julio 12, 2012

Congruencias e incongruencias

Rafael Álvarez Cordero
raalvare2009@hotmail.com
Médico y escritor
Excélsior

¿Qué hace el Presidente cuando felicita a EPN la misma noche de la elección, y luego pone en duda el resultado de la contienda?

¿Qué te han parecido los resultados de la elección?

-Bueno, yo creo que hay congruencias e incongruencias y los actores se comportaron unos congruentes y otros no; el más congruente es sin duda Andrés Manuel López Obrador.

-¿Cómo te atreves a decir eso?

-Por las evidencias, compadre, por las evidencias. López Obrador es el más congruente porque siempre ha sido como es ahora, nació en Tabasco, tierra de plátanos, y desde entonces soñó con ser presidente (de una república bananera), quiso ser gobernador en 1988, perdió, y escribió su libro Tabasco, víctima de un fraude; siempre congruente, después de maniobras de resistencia civil, quiso en 1994 ser de nuevo gobernador, le ganó Roberto Madrazo y viajó hasta México para mostrar 250 mil documentos que “demostraban el fraude del PRI” con un gasto 40 veces superior al permitido, y volvió a perder, pero fiel a su idea, llegó a ser jefe de Gobierno del Distrito Federal, en donde tú recuerdas su gestión y cómo se fue deshaciendo de quienes lo habían ayudado, comenzando por el ingeniero Cárdenas; en todo ha sido congruente, compadre, quiso ser presidente, pasó por encima de sus compañeros y compitió, perdió y no aceptó la derrota, tú y yo y millones de capitalinos vivimos el bloqueo de Reforma, y luego supimos que escribió un libro La mafia que nos robó la presidencia y en el colmo del delirio se proclamó “presidente legítimo”. Y ahora, en aras de su congruencia, por meses estuvo pregonando que tenía ganada la elección, fiel a su obsesión personal, ignoró los mensajes y los consejos de sus cercanos colaboradores, perdió una vez más. ¿Y tú crees que dejaría de ser congruente?, pues no, porque después de haber firmado en el IFE un acuerdo para reconocer los resultados de la elección, ¡oh, sorpresa!, no los reconoce y está juntando, no 250 mil documentos, sino cinco millones para demostrar que hubo fraude.

-Bueno, siendo así, acepto que sea congruente consigo mismo.

-Sí, porque parece que está en su mente la idea de que es un predestinado, que tiene una misión suprema que cumplir, y me recuerda a algunos dictadores y sátrapas del mundo que han sido así, creen sólo en sí mismos y hacen todo para conseguir el poder; lo dicho, López Obrador es congruente.

-¿Y quiénes no son congruentes?

-De entrada, los que, ilusos, creyeron y aún ahora creen que López Obrador había cambiado y aceptaría las reglas del juego. Incongruentes, porque como dice Alicia: “Él es como es”. Pensar que fuera diferente sería una incongruencia.

-¿Y quiénes más?

-Pues por lo pronto los panistas, de Calderón para abajo; ¿qué hace el Presidente cuando felicita a Enrique Peña Nieto la misma noche de la elección, y luego pone en duda el resultado de la contienda?, ¿qué hace Josefina Vázquez Mota que con elegancia aceptó su derrota en las urnas y ahora se une para denostar al ganador?, ¿qué hace Gustavo Madero al hablar de que se unirá al PRD en las demandas y luego —incongruente— decir que se unirá “sólo en algunas”? Luego te contaré de otros incongruentes más.

-O sea, compadre, que vivimos entre congruentes e incongruentes, ¿y el país?, bien, gracias.

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