junio 10, 2012

México nuevo

Jean Meyer
Profesor e investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu
El Universal

Así se intitulaba, hace 51 años, un hermoso artículo de Jacques Madaule en el prestigiado diario francés Le Monde. “México cuenta hoy 35 millones de habitantes, es decir, que es el primer país de lengua española y el segundo más poblado de América Latina”. El autor profetizaba, con horror, que en 1981 íbamos a ser ¡50 millones¡ Se quedó corto. De esa vida intensa y joven no hay mejor ejemplo que la capital, México, que con sus más de 5 millones de habitantes es una de las más grandes ciudades del mundo. Lo sigue siendo.

La capital es… una mezcla muy mexicana de opulencia y pobreza, a la imagen del país, con un norte mucho más desarrollado que el sur; México se encuentra, un poco como Roma, a la bisagra de dos partes muy diferentes de este inmenso país. Eso no ha cambiado.

México es insuficientemente poblado en relación a su extenso territorio, pero lo es demasiado ya, con sus recursos actuales. Necesita que todo se desarrolle a un ritmo más rápido. Los encargados de la dirección económica del país lo saben perfectamente, pero se topan con unas coaliciones de intereses privados que deberán vencer. Sin comentario.

Por lo mismo se puede afirmar que la Revolución Mexicana no ha terminado. Sólo conoce una pausa, que no debería durar mucho más. Pero pasó la época cuando la Nueva España vivía como un imperio ermitaño, aislada del mundo entero.

Dependemos, como todas las naciones, del contexto internacional, y ahora mucho más todavía que en 1961, cuando un joven J.F. Kennedy levantaba el entusiasmo de los mexicanos, cuando la guerra fría pasaba por la casi tragedia de la crisis de los misiles en Cuba. Mundialización y globalización son las claves de la situación y el PRD dista mucho de llegar al poder mientras que del PRI, ¿qué se puede esperar? Muchos de los suyos consideran que el país les pertenece, que lo del año 2000 se debe a la traición del presidente Zedillo, que el PAN usurpó el ejercicio y el gozo del poder, y que el PRD es el cesto de la basura del Revolucionario Institucional. Ahora vienen a “vengarse” (¿de qué?), a cobrárselas a los que se atrevieron a gobernar sin ellos.

Después de las elecciones, el vencedor deberá recordar que el atropellar a los hombres con apoderarse de sus bienes, por el camino de la corrupción y del saqueo del erario, equivale a anular la voluntad de laborar por los logros y el mejoramiento, porque vemos que el fruto de nuestros afanes concluye en la riqueza de los políticos que nos lo arrebatan. El desaliento de la ciudadanía es siempre proporcional a las vejaciones padecidas; si los actos de explotación, las vejaciones, los abusos, en lugar de disminuir, aumentan, la desmoralización y/o el enojo de la nación no dejarán de aumentar.

Los nuevos timoneles de la gran nave mexicana harían bien en escuchar al sabio Ibn Jaldún, quien desde un lejano año 1400 les dice: “el progreso social y la actividad de su desarrollo dependen del trabajo y de la aplicación de los hombres a los medios de ganancia y bienestar. Si el pueblo se limita al sustento cotidiano y carece de ánimo para procurar el mejoramiento, los recursos del desarrollo colectivo acaban por paralizarse, la situación social se trastorna y la gente se dispersa para buscar en otros países los medios de existencia que no encuentra en el suyo”. Cito Al Muqadimmah, en la traducción del Fondo de Cultura, capítulo XLIII: “un gobierno opresivo ocasiona la ruina del progreso público”.

Dejo la palabra a Cicerón: las finanzas públicas deben ser sanas, el presupuesto equilibrado, la deuda pública reducida, la arrogancia de la administración combatida y controlada. La población debe aprender a trabajar en lugar de vivir de la ayuda pública. Cincuenta y cinco años antes de Cristo. ¿México nuevo? Sabiduría antigua.

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