julio 17, 2012

La región menos transparente

Ricardo Pascoe Pierce (@rpascoep)
Especialista en análisis político
ricardopascoe@hotmail.com
Excélsior

Sí, el título es un juego de palabras con la novela de Carlos Fuentes. La novela retrata una ciudad en su época. Hoy las cosas han cambiado dramáticamente en esa misma ciudad. Lo que fue, en su momento, la región más transparente, amenaza, hoy, con convertirse en la región menos transparente.

El PRD arrasó electoralmente en la Ciudad de México. El nuevo jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, recibió 500 mil votos más que su candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador. Es un dato interesante, para ser registrado y analizado. Los votos perredistas en el DF explican en una medida muy importante sus avances en la Cámara de Diputados —más de 20% de sus diputados federales son de esta región—, pues ganó todos los distritos electorales federales, menos uno, en la ciudad. Ganó 14 de las 16 delegaciones y en la actualidad busca ganar en los tribunales electorales las dos que perdió. Perdió dos de los 40 distritos locales y se quedó con los 38 restantes. Con estos resultados, el PRD es el partido hegemónico, casi único, en el Distrito Federal.

El mismo argumento de invalidez genérica que esgrime AMLO con referencia a la elección presidencial se podría plantear para la Ciudad de México. Inequidad en los tiempos de publicidad y en el aprovechamiento de los espacios públicos (el PRD alega aquí que no es inequidad, es proporcionalidad), uso de recursos públicos para favorecer a los candidatos de un solo partido, acarreo de votantes, presiones diversas a favor del partido oficial, despensas, tinacos, etcétera. En esto, AMLO carece de toda autoridad moral para quejarse del PRI, pues no va a renunciar a sus 2.5 millones de votos en la ciudad. Pero, también, así fueron los números. Yo no diría que los capitalinos que votaron a favor del PRD lo hicieron a favor de la corrupción. Creo que votaron siguiendo la lógica de un principio de sobrevivencia y de oportunidad, al igual que a nivel nacional. No me gusta esa realidad, pero la realidad no la defino yo ni tú: se define a sí misma, en función de múltiples factores, condicionantes y hechos.

Donde sí interviene la voluntad ciudadana es en la formulación de respuestas ante la interrogante: ¿qué peligros y retos enfrentamos, y qué hacemos ante ello? Tomando en consideración la experiencia histórica de nuestro país, definir los peligros se hace evidente. La falta de contrapesos en toda la estructura de gobierno de la Ciudad de México hará que se disparen los índices de corrupción fuera de toda proporción, si es que hubiera proporción posible en el tema de la corrupción. Y la corrupción siempre viene hermanada de la inseguridad. El control absolutista de un partido sobre el gobierno central, las delegaciones, la Asamblea Legislativa, sobre el Instituto Electoral, el Tribunal Electoral, el Tribunal de Justicia, el órgano de transparencia, obviamente sobre la policía y las agencias investigadoras ministeriales, hará que la pérdida de la rendición de cuentas sea total en el Distrito Federal. Los medios de comunicación no servirán de mucho cuando de la transparencia se trata, por desgracia. A menos de que exista una presión social y ciudadana que los obligue a jugar un papel determinante en la exposición de los problemas de corrupción que se avecinan, inevitablemente, en el DF.

El PRD tiene una oportunidad para intentar corregir esta situación y evitar que la ciudad se deslice por el tobogán de la corrupción y, por ende, de la inseguridad. Deberá el jefe de Gobierno construir un gobierno plural, sobre la base de acuerdos concretos, y evitar gobernar exclusivamente con las tribus del PRD y, así, evitar la falta total de contrapesos en la gestión pública. Deberá incorporar otras opiniones en cargos importantes para asegurarle a la ciudadanía en general una mayor confiabilidad en la toma de decisiones.

El reto es claro: o la ciudad deberá ser para todos, con rendición de cuentas, o será el botín de unos cuantos. No hay más.

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