agosto 30, 2012

Lo que dice Xalatlaco

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Demasiadas preguntas sin contestar deja el incidente del tiroteo y persecución de una camioneta donde viajaban funcionarios estadunidenses no identificados, miembros de una agencia tampoco identificada, rumbo a un supuesto campo de tiro de la Marina, sito en Xalatlaco, Morelos, en una misión cuyos objetivos nadie ha explicado, aunque se asumen parte de una colaboración en seguridad de los dos gobiernos, colaboración de cuya realidad operativa la sociedad y la mayor parte del gobierno de México no saben lo que se dice un carajo.

No creo que los detalles de esa relación puedan hacerse públicos sin un escándalo mayúsculo para ambos gobiernos. No creo descubrir el hilo negro si digo que en esa relación el padrino instructor son las agencias estadunidenses y el ahijado aprendiz, las mexicanas.

No hay que inferir mucho de los hechos recientes para saber que en Washington y su embajada hay enorme desconfianza de las fuerzas de seguridad mexicanas y que han ido escogiendo a la Marina como el cuerpo más seguro.

Las agencias estadunidenses que trabajan en territorio mexicano, cuyo número y reglas de operación ignoramos, son ya parte muy activa de la ruleta de la desconfianza que priva en las fuerzas de la seguridad pública de México.

Acaso no está mal que los distintos cuerpos de seguridad compitan y desconfíen entre sí, que las policías municipales desconfíen de las estatales, éstas de las federales, la federales del Ejército, éste de la Marina, y ambos de las policías federales, estatales y municipales.

No sé cómo pueda arreglarse todo esto. Quizá con la misma asesoría estadunidense, cuyas agencias de seguridad son un conocido modelo mundial de colaboración y armonía. Sé que Washington no toleraría una ignorancia pública similar sobre agencias mexicanas actuando en suelo estadunidense.

La opacidad de Xalatlaco es elocuente. Es el brote de un mundo sumergido que supuestamente nos defiende del crimen hasta que sus miembros aparecen convertidos en criminales, peleando entre sí.

Es la prueba, también, de una subordinación. Yo no estoy contra una colaboración estrecha de ambos gobiernos en seguridad. Pregunto solo de qué se trata, qué tamaño tiene, para qué sirve y a cambio de qué.

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