julio 24, 2012

Ánimo

Federico Reyes Heroles
Reforma

"El AVE nos ha quitado complejos", declara la joven ingeniera española y sonríe. Vive en medio del peor ajuste financiero de la España moderna. Se refiere al concurso ganado por un consorcio español -privado y público- para la construcción de un tren rápido a La Meca. La tecnología española se impuso a la francesa. El monto: casi 7,000 millones de euros. Eso es mirar lejos. Para España los próximos años serán muy difíciles, pero retomará su camino a la prosperidad. Vienen de muy atrás y llevan mucho andado. La ingeniera pensaba y soñaba en esa España de después de la crisis. ¿Y México?

Aquí el asunto es totalmente el inverso. Gracias a las reformas de los años noventa y a la continuidad de las dos gestiones panistas en lo que se refiere a las finanzas públicas, México sorteó la crisis del 2008 mucho mejor que la del 94-95. El país crece hoy a una tasa nada despreciable, alrededor del 4%. La fluctuación del peso ya no es traumática. Las reservas del Banco Central crecen y crecen. En algunas áreas México despunta, como la automotriz. Las exportaciones mexicanas rebasaron los mil millones de dólares al día, fantástico. Pero entre la violencia, los muertos por decenas de miles, el terror como técnica de los narcos, los sistemáticos reclamos de los partidos entre sí y el reiterado señalamiento de fraude que ya lleva seis años y pudiera durar otros seis, el ánimo de los mexicanos está quebrado. Hemos perdido incluso la capacidad de imaginar al nuevo México.

La semana pasada en el Club de Industriales, Santiago Levy presentó una propuesta para caminar hacia un sistema universal de salud. Lleva años trabajando el tema. Levy anuda tres flancos: empleo productivo, salud universal, pensiones y por supuesto la fórmula hacendaria para financiarlo. El punto de partida es claro, el actual acuerdo institucional que vincula la fuente de trabajo con el acceso a la seguridad social y las pensiones está rebasado. El Seguro Popular es gran avance en el sentido correcto, pero no soluciona el dilema de fondo: cómo financiar la universalización del servicio. IMSS, ISSSTE, más los sistemas estatales de salud, son una excelente plataforma. México puede dar el paso a un sistema universal de salud sustentado en un IVA generalizado que él calcula en 16%.

Ya oigo las resistencias: un IVA generalizado en medicamentos y alimentos perjudica a los pobres. Es cierto, es el primer impacto. Por ello se hacen necesarias acciones compensatorias. México ya cuenta con la larga experiencia de Progresa-Oportunidades que sería el brazo a fortalecer para esa compensación dirigida. Sabemos dónde están y quiénes son. Los recursos podrían fluir por los mismos canales que ya han mostrado sus bondades. Sólo así los más pobres serían los más beneficiados, como debe ser. Porque está el otro lado. La exención en alimentos y medicinas es un impuesto brutalmente regresivo. Nada más en medicinas el IVA -tal y como está- le hace llegar a las clases medias y altas alrededor de 15 mil pesos anuales. En cambio para las familias de escasos recursos el beneficio es poco superior a dos mil. Además debemos capturar las aportaciones de los millones de mexicanos informales en la economía (30% de la PEA) que no aportan un peso a su seguridad ni a sus pensiones.

Informalidad no equivale a bajos ingresos. Para la discusión los informales son todos los que no están en una nómina. Un ejemplo: todos los que cobramos por honorarios o derechos de autor, en mi caso, no estamos en una nómina y no aportamos ni a salud ni a pensiones. Pero hay otro efecto relevante: dejar de gravar al sector productivo con cuotas patronales sería un formidable impulso al crecimiento económico, es decir más empleos productivos. Con otra, los cientos de miles de empresas informales que no aportan al IMSS por los estímulos perversos del actual esquema serían "legalizadas". Trabajadores y patrones aportarían a las pensiones y salud a través del impuesto general, de su capacidad de consumo: el que más consume, más paga. Esa sí es una fórmula progresiva.

Por supuesto que se miran muchos escollos. La transformación de los sindicatos de IMSS e ISSSTE, el más visible. Ambas instituciones están quebradas por el brutal peso de las pensiones de sus trabajadores. El Estado mexicano tendría que asumir esos pasivos. También sería necesaria una reforma al artículo 123 que divide a los trabajadores del sector privado y los del sector público. En el nuevo esquema todo lo mexicano, por el simple hecho de serlo, en Chiapas o Baja California, e independientemente de su situación laboral tendría acceso a todo tipo de servicios de salud. Levy propone la creación de un Fondo Nacional para la Salud que administre la recaudación etiquetada -10% del 16%- del nuevo impuesto. La propuesta es compleja y merece estudio, pero reanima.

Los creadores del IMSS y del ISSSTE pensaron en grande, querían mayor justicia. Hoy ocurre lo contrario. Es momento de volver a ese ánimo, de terminar con tabúes y encarar el reto.

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