julio 03, 2012

Ganó Peña y la vida sigue

Genaro Lozano (@genarolozano)
www.reforma.com/blogs/genarolozano
Reforma


Para Alejandrina, Jessica, Cecilia y Ana María, mis compañeras funcionarias de casilla.


Todo empezó hace unos tres meses, cuando llegó a casa una carta del IFE en la que se me notificaba que había sido seleccionado para ser funcionario de casilla y hasta me felicitaban. La notificación también decía que en unos cuantos días una funcionaria se pondría en contacto para acordar las fechas de la capacitación. No me daban opción de declinar. En un primer momento me emocioné, ya que nunca me había tocado ser funcionario, unos segundos más tarde pensé: qué friega.

Pasaron las semanas y se me olvidó el asunto. Como no había vuelto a recibir contacto alguno pensé que tal vez habrían seleccionado a otra persona. Una noche, sonó el timbre como a las 10:45 pm. Pregunté por el interfón y escuché la voz de una señora que me decía "muñeco, soy Alejandrina del IFE, vengo a dejarte tus manuales."

¿Muñeco? ¿10:45 pm? ¿IFE? Mi primera reacción fue de enojo. Cómo se le ocurría a esta señora venir a tocarme a esas horas. Bajé a abrirle la puerta. Pensé que se quedaría fuera. Una sonrisota enorme, un chaleco rosa del IFE y un paquete de manuales me desarmaron. Sin darme cuenta, Alejandrina, a quien yo llamé "Ernestina" casi hasta el día de la elección, ya estaba en el lobby del edificio.
Subimos a mi casa. Se sentó como si nada en la sala. Le ofrecí agua, me pidió un café. "Te he estado persiguiendo muñeco, nunca estás", me dijo mientras preparaba el café. Mis perras fascinadas con la visita nocturna.

Alejandrina me explicó todo el proceso. Me felicitó por haber salido sorteado, se quedó una hora. Me dejó unos cuadernillos y me avisó que en unos días me dirían cuál sería mi función. Su voz, su actitud, su perseverancia para encontrarme, me ganaron. Inició así una relación de cariño y codependencia con mi capacitadora del IFE.

Unos días después recibí un SMS que decía "Felicidades, presidente, te llevo tu notificación en la noche, muñeco". Dicho y hecho, en la noche nuevamente estaba Alejandrina en casa con mi notificación y señalándome qué procedía ahora. Me regañó porque no había podido leer los manuales y me anunció que tenía que acudir a un simulacro, al que fui eventualmente.

Seis días antes de la elección, Alejandrina, siempre nocturna, me trajo a domicilio toda la paquetería, las boletas, las urnas, los polémicos lápices rosas, el sobre PREP, sacapuntas, la canceladora de la credencial de elector, una lámpara, sobres de actas, expedientes, listado nominal, clips, plumas, borradores, calculadora, pósters, etc. Me aterré. Contamos todo, revisamos todo el material, revisamos que coincidieran los folios. Hora y media después Alejandrina se fue, no sin antes decirme "no te preocupes, muñeco, todo saldrá bien, yo estaré ese día visitando mis casillas para cualquier problema".
Llegó el domingo 1 de julio. Mi casilla estaba a una cuadra de mi casa. Me levanté a las 7 am. Llegué a mi casilla a las 7:55. Afuera ya había gente esperando, creyendo que las casillas abrían a las 8, cuando a esa hora empieza la instalación. A las 8:57 am, mi equipo, una secretaria y dos escrutadoras, terminamos la instalación y abrimos la votación. Los primeros votantes nos gritonearon. ¿Que cómo era posible que abriéramos a las 9? Al final fueron más las felicitaciones de la gente que nos echaba porras por "regalarle nuestro domingo a México" que los vecinos enojados.

En mi casilla no hubo mayores incidentes. Alguna persona despistada que dejó dos boletas de presidente en una mesa contigua o que metió una boleta de senadores a la de diputados federales, un representante de partido no acreditado que no pudo votar, pero nada más. Ojalá todas hubiesen sido así, pero sé que no es el caso.

Los representantes de los partidos presentes (PT, PRD, PANAL, PRI) eran todos jóvenes y estuvieron ahí todo el tiempo. Entre ellos conversaban como amigos. Conforme avanzaron las horas, los del PT se burlaban de la chica del PRI. Le preguntaban si "ya le habían dado su lavadora". Ella sólo reía y decía, "no, sólo me dieron un celular y me lo dieron los del IFE".

Cerramos la votación a las 6 y empezó el conteo. Tras el mismo, los electores de mi sección votaron mayoritariamente por Josefina. Polanco es muy panista.

Alejandrina pasó por mí a las 11:20 pm. Me llevó a una junta distrital a entregar el paquete. En los alrededores hay cientos de personas con paquetes igual al mío y con caras cansadas igual que la mía. Parecemos todos padres y madres develados, vigilando ese paquete como si fuera nuestro recién nacido.

Una chica que no para de decir "güey" me dice: "Primera y última, güey, ya hasta lo puse en Twitter, güey, fue el peor castigo de mi vida, güey".

Me toca el turno. Todo el ejercicio me parece muy rudimentario, pero con un gran sentimiento cívico detrás. Entrego mi trabajo y el de mi equipo de casilla como a la media noche. Salgo y Alejandrina ya no está. Busco un taxi. En el radio se oyen Aristegui y Dresser. Estoy agotado. Tenía que ir al IFE a entrar a CNN en vivo. Ya no llegué.

El taxista me dice: "¿cansado, joven?" Le digo, "imagínese". Me responde: "¿Y cómo se siente? ¿Todo para que ganara ese cabrón?..." Es la Ciudad de México con su corazón amarillo, pero ganó Peña Nieto. La vida sigue.

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