junio 19, 2012

¿PRIAN o PARM?

Jorge Chabat
jorge.chabat@cide.edu
Analista político e investigador del CIDE
El Universal

Durante los últimos años el ahora candidato de las izquierdas a la presidencia de la república Andrés Manuel López Obrador ha venido insistiendo en que el PRI y el PAN son lo mismo. De hecho, ha acuñado un término que ya se hizo popular entre sus seguidores: el PRIAN. Su argumento se basa principalmente en que ambos partidos han apoyado reformas similares en el ámbito económico, políticas neoliberales, pues, para usar la jerga de moda, y que por ello son harina del mismo costal. Por su parte, la candidata panista a la presidencia Josefina Vázquez Mota ha insistido en las últimas semanas en que el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, y López Obrador representan básicamente dos caras de la misma moneda: que ambos son el PRI pero con distinto rostro. López Obrador, ha dicho la panista, representa al PRI populista y autoritario, el que llevó la quiebra al país, en tanto que Peña Nieto representa simplemente al PRI heredero de las prácticas antidemocráticas. Y lo cierto es que ambos argumentos tienen razón.

Efectivamente, en materia económica el PAN y el PRI de las últimas tres décadas —no en las anteriores— coinciden más o menos, aunque todavía hay resistencias en algunos sectores del PRI a varias de las reformas que necesita la economía para volverse más competitiva en un mundo neoliberal. Sin embargo, la izquierda mexicana hoy por hoy se parece más al PRI de los años sesentas y setentas que a los partidos de izquierda modernos que existen en otras latitudes. Y se parece no sólo en la parte económica, en la cual el discurso lopezobradorista tiene muchas semejanzas con el del PRI de esos años, sino también en la parte política: hay todavía intolerancia hacia los que piensan diferente, una retórica que recuerda a la de la “unidad nacional” enarbolada por el viejo PRI frente a los grupos que se oponían a la Revolución mexicana.

Ciertamente, algunos podrán decir que el PRD en el Distrito Federal aprobó las reformas a favor de las libertades para contraer matrimonio a personas del mismo género y de las mujeres sobre la interrupción del embarazo y que ése es uno de los postulados de los partidos de izquierda modernos. Ello es cierto, aunque López Obrador no apoyó estas reformas en su momento cuando fue jefe de gobierno capitalino. Ello sugiere que los partidos políticos no son homogéneos. Y en ese sentido llama la atención que la candidata del PAN se ha mostrado más liberal que el propio AMLO al oponerse abiertamente a la criminalización del aborto.

En fin, lo que tenemos son partidos heterogéneos, pues en el PRD hay también quienes apoyan una mayor liberalización de la economía y un mayor compromiso con la democracia liberal. Sin embargo, la fracción dominante hasta ahora en la izquierda es precisamente la que quiere parecerse más al viejo PRI. De hecho, un nombre más adecuado para los partidos de izquierda en este momento sería el que tenía aquel viejo partido satélite del PRI y que reclamaba volver a los orígenes de la Revolución: Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM). Eso es lo que busca AMLO en este momento: volver a los orígenes del movimiento revolucionario, con todo lo que ello implica.

Estamos a dos semanas de la elección. Hay dos opciones electorales que prometen un cambio. Y ciertamente las dos van a buscar cumplirlo: una quiere cambiar para volver a los años 70, la otra a los años 80. Las dos ciertamente significarían un cambio. La tercera opción plantea continuar con una transición económica y política que ha enfrentado contratiempos y que no ha podido consolidar una prosperidad nacional ni una estructura democrática. La decisión no es fácil. Finalmente cada quien decidirá de acuerdo con sus valores y expectativas.

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