agosto 11, 2012

Las rechiflas del PAN

Ivonne Melgar (@IvonneMelgar)
Retrovisor
Excélsior

Lo que más pesa ahora es la gestión de Calderón en el PAN durante su sexenio, porque a diferencia de Vicente Fox, el segundo mandatario panista sí conoce al partido.

En la peligrosa frontera del juzgador que es juzgado, el presidente Felipe Calderón dará apertura este sábado al epílogo sin gloria del paso del PAN por el poder.

Formado en las batallas partidistas y operador central de los acuerdos que marcaron la historia de la alternancia blanquiazul, el también ex dirigente panista participa hoy en el primer Consejo Nacional, después de la derrota electoral de hace seis semanas.

Acude con el objetivo declarado de definir los cambios que garantizarían al PAN la competitividad perdida.

Y con el deseo de evitar un linchamiento y frenar cualquier narrativa que le endose la factura del tercer sitio al que fueron relegados por el fallo de las urnas.

Porque la suerte de su imagen como ex presidente de la República no dependerá únicamente de una buena transición con Enrique Peña Nieto. También contará el veredicto de los suyos. Eso es lo que ahora está en juego.

Calderón se lanzó inicialmente con un diagnóstico en el que se colocó por encima del tiradero y a la cabeza de la reconstrucción del PAN. Sin embargo, no consiguió ser seguido al unísono por sus correligionarios en la idea de cubrir ese propósito antes del primero de diciembre.

Más que resistencia a una refundación del partido “en caliente”, como lo pidió esta semana a los legisladores electos, hay entre los panistas no calderonistas, que al parecer son muchos, rechazo a la pretensión de que el Presidente actúe solo como el juez de “los responsables” del mal saldo electoral, sin asumir su parte.

Y vaya que lo intentó. Pero el alegato de Los Pinos de que la derrota de Josefina Vázquez Mota se debió a que no hubo una férrea defensa de lo hecho por Calderón, profundizó aun más la herida de quienes hablan de abandono gubernamental y presidencial hacia la candidata.

No se trata de un cuchicheo. Un documento de los 142 integrantes de la bancada del PAN en San Lázaro ventiló el jueves un nunca más a una campaña sin respaldo y el coordinador, Carlos Pérez Cuevas, levantó la voz para reclamar una autocrítica del gobierno que, sin duda, dijo, contribuyó al resultado electoral.

Pensar que la derrota se debió a que no se le apostó al continuismo, sostuvo el diputado, “es no entender lo que pasó”.

Sí, la disputa blanquiazul ha subido de tono y en el blanco de la misma se encuentra el Presidente y el balance de su gestión. Y no sólo como gobernante.

Lo que más pesa ahora es la gestión de Calderón en el PAN durante su sexenio, porque a diferencia de Vicente Fox, el segundo mandatario panista sí conoce al partido y siempre estuvo al frente de los movimientos que marcaron la vida blanquiazul: los relevos en la dirigencia, la selección de candidatos estatales y el grado de apoyo para éstos.

Bien lo saben aquellos que desde las esferas del gobierno federal canalizaron millonarios apoyos para Luisa María Calderón, hermana del Presidente, cuando buscó la gubernatura de Michoacán.

Esas mismas fuentes cuentan que, para su sorpresa, nunca fueron requeridos para manifestarse a favor de Vázquez Mota. Ni para hacer bola.

¿Por qué dejaron sola a la candidata? La interrogante sigue ahí como un inciso más del balance intrapartidista pendiente.

Resulta sintomático y revelador, mientras tanto, que el Presidente ventile su molestia con el lema de presentación de la ex abanderada, “Josefina diferente”, atribuyéndole a éste la mala cosecha de los votos.

Y acaso en ese episodio se resuma el conflicto de una gestión presidencial que no quiso convivir con los diferentes, que fue conformada por los cercanos y afines, y que trasladó al PAN la búsqueda de una concepción de lealtad equiparable a un acrítico cierre de filas.

Pero esa lealtad partidista fracasó. Ni Germán Martínez ni César Nava, presidentes panistas con el aval de Calderón, lograron la competitividad partidista que este sábado se le quiere reclamar a Gustavo Madero.

Lo mismo ocurrió con el ex presidente blanquiazul Manuel Espino, al inicio del sexenio, cuando se le cobró la derrota panista en Yucatán.

Hubo entonces una escena que amerita recordarse justo este sábado que las pulsiones estalinistas rondan al PAN.

Sucedió el 2 de junio de 2007, en León, en la XX Asamblea Nacional: Espino, aún dirigente del partido, fue humillado con una rechifla en la ceremonia de apertura.

Mientras le expresaba su reconocimiento al presidente Felipe Calderón, quien hizo en la capital de Guanajuato una escala, para luego emprender su gira por Europa, el ahora peñista recibió un abucheo cuya sonoridad y despliegue desmentían a quienes comentaron que se trató de un acto espontáneo.

La rechifla, trascendió, se organizó por los calderonistas desde el mismo avión presidencial.

Nunca en la vida del PAN había ocurrido semejante atropello, se quejó doña Elena Álvarez ese mismo sábado. Diego Fernández de Cevallos y Santiago Creel igualmente impugnaron la saña.

Con una rechifla se abrió el prólogo del capítulo calderonista en el PAN.

Y hoy que resulta obligado evaluar la silbatina que representó la derrota electoral; distinguidos leales al Presidente pretenden repetir la hazaña, bajo la ilusión de que un abucheo a Madero le despejará el camino.

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