julio 10, 2012

El nuevo Congreso: fuerzas y escenarios

Luis Felipe Bravo Mena (@LF_BravoMena)
Ex presidente nacional del PAN

Conocidos los cómputos electorales, conviene dilucidar la dinámica que tomará la nueva correlación de fuerzas en el Congreso a la hora de votar proyectos de ley.

El Ejecutivo podría configurar una triple alianza entre PRI-PVEM-Panal, para sacar adelante los dictámenes que exigen aprobación de mayoría simple. Así, la nueva administración avanzaría con rapidez en algunos de sus planes.

No será igual en los casos en los que se requiere la afirmativa de las dos terceras partes de los legisladores. El Presidente tendrá que negociar con la oposición para lograr las reformas estructurales de hondo calado que el país necesita.

Para configurar los probables escenarios en este terreno es pertinente intentar una primera identificación de las tendencias políticas que actuarán en el Poder Legislativo. Dentro de los emblemas de los partidos se alojan corrientes de pensamiento, sensibilidades e intereses diversos. En otras palabras, no basta contar por bloque partidario los votos de los legisladores; hay que observar quién es quién entre ellos y prever su comportamiento.

Es lógico suponer que las iniciativas que envíe Peña Nieto al Congreso recibirán el apoyo unánime del PRI; ciertamente, antes, deberá someterlas al visto bueno de los diversos factores de poder de su partido: de las corporaciones clientelares que históricamente condicionan al tricolor, de los nuevos señores feudales que se han apoderado del país, léase los gobernadores, sin faltar el nihil obstat de algunos liderazgos de peso nacional que no forman parte de su círculo de confianza pero que han lanzado propuestas ante la opinión pública, por ejemplo, la interesante plataforma elaborada por el actual senador y futuro diputado Manlio Fabio Beltrones.

El PAN dispondrá de un número respetable de votos en el Congreso. Las líneas de su comportamiento deberán ser las de oposición responsable y constructiva. Apoyar con altura de miras lo que sea bueno para México. No incurrir en la mezquindad que guió al priísmo durante los gobiernos del PAN, con su permanente bloqueo a las reformas que siendo urgentes —tanto que ahora Peña Nieto dice que las va presentar— no las apoyó por cálculo electoral. Nada de ojo por ojo y diente por diente. Para Acción Nacional la prioridad es México por encima de sus legítimos intereses de partido.

El PAN deberá ser un valladar a todo intento de restauración del viejo régimen autoritario, pero ser avanzada y soporte de la actualización política integral —no solo electoral— que la república requiere.

El PAN debe plantarse, en firme oposición, frente a todo intento populista y demagógico que conduzca al manejo irresponsable de las finanzas públicas. Impedir con todos los recursos a su alcance el retorno al ciclo trágico de las crisis priístas, inflacionarias y devaluatorias; rechazar tajantemente un nuevo endeudamiento criminal del país y repudiar todo lo que ponga en riesgo la estabilidad y el crecimiento sano y sostenido de la economía, pero debe dar su aval y respaldo a toda reforma en materia económica que esté orientada a consolidar el modelo de mercado con responsabilidad social.

En suma, el PAN debe apostar, sin titubeos, todo el poder relativo que sus votantes le otorgaron, para ser protector y promotor de las libertades de los ciudadanos y de la democracia, así como el mas firme defensor de los ahorros y la economía de las familias mexicanas.

La izquierda mexicana, a pesar de su éxito electoral, es la fuerza política que más interrogantes genera sobre su comportamiento, por la gama de corrientes y matices que se mezclan en su espectro.

¿Adoptarán una sola línea? Hoy se distinguen en dos bloques: el nacionalista-revolucionario, de contestación radical, encabezado por López Obrador , y el socialdemócrata, con Marcelo Ebrard como abanderado. Alcanzaron un compromiso para estas elecciones; lo que resultó, en un primer momento de la campaña, en la almibarada izquierda amorosa, después se regresó al ácido lenguaje del complot y en la actual fase poselectoral tal pacto parece que se resquebraja.

Está por verse si el polo socialdemócrata se dejará arrastrar por el polo ultra. Aquél tiene la mira puesta en 2018 y no puede hipotecar su futuro en juegos insurreccionales. Su comportamiento en las cámaras parlamentarias podría orientarse hacia una oposición que los acredite como alternativa confiable de gobierno. El segundo no entiende más razones que desconocer la elección y dirigirse a destruir el sistema, siguiendo el manual del buen revolucionario. Por lo tanto, el juego democrático-parlamentario quedaría subordinado a la estrategia del asalto al poder y la nula colaboración con el gobierno.

Todo indica que los otros partidos, Verde y Panal, serán la reedición telegénica y mercadológica de lo que en otras épocas fueron el PPS, el PARM y otros especímenes del mismo jaez de nuestra picaresca política: apéndices utilitarios del PRI. Ya recogieron sus ganancias y van por mas. Votarán siempre con el patrón.

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