junio 22, 2012

Mi voto

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

En estas páginas, y en otros espacios, he dicho desde hace tiempo que pienso votar por Josefina Vázquez Mota. Puesto que éste es el último artículo que se publicará durante la campaña, permítame expresar las razones.

En primer lugar, y he insistido mucho en ello, me parece que votar por los partidos revolucionarios es apostarle al retroceso. Ambos, en distinta medida dependiendo del grupo mejor posicionado a su interior, pretenden reconstruir las viejas estructuras políticas y la anacrónica orientación del viejo régimen. Si alguien cree que hubo una época previa en que México estuvo mejor, debe votar por esos partidos. Pero si usted piensa, como yo, que estos últimos 15 años han sido los mejores de México, en los que hemos podido por fin pensar, decir y publicar lo que nos dé la gana, en los que hemos podido adquirir bienes costosos porque podemos planear, en los que por primera vez se ha empezado a aplicar la ley, entonces coincidirá en que no se puede votar por los partidos revolucionarios.

En segundo lugar están las trayectorias de los candidatos. Enrique Peña Nieto lleva pocos años en política, la mitad de los cuales ocupó puestos menores (aunque relevantes a nivel estatal) gracias a su mentor, Arturo Montiel, a quien sucedió en la gubernatura. Su administración no tiene mucho que celebrar: redujo la competitividad de su estado, incrementó la opacidad, fue la entidad en la que más creció la pobreza, y en la que más cayó la calidad educativa. Sus seguidores celebran que no endeudó más al Estado de México, pero eso no es virtud, sino necesidad: ya no se podía contratar deuda después de cómo dejó Montiel al estado. Peña Nieto cubrió las huellas de su mentor, por cierto.

Andrés Manuel López Obrador sí tiene una larga trayectoria política, iniciada en el PRI hace 40 años, pero con visibilidad nacional por más de 20, ya en el PRD. Su único puesto de importancia fue la jefatura de gobierno del Distrito Federal, en donde tampoco tiene mucho que celebrar. A pesar de su discurso, no gobernó para todos. Despreció las manifestaciones que se hicieron durante su gobierno en contra de la violencia. Aunque ciertamente lanzó algunos programas sociales, uno de ellos muy exitoso para apoyar a adultos mayores. Fue retirado de su puesto por no acatar decisiones de la Suprema Corte de Justicia.

Josefina Vázquez Mota tiene una trayectoria de 12 años en política nacional, primero como secretaria de Desarrollo Social, luego de Educación Pública y finalmente como coordinadora de su fracción en la Cámara de Diputados. En Sedesol, tuvo la inteligencia de rodearse de personas capaces y de mantener funcionando programas exitosos. En su gestión, Progresa (hoy Oportunidades) pasó de cubrir medio millón de familias a cerca de cinco. Creó el otro programa verdaderamente social que tiene la secretaría, Piso Firme. En Educación, logró que Elba Esther Gordillo aceptara la Alianza por la Calidad de la Educación, que hoy la maestra pretende olvidar.

De las tres trayectorias, prefiero la de Josefina, a pesar de que no ha sido titular de un gobierno. Tampoco lo había sido Felipe Calderón, quien sólo sumaba tres años de puestos de primer nivel antes de la Presidencia. Prefiero la carrera de Josefina porque, a diferencia de Peña, no cubrió los manejos financieros de personas de dudosa fama, y a diferencia de López Obrador, ha sido siempre respetuosa de la ley. Debió enfrentar a adversarios con mucho poder, Marta Sahagún en el primer sexenio y Elba Esther Gordillo en el segundo, y en ambos casos logró triunfar sin grandes escándalos. Finalmente, es de celebrar que un líder político sepa rodearse de personas capaces, como lo ha hecho Josefina en los puestos que ha ocupado.

Josefina enfrenta, como lo ha dicho ella misma, la dificultad de ser mujer en un ambiente profundamente masculino. No sólo en la política, en cualquier actividad en México, los puestos de dirección son abrumadoramente cubiertos por hombres. Esto, a pesar de la igualmente abrumadora evidencia de que las mujeres son más honestas, dedicadas y confiables. Los prejuicios y creencias no mueren fácilmente. Para muchos mexicanos, sin embargo, los gobiernos del PAN han cometido muchos errores y ya es momento de cambiar. Coincido, pero me parece que ese cambio debe continuar en la trayectoria que tenemos desde 1997, y no arriesgar a un retroceso. Me parece que la oferta de un gobierno de coalición que ha hecho Josefina es precisamente ese cambio inteligente que podemos hacer. Ésas son mis razones, y cada mexicano tendrá las propias. Reflexione y vote.

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