julio 03, 2012

Lo que viene

Ricardo Pascoe Pierce (@rpascoep)
Especialista en análisis político
ricardopascoe@hotmail.com
Excélsior

Los retos que enfrentan el PAN, el PRI y el PRD a partir de los resultados electorales no son asuntos de menor cuantía ni importancia. De hecho, los balances se harán, como es obvio, desde la óptica de lo que ganó y perdió cada quien.

Sin duda el gran perdedor es el PAN. Su ex dirigente nacional, Germán Martínez Cazares, ya ofreció una primera explicación pública y terminó con la oferta de una disculpa nacional. No parece muy útil, pero lo dijo. El PAN pasa al tercer lugar en el país, tanto en la Presidencia como en la Cámara de Diputados y a segundo en el Senado. En la capital de la República sufrió su mayor descalabro político, después de la Presidencia. Josefina Vázquez Mota tomó la palabra y reconoció su derrota. Ofreció una opción de reflexión al interior del PAN y demostró un gran espíritu democrático. Abrió la puerta a que el PAN fuera la oposición leal al nuevo gobierno priista.

En cambio, Andrés Manuel López Obrador ha anunciado que va a impugnar la elección, pues considera que fue un proceso plagado de irregularidades. Sus seguidores amenazaron tomar medidas fuera de las instituciones. Lo hace principalmente porque viene un proceso de divorcio en la izquierda y quiere poder justificar la ruptura. AMLO se irá del PRD a formar un partido propio con el PT y Movimiento Ciudadano y dejar al PRD en manos de los traidores de Los Chuchos. Lo que viene es, por tanto, un conflicto poselectoral artificial que le permitirá explicar su idea de formar otro partido. Se siente envalentonado, pues recibió más votos hoy que en 2006 y estima que todos esos electores son “suyos”. Lo veremos en la boleta en 2018.

El PRI tendrá que gobernar un país que deposita en él grandes expectativas. Lo que resuena en la cabeza de muchos de los electores priistas es la ensoñación de los tiempos felices idos. Y que, con el regreso del PRI, se supone que volverán esos tiempos de añoranza. Pero en realidad los números no mienten: la economía seguirá el rumbo actual, el narcotráfico seguirá ahí y el desafecto social no podrá resolverse de la noche a la mañana. México no es el mismo país que gobernó el PRI hace tiempo. Es uno con grandes aspiraciones democráticas, de debate y de construcción de difíciles consensos. Y no tendrá la mayoría ni en el Senado ni la Cámara de Diputados.

El presidente Calderón habló al país y reafirmó su compromiso de contribuir a una transición democrática y pacífica, con transparencia y confianza. Tranquilizó al país. Mientras Josefina Vázquez Mota y el presidente Calderón estuvieron a la altura de un proceso electoral democrático auténtico (reconociendo la derrota ella y ofreciendo un proceso transicional tranquilo él), López Obrador juega con el país, por sus intereses políticos personales de formar un nuevo partido con los registros del PT y Movimiento Ciudadano que, juntos, acumularon como 8% del voto popular.

Lo que viene para México es que entra en una nueva era. Repudió al viejo PRI en 2000 y lo acepta de regreso en 2012, con grandes dudas acerca de si el uno y el otro son cosas distintas. Mezclado en todo ello, el PAN acepta su derrota y juega la carta democrática, mientras el PRD opta por ser el opositor que impugna las instituciones y se niega a aceptar su derrota. En la conferencia de prensa, AMLO dijo: “Yo gané…” El regreso del PRI constituye la representación dramática de la derrota cultural del PAN y el PRD en el terreno de la sociedad. Ninguno fue capaz de convencer a los mexicanos de que la democrática es la ruta correcta para un país como el nuestro. El PRI entró triunfalmente por las grandes arcadas de la confusión societal.

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