agosto 22, 2012

Crisis de identidad

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio

A primera vista, parece tonto preguntarse ¿quién soy? Pero cuando se da uno cuenta de que es el cerebro, y no el cuerpo, la sede de la conciencia, comienzan los problemas. ¿Soy yo mi cuerpo, o habito mi cuerpo? ¿Soy mi cerebro? Este es material para noches de insomnio…

Pero los problemas de identidad afloran también en otros niveles. Solía pensarse que, a nivel biológico, los humanos somos individuos formados, sí, por billones de células, pero provenientes todas ellas de un único óvulo fertilizado y que comparten un mismo genoma. Pero los resultados del Proyecto del Microbioma Humano publicados en junio pasado confirman que esa perspectiva es errónea.

El proyecto, financiado por los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos, tiene como objetivo estudiar el microbioma: el conjunto de genes de todos los microorganismos que no solo viven en nuestro cuerpo, sino que le son indispensables para vivir.

Podría sonar exagerado darle tanta importancia los microbios, hasta que se entera uno de que hay ¡diez veces! más células microbianas que humanas en el “cuerpo humano”. Y que dependemos de ellas para procesos tan básicos como la digestión, la producción de vitaminas, la maduración y regulación del sistema inmunitario, el combate a infecciones y otros.

Y se está descubriendo, al descifrar los genomas de las 10 mil especies de bacterias con los que convivimos en simbiosis, que estos microbios pueden también tener una influencia importante en enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes, el cáncer, las alteraciones inflamatorias digestivas como la colitis o el síndrome de Crohn, e incluso las alteraciones cardiacas, el asma, la esclerosis múltiple y el autismo. No porque las causen, sino porque el tipo de microbios que uno tiene parece estar relacionado con la probabilidad de padecerlas.

El microbioma humano consta de unos 3 millones de genes. Comparados con los 23 mil de nuestro genoma, han constituido, evolutivamente, un recurso importantísimo para nuestra supervivencia. Estudiarlo nos permitirá, literalmente, conocernos mejor: entender que somos algo más que nuestro cuerpo o nuestro genoma. Somos una comunidad que ha coevolucionado: un ecosistema.

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