julio 25, 2012

Los años del PAN

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Los 12 años de gobierno del PAN están lejos de ser una historia de éxito arrollador, como prometió la democracia, pero están muy lejos también de ser la caricatura que los disminuye.

Para empezar son los primeros 12 años continuos de estabilidad macroeconómica del último medio siglo, 12 años en que el gobierno federal no incurrió en déficits catastróficos, ni en su secuela: devaluaciones, quiebras, inflación, destrucción del poder adquisitivo de la gente.

Desde 1970 no había en México 12 años seguidos, dos gobiernos, sin una crisis económica inducida por presidentes gastadores que heredan a su sucesor crisis fiscales y deudas impagables. Han sido años de una estabilidad admirable si se la compara con el rosario de las crisis sexenales mexicanas: 1976, 1982, 1987, 1994.

Los gobernantes del PAN no solo no hicieron pagar a sus ciudadanos graves errores de conducción financiera, sino que además capearon bien crisis venidas de fuera, en particular la muy grave de 2008.

Al fin de 12 años de estabilidad, y pese a las crisis externas que hundieron a otros países, Calderón entregará a su sucesor una economía estable, en crecimiento y con un horizonte más prometedor que el de cualquier otro país latinoamericano.

Algún historiador económico podrá hacer las cuentas del extraordinario salto en infraestructura y vivienda experimentado por el país en estos años. Dos sólidos observadores, Luis Rubio y Luis de la Calle, han dejado constancia en un pequeño libro, Clasemediero, del impacto de esa estabilidad en la consolidación de las clases medias, incipientes pero multitudinarias, que son el nuevo rostro social del país.

Durante los años de gobierno del PAN llegaron a su mayor cobertura histórica los programas de asistencia a la pobreza y se plantó el embrión de una seguridad social universal con el Seguro Popular.

El combate al crimen organizado del presidente Calderón es un tema sangriento del que podrán reclamarse muchas cosas, pero no el valor con que fue asumido, la fortaleza institucional en que puede derivar, y el apoyo que recibe no solo de la población, sino del propio sucesor de Calderón que piensa en construir sobre lo hecho, no en empezar de nuevo.

Por último, lo primero: los gobiernos panistas de estos años han sostenido sin amagos ni restricciones un clima de libertades públicas que los honran, en las que prefirieron antes tolerar el abuso que ensayar la represión.

Todo esto puede no ser simple y elocuente como las caricaturas, pero es sólido y comprobable, como la realidad.

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