aprobar las muy demoradas reformas en las áreas de salud, trabajo, impuestos y energía, así como la reducción de la violencia que ha dejado alrededor de 50 mil muertos en los últimos cinco años.

Los críticos del PRI afirman que el partido no podrá despojarse de su tendencia a la corrupción. Durante casi un siglo, el PRI ha sido privilegiado los grandes negocios con sus amigos -que dieron lugar a muchas de las grandes fortunas mexicanas de hoy-, la compra de votos, el fraude electoral y el soborno y la intimidación para controlar los medios. Aunque el equipo de Peña Nieto incluye algunas caras nuevas, la mayoría pertenecen al viejo PRI, dicen sus críticos.

"Se van a endeudar, y van a usar el presupuesto público para perpetuarse en el poder", me dijo Julio Castellanos, un congresista del Partido de Acción Nacional (PAN) del presidente Felipe Calderón. "Lo que buscan no es regresar al poder por un sexenio, sino por el resto del siglo 21, creando una dependencia ciudadana de los subsidios del gobierno".

Mi opinión: Aunque la elección será mucho más reñida de lo que sugieren las encuestas, es probable que Peña Nieto gane. Tiene el partido mejor organizado, ha gastado mucho más dinero que sus rivales en propaganda televisiva, y muchos mexicanos parecen dispuestos a aceptar niveles tolerables de corrupción a cambio de menos violencia y la promesa de mayor prosperidad.

Una victoria de Peña Nieto probablemente no convertiría a México en la "dictadura prefecta" que fue en los gobiernos del PRI durante gran parte del siglo pasado -muchas cosas han cambiado- pero probablemente convertiría al país en una democracia más imperfecta de la que ha sido durante la última década.

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