julio 06, 2012

Carne de cañón

Paz Fernández Cueto
paz@fernandezcueto.com
Reforma

El movimiento #YoSoy132, que a primera instancia parecería un reclamo genuino de los jóvenes contra la imposición mediática de un candidato, se ha visto adulterado por fuerzas radicales al servicio de López Obrador. Luego de nueve horas de discusión durante la última Asamblea que congregó a representantes de más de 112 instituciones de educación superior del país, cuestionaron la legalidad del triunfo de Enrique Peña Nieto en la elección presidencial del pasado 1o. de julio, sin lograr ponerse de acuerdo sobre el cauce que darán a sus reclamos, cosa que los mantiene divididos. Mientras las corrientes más extremistas instan a emprender el camino de la lucha social y política, a través de movilizaciones y bloqueos que paralicen el proceso electoral, otros se deslindan de actos de vandalismo como los ocurridos el miércoles pasado a la entrada del IFE cuando agredieron al consejero presidente, instando por las vías constitucionales.

Fuimos muchos los que creímos que éste podría ser el inicio de una promesa. No es la primera vez que la espontaneidad de los jóvenes en su rechazo a la falsedad y a la hipocresía corre el riesgo de ser capitalizada por líderes que lucran por obtener el poder a costa de lo que sea. Algunos de ellos sería la primera vez que acudirían a las urnas a votar, conscientes de que su participación marcará en adelante el destino de un México conformado en su mayoría por jóvenes. Declararon no tener tinte partidista, el lema anti Peña Nieto que adoptaron en sus inicios, más que un rechazo a su persona, constituía un reclamo contra la imposición de un candidato fabricado a modo, en complicidad con el poderoso monopolio televisivo que conforman Televisa y TV Azteca.

Hubiéramos deseado que #YoSoy132 se convirtiera en una auténtica Primavera de Santa Fe, en expresión de Silva-Herzog, es decir, en el florecer de un movimiento legítimo de universitarios con capacidad para influir positivamente en la vida política del país. Sin embargo, no tardó este movimiento supuestamente neutral, en manifestar sus tintes de radical izquierda, ostentando consignas e infiltrando entre sus filas agitadores y porros, algunos de procedencia extranjera, que lejos de ser estudiantes fungen como agitadores profesionales.

Queda claro que hay alguien detrás intentando llevar agua a su molino, utilizando a los jóvenes para apoyar causas políticas ajenas al movimiento originario. Alguien interesado en tergiversar sus justos reclamos transformando el idealismo en agresión, la fuerza constructiva en ímpetu destructor, y la creatividad en odio estéril que divide y destruye. Todo menos la instauración pacífica de la república amorosa que predicó durante su campaña López Obrador.

Tela tendrían de sobra para sustentar sus reclamos por las vías legales y constitucionales, habiendo sido testigos de las irregularidades cometidas por el PRI, y también por los otros partidos, meses antes y durante la jornada electoral, aunque como en todo, hay niveles. Peña Nieto gana la Presidencia de la República con un 38.38% de votos a su favor, con una diferencia porcentual de casi 7% con su contrincante más cercano. Fue el favorecido en las urnas pero ayudado ciertamente por la "mano de dios", como diría Maradona, la mano del dinero a raudales que respaldó su campaña, del despliegue de espectaculares, de la compra de votos, del reparto de despensas, tinacos, enseres eléctricos y, por si fuera poco, la distribución de tarjetas de la tienda Soriana. Nuestro pueblo ha avanzado en democracia, conciencia y participación ciudadana, aunque no lo suficiente. Aún no hemos superado los millones de pobres que no alcanzan a cubrir las necesidades básicas con sus ingresos, viéndose obligados a aceptar cualquier tipo de ayuda para sobrevivir el día siguiente.

En lugar de desconocer el resultado de las pasadas elecciones por las irregularidades que se registraron en el proceso, el Movimiento #YoSoy132 debería responder al llamado de la Asamblea del CIDE para fomentar una participación crítica y una vigilancia permanente de las instituciones, que buena falta nos hace, proponiendo que el Movimiento se convierta en una contraloría social que sirva de contrapeso al próximo gobierno, como lo expresó Antonio Attolini, vocero del ITAM. Deseamos que la participación de los jóvenes no sea utilizada como carne de cañón. Realmente deseamos que se canalice en una fuerza positiva, contribución indispensable, hoy más que nunca, a la vida democrática del país.

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