julio 13, 2012

Quién va por los amloistas de ocasión

Salvador Camarena (@SalCamarena)
salvador.camarena@razon.mx
La Razón

Llegado el plazo, Andrés Manuel López Obrador hizo ayer la relatoría de lo que según él tuvo que pasar para que, de manera ilegal, perdiera la elección presidencial. Su crónica no tiene nada de novedoso.

Menos aún algo que justifique la expectativa por él mismo alimentada, especialmente luego de que el lunes en la mañana anunciara para este jueves el momento que establecería el clímax del reclamo, la crucial hora de revelar la naturaleza del alegato del fraude.

Quien se diga sorprendido por lo que pasó anoche seguro tiene pocos días de vivir en México. Sin embargo, no hay porqué reclamar al tabasqueño su congruencia. Andrés Lajous ya ha explicado en Nexos (texto “Y la máquina seguía”, de junio pasado) que su estrategia de movilización históricamente le ha dado buenos resultados a la hora de negociar. La excepción que confirma la regla era la protesta post 2006. Sin embargo, a la luz de los resultados del 1 de julio, podemos sumar a lo dicho por Lajous que no sería descabellado pensar que AMLO crea que el enorme volumen de votos que logró ese domingo son el resultado de su larga movilización (recorrido de todos los municipios, mítines, reclamos, denuncia) por todo el país desde la derrota de hace seis años. Empero, si el ex jefe de gobierno lo viera así, caería en contradicción en al menos dos frentes: en los comicios le fue mejor con los sectores más educados y, como él mismo relató ayer, Peña Nieto lo ponchó en las zonas rurales.

Pero dejemos esa contradicción de lado por un momento. También ayer surgió un dato interesante. El diario Reforma publicó una encuesta en la que 76% de los entrevistados opina que López Obrador debe aceptar los resultados de la elección dados a conocer por el IFE. Sin embargo, cuando ese periódico desagrega esas respuestas entre aquéllos que votaron por AMLO, se aprecia que en ese grupo hoy son más los que no quieren que acepte los resultados: 40% en la encuesta de ayer, 34% en el sondeo de junio. ¿Será que a pesar de que no se ha encontrado un smoking gun, el efecto Soriana (más Monex) sí ha tenido impacto? Eso mismo habría pasado con algunos de los ciudadanos que eligieron a Josefina Vázquez Mota. En junio, 75% de votantes panistas decían que AMLO debería aceptar los resultados; en la encuesta de ayer, eran dos puntos menos: 73% pedían eso.

Entonces tenemos que el núcleo duro de AMLO parece haberse galvanizado. Al mismo tiempo se puede decir que hay votantes antipriistas que eligieron a López Obrador como una forma de rechazo a Enrique Peña Nieto. Este grupo estaría incómodo ante la falta de pruebas contundentes del fraude, pero también impedidos de una buena razón para apearse de su elección, para deslindarse de su voto.

En estos doce días ni Peña Nieto y mucho menos el Partido de la Revolución Democrática han tendido a esos ciudadanos un puente, un mensaje de que López Obrador puede seguir el camino que tantos previeron, pero que PRI y PRD pueden ser, a pesar de todo, una alternativa para ellos. En dos semanas, el priista se ha instalado en una nueva burbuja de confort, mientras que los perredistas se han tardado ya en declarar si de verdad irán a esta aventura hasta el fin con AMLO. ¿Porque cuántos de ese 18% de votantes que jamás hubieran votado al PRI (dato de Conestadística) que se pudieron haber ido con El Peje hoy ya quieren desligarse? ¿Y cuántos izquierdistas creen que ha llegado el momento de marcar una raya pero nadie se los hace más fácil?

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