julio 19, 2012

AMLO dobla la apuesta

Carlos Puig (@puigcarlos)
masalla@gmail.com
Duda razonable
Milenio

Para quien tenía alguna duda, ayer Andrés Manuel López Obrador las despejó todas.

Palabras más, palabras menos, quedó claro que si el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación no invalida la elección y si las autoridades competentes no inhabilitan y sancionan a Enrique Peña Nieto y su partido, serán parte de una maquinaria de encubrimiento de delitos.

Delitos “graves”, los calificó López Obrador ayer.

El discurso, pues, hace un poco inútil la espera frente a la decisión del Tribunal. Está claro que solo hay una respuesta aceptable para López Obrador y sus más cercanos.

Algo así se podía sospechar desde la revisión de las más de seiscientas páginas de la impugnación del Movimiento Progresista. Yo no soy experto, pero sorprendía que en algo tan serio, como el futuro de la democracia, decían ellos, se llamara a Peña Nieto “candidato panista”, se identificara erróneamente a Quién —parte del complot mediático— como una revista de Televisa, que las pruebas fueran columnas periodísticas, o que se dedicara una docena de páginas a un complicado modelo matemático que intenta descalificar el conteo de las boletas, algo así como el regreso del algoritmo maldito.

Sergio Aguayo, que sí es un experto en estas cosas, calificó a quienes hicieron el alegato de “aficionados” y “novatos”, y al documento de “improvisado”. “La izquierda no investiga ni en defensa propia”, concluyó el presidente de Alianza Cívica, organización que hizo un reporte bastante duro sobre la elección con base en sus 500 observadores.

Ante la debilidad del primer documento, López Obrador, como suele hacerlo cuando se ve en aprietos, dobló la apuesta, elevó el riesgo, dio el salto.

Nos dijo ayer que lo que sucedió no son únicamente probables delitos electorales, compra de votos, simples rebases de topes de gastos, propaganda disfrazada de encuestas; no, señor, esto es mucho peor: lavado de dinero, recursos de procedencia desconocida, seguramente ilícita, sí, tal vez, del crimen organizado.

La denuncia de ayer no es contra el PRI, sino directamente contra Enrique Peña Nieto. Si “las autoridades” no invalidan la elección y persiguen los delitos, serán cómplices.

Dice la presentación de ayer: “Validar esta elección implicaría que las autoridades competentes del país encubrieran prácticas delictivas para validarlas y sanearlas mediante la calificación de la elección presidencial, sin que importara en modo alguno el título IV de la Constitución General de la República ni las responsabilidades políticas, penales o de otra índole que se derivarían de esas conductas, ya sean por acción o por omisión, y que podrían dar lugar a juicios políticos, penales o, al menos, a responsabilidades de carácter administrativo”.

Ya no hay suspenso.

Si el TEPJF no dice lo que AMLO quiere, le habrán robado —otra vez— la Presidencia y habrán encubierto a delincuentes, posiblemente a miembros del crimen organizado.

Quienes hasta hoy lo acompañan pueden empezar a tomar decisiones.

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