julio 30, 2012

Castillo Peraza está muerto

Víctor Beltri (@vbeltri)
Analista político
contacto@victorbeltri.com
Excélsior

El desenlace de la elección presidencial del pasado primero de julio, en el que la candidata del Partido Acción Nacional obtuvo el tercer lugar en las preferencias de la ciudadanía, ha desatado una pugna al interior de dicha institución para definir el rumbo a seguir en el futuro. No deja de llamar la atención que el PAN enfrente una crisis de este tipo, justo cuarenta años después de la gran crisis institucional en la que se enfrentaron dos grupos con posturas bien definidas al interior del mismo partido.

Los ideólogos de Acción Nacional, en un principio, no buscaban acceder de inmediato al poder político. El poder no era un fin en sí mismo, sino la consecuencia de una acción a largo plazo y de miras más amplias: el poder llegaría después de la formación de una conciencia cívica, lo que implicaría una tarea ardua y comprometida. Sin embargo, la dimensión temporal de esta labor se antojaba demasiado pesada para algunos de los dirigentes del partido y, en 1972, José Angel Conchello asume la presidencia con un enfoque completamente distinto, enfocado primordialmente en la atracción de electores. Esto generó la división del partido en dos grupos que en su momento fueron llamados doctrinarios y pragmáticos.

Esto constituyó un momento crucial en la definición del partido. El grupo de los pragmáticos, encabezado por el nuevo presidente del partido, buscaría acceder al poder con postulados de derecha capitalista, mientras que los doctrinarios, con Efraín González Morfín al frente, tenían posturas de carácter humanista y social que trataban el problema de la falta de equidad como algo que tenía que ser resuelto, así como atender la justa distribución de la riqueza. Los fines del primer grupo tenían carácter inmediato, mientras que los del segundo tendrían que ser resueltos, necesariamente, a largo plazo.

Norberto Bobbio, en su obra Izquierda y Derecha, define como la principal característica para determinar la corriente de un partido político la postura que tengan en cuanto a los conceptos de libertad e igualdad. Así, los partidos que tengan como prioridad la libertad de los gobernados, en relación a la actuación que el gobierno tenga frente a ellos, antes que la igualdad de la ciudadanía, serán de derecha, mientras que aquellos que enarbolen la bandera de la igualdad, aun a costa de una mayor intervención gubernamental, serán de izquierda. Estas definiciones no son absolutas, y el grado de libertad e igualdad que cada partido busque en sus plataformas define su posición en el espectro político de cada país. Bajo esta perspectiva, la crisis de 1972 es fundamental para entender al PAN que, cuarenta años después, se enfrenta a otro momento de reflexión y análisis.

Es evidente que, a cuarenta años de distancia, el enfoque que ha prevalecido en el PAN es el pragmático, antes que el doctrinario. De hecho, la visión doctrinaria es prácticamente inexistente en un partido que lo que hoy se plantea es cómo regresar al poder que acaba de perder, antes que la transformación de la sociedad en base a principios de conciencia cívica. Este alejamiento de la ciudadanía, así como la percepción de que los últimos dos períodos presidenciales han tenido resultados magros para el bien común pero provechosos para grupos específicos, además de los escándalos de corrupción y el desgaste emocional colectivo ocasionado por la guerra contra el crimen organizado, hacen necesaria la reflexión sobre el papel que el PAN debe jugar de ahora en adelante.

¿Qué tipo de derecha necesita México en estos momentos? ¿La derecha que busca acceder al poder a como dé lugar, o la que trata de transformar a la ciudadanía a largo plazo? ¿La derecha del capital o la de la equidad y búsqueda de justicia social? ¿La derecha de derecha, o la derecha de centro?

Carlos Castillo Peraza, en su momento, trató de lidiar con este dilema desde la profundidad de su capacidad intelectual, a través de ideas, argumentos y definiciones ideológicas. La conjunción de acción y pensamiento, de pragmatismo y razón, de las grandes dualidades que fueron características en un hombre que creía en la democracia no como una ocasión electoral sino como un sistema de vida entera, se antojan indispensables en un momento como el actual, en el que México necesita, como nunca, de ciudadanos comprometidos y conscientes del papel histórico que les corresponde asumir, más allá de la temporalidad del poder o de la lucha por la siguiente elección. México necesita hombres de Estado.

Castillo Peraza está muerto, sin embargo. Su pensamiento, así como el de los antiguos líderes del PAN, puede ser fuente de inspiración, pero no una guía para las definiciones que en estos momentos son necesarias, y que deberían de ser generadas por pensadores, antes que políticos, y quienes lamentablemente parecen estar excluidos del debate. El PAN debe de ser capaz de entender que su proceso de refundación debe incluir, forzosamente, a la ciudadanía, y buscar la transformación de ésta a través de acciones cotidianas y vivenciales de valores cívicos y actitudes democráticas.

Parece que, actualmente, la lucha al interior del PAN no involucra a doctrinarios y pragmáticos, sino a pragmáticos y más pragmáticos. Pero tal vez es momento de que entiendan que, para su propia supervivencia, lo más pragmático es volver a la doctrina.

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