julio 26, 2012

Homo exterminator

Rafael Álvarez Cordero
raalvare2009@hotmail.com
Médico y escritor
Excélsior

Para Xóchitl Gálvez, con mi saludo solidario.

Estimado lector: como lo ofrecí la semana pasada, no abordaré nada relacionado a las elecciones recientes ni comentaré nada sobre que a un candidato perdedor le digan que sólo está alargando su agonía política, y que a un todavía Presidente de otro partido lo llamen bipolar, porque como dice una cosa, dice otra, y nadie le entiende. Ahora quiero hablar de algo que parece conmocionar al mundo, pero que tiene una larga historia detrás.

Cuando hablo de Homo Exterminator pienso en ese joven de 24 años, nacido y educado en un ambiente lleno de violencia, exterminación, muerte. Desde que nació vio en su pantalla de televisión más de cuatro horas diarias de agresiones, tiroteos, no sólo en combates, sino en las calles de las ciudades, vio cómo los policías no se tientan el corazón para aniquilar a civiles ante cualquier motivo. Cuando creció usó los juegos electrónicos y videos que tienen como única misión aniquilar al enemigo, sea un extranjero (árabe o japonés) o un monstruo local o extraterrestre, se trata de ganar puntos por cada muerte y si matas miles eres triunfador.

Ese joven es heredero de la cultura de la muerte que se inició hace 200 años en América, cuando los colonizadores se dedicaron a aniquilar a los aborígenes habitantes de las grandes planicies, y ha seguido en todas las guerras que emprende Estados Unidos. Ese joven supo por sus padres de los miles de muertos por la guerra de Vietnam, muertos inútiles, vidas segadas por la ambición de los dueños de la Casa Blanca y los fabricantes de armas. Ese joven ha sabido de los miles de muertos por la inicua guerra contra Irak y ha visto a los soldados que regresan del frente traumados para siempre, después de haber visto y vivido los horrores de una confrontación sin sentido.

Este joven, con una brillante inteligencia, comenzó a no distinguir entre los éxitos de la investigación neurológica y el éxito, así como el placer de matar, matar por matar, exterminar a seres humanos reales o virtuales, “ganar puntos” por cada cadáver, ya que no es ilegal comprar miles de balas, pistolas, rifles de asalto, metralletas, bazucas, explosivos, etcétera.

Este joven es un simple producto de la cultura del exterminio, de más de 150 años de existencia de la funesta National Rifle Association, que defiende la producción y venta sin límite de armas a todo el mundo. Este joven piensa igual que el estúpido diputado republicano de Texas, Louie Gahmert, quien comentó: “¿Por qué si había tanta gente en el cine, nadie traía una pistola?, hubiera podido detener antes a ese chico” (sic).

Nosotros hemos vivido en carne propia las consecuencias de la cultura de la muerte, de la venta indiscriminada de armas a los delincuentes, incluso de la convivencia de autoridades yanquis con los vendedores de armas en el programa Rápido y Furioso, autoridades que no han recibido ni siquiera un regaño por sus delitos.

Homo Exterminator es incapaz de usar su cerebro, si con una bala puede aniquilar a quien está enfrente. Incapaz de crear, obsesionado sólo con la destrucción y la muerte. Homo Exterminator, alucinado luchador contra enemigos imaginarios, xenofóbico hasta la ignominia, ignorante, inútil, desechable, basura.

Y aquí en nuestro país, ¿qué “comics” leen nuestros niños?, ¿qué videojuegos tienen?, ¿cuántas horas de asesinatos y matanzas ven en la televisión? Y los adultos: ¿cómo reaccionan cuando un comentarista radiofónico dice como si fuera un chiste: “Y ahora, vamos al frente de guerra: ¡sálvese quien pueda!, en el frente de Chihuahua...”

Se vale meditar.

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