junio 14, 2012

¡Peligro inminente!

Rafael Álvarez Cordero
raalvare2009@hotmail.com
Médico y escritor
Excélsior

“Doctorcito, doctorcito, Juan y Pedro se van a matar”. “¿Y por qué se van a matar si son compadres, Filemón?”“Porque están jugando albures y ya están muy borrachos”. “Creo que no va a pasar nada”. Horas después mi padre, entonces pasante de medicina, en el pequeño pueblo de Villa Juárez en la sierra de Puebla, recibía dos cuerpos: uno, malherido, que tuvo que curar, y otro, muerto, al que le tuvo que hacer la necropsia de rigor en una losa del camposanto.

Eso sucedió en 1938 y ahora yo me siento como Filemón, que veo –como creo que muchos mexicanos vemos– que la crispación de la última fase de las campañas políticas puede terminar en una tragedia de consecuencias incalculables.

Y no es que sea pesimista, sino que tal parece que se juntan todos los elementos para que de un momento a otro estalle la violencia incontrolable.

Veamos: la campaña actual ha sido igual que todas, medias propuestas, medias denuncias, exhibición de trapitos al sol entre los contendientes, declaraciones engañosas, nada nuevo. Y los dos debates han sido un ejemplo de lo peor que se puede hacer en política, ambos, pero en particular el segundo, parecía un concurso de estudiantes para lograr la presidencia de la sociedad de alumnos de la Secundaria Profesor Melitón Godínez. Nadie dijo nada nuevo, las propuestas fueron cartitas a Santaclós, las denuncias parecían acusaciones de viejas chimoleras en una vecindad de la colonia Obrera y la transmisión misma fue un fracaso, un fracaso en red nacional.

Pero, afuera, afuera las cosas se han calentado desde el día en que Enrique Peña Nieto fue a la Ibero y sus guaruras se portaron como lo que son y agredieron y vejaron a los estudiantes. El resultado fue el surgimiento de un sentimiento colectivo de rechazo a lo ocurrido que, aquí lo escribí hace días, fue y es legítimo.

De pronto los estudiantes ya no se sintieron solos, de pronto formaron parte de un grupo, de pronto se pueden identificar como parte de un gran universo, pero al mismo tiempo se pueden ocultar en el anonimato del #YoSoy132, de pronto, la masa, el cardumen, la manada, tomó forma y, como las increíbles parvadas de pajarillos que alegran las mañanas en San Miguel Allende cambiando de rumbo sin orden ni concierto, los universitarios quieren, legítimamente, una vida mejor, pero creen tontamente que eso se logra a gritos y sombrerazos, y dan bandazos en sus exposiciones y propuestas.

Hasta ahí, todo es explicable y aceptable, pero la presencia de agitadores profesionales, extremistas escudados en el anonimato, ha trastocado el movimiento y día con día se está desbordando. Tienen todo el derecho de gritar y exigir transparencia, pero no de insultar, vituperar, agredir verbalmente. “¡Aburto, ¿dónde estás ahora que te necesitamos?”, “Muérete, Peña Nieto, te odio”, “Maten al asesino de Atenco”, y ahora también agredir físicamente, vejando a la comitiva del candidato del PRI, bloqueándole el paso y apedreando sus vehículos.

Y aquí está el peligro inminente: esas provocaciones pueden hacer que, en un momento, un estudiante o un policía salgan heridos o que haya un muerto por cualquier causa y entonces se incendiará México. Bien sabemos quiénes están detrás de esas tácticas terroristas y es urgente que el IFE, todos los partidos políticos, las autoridades, eviten esas confrontaciones que pueden cambiar el rumbo del país. El peligro es real y es inminente.

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