agosto 21, 2012

La libertad y los negocios

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

No sabemos, en realidad nadie parece saberlo, qué es todo lo que está detrás de WikiLeaks y de Julian Assange.

¿Tienen algo que ver la revelación de secretos de Estado con supuestos delitos sexuales cometidos por quien los divulgó?, ¿tiene relación la concesión de una banda de transmisión que vale unos 27 mil millones de pesos con las libertades, o el trabajo, de un comunicador, quien sea? Es verdad que los medios tienen cada día más poder, pero en demasiadas ocasiones estamos confundiendo a los comunicadores como los portadores de ese poder cuando, en realidad, la mayoría de las ocasiones, el mismo está detentado por empresas o gobiernos que juegan en ligas muy diferentes.

El caso de Julian Assange es paradigmático al respecto. Nadie sabe exactamente de dónde surge y quién financia a WikiLeaks. No se trata de una agencia de noticias, sino de una organización que se ofrece a recibir y divulgar filtraciones que revelen comportamientos no éticos ni ortodoxos de los gobiernos, particularmente de países con regímenes totalitarios, aunque también ha divulgado información de grandes empresas de todo el mundo. Pero nada ha tenido mayor atención de WikiLeaks que la intervención de Estados Unidos en Irak y Afganistán.

Según la información proporcionada por la propia WikiLeaks, se trata de una organización fundada a nivel internacional por disidentes chinos, así como por periodistas, matemáticos, científicos y empleados de empresas de alto nivel y última tecnología de Estados Unidos, Taiwán, Europa, Australia y Sudáfrica, pero sus creadores, y quienes la financian, no han sido identificados formalmente. Su director es, lo era hasta el momento del inicio de su proceso penal en Suecia y Gran Bretaña, Julian Assange, una mezcla entre hacker y periodista de internet nacido en Australia. Si bien antes había tenido acceso a algunas filtraciones importantes, la organización y su portal se dieron a conocer mundialmente cuando obtuvo cientos de miles de cables y documentos supuestamente secretos de Estados Unidos, relacionados con decenas de países, por una supuesta falla informática del Departamento de Estado.

Casi al mismo tiempo se dieron a conocer distintas acusaciones contra Assange por supuestos delitos sexuales cometidos en Suecia. No parecen ser delitos muy graves para nuestra cultura pero sí para la sueca y básicamente están relacionados con haber mantenido relaciones sexuales sin protección y sin el consentimiento, para esa práctica, de las tres mujeres que lo denunciaron. Assange vivía en Londres y allí fue detenido ante el pedido de extradición de Suecia. Perdió sus apelaciones y cuando estaba en libertad bajo fianza se asiló en la embajada de Ecuador, que le concedió en días pasados asilo político. Los gobiernos británico y sueco desconocen a Assange como un perseguido político y éste corre el riesgo de estar años sin poder salir de esa embajada en Londres.

Puede ser que las acusaciones contra Assange hayan sido creadas para poder, como asegura WikiLeaks, deportarlo desde Suecia a Estados Unidos, aunque este país asegura que no tiene abierto un proceso en su contra. Puede ser que la causa por la que se le persiga sea la divulgación de secretos y no los supuestos o reales delitos sexuales cometidos. Y puede ser que efectivamente haya cometido esos delitos. Con todo, llama la atención que Assange no haya buscado cobijo para refugiarse en algún país con una democracia sólida, sobre todo tomando en cuenta que WikiLeaks se supone que está destinada a desenmascarar a los regímenes totalitarios, sino en un país como Ecuador, que goza de una democracia formal pero se ha caracterizado, desde el inicio del gobierno de Rafael Correa, por incesantes ataques a la libertad de expresión. Que haya optado por un régimen cuyo sistema de justicia ha actuado una y otra vez contra los medios y descalifique a los sistemas judiciales de Gran Bretaña y sobre todo de Suecia, que se consideran de los más sólidos y autónomos de las democracias occidentales. Llama la atención que personajes como Dominique Strauss-Kahn hayan sido linchados mediáticamente por supuestos delitos sexuales y que nadie se preocupe por las mujeres supuestamente agraviadas por Assange.

No sabemos, en realidad nadie parece saberlo, qué es todo lo que está detrás de WikiLeaks y de Assange (están desde sus incondicionales que los ven como la nueva forma de la comunicación en el siglo XXI hasta los que lo consideran una gran coartada para imponer controles gubernamentales en internet) ni tampoco si cometió o no delitos sexuales. Pero algo no checa en ninguno de los dos lados de la esa historia.

Como tampoco checa confundir un negocio de miles de millones de dólares, donde hay demasiados interesados, algunos legítimos, otros a la caza de una oportunidad, con un ataque a la libertad de expresión.

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