agosto 07, 2012

Los cuatro meses de Calderón

Roberto Blancarte
Milenio

Al gobierno del presidente Calderón le quedan menos de cuatro meses de vida y a él le interesa que se haga un balance positivo de su gestión. Podría decirse que es lo que ha estado persiguiendo en los tiempos más recientes, aun en medio de las elecciones y de todas las restricciones legales para hablar de la obra gubernamental. Alguien podría decir que la mejor calificación es la que, mal que bien, acaba de dar el electorado a escala nacional. Si ese fuera el caso, Calderón habría sido reprobado, pues los electores mandaron a su partido al tercer lugar. Sin embargo, el análisis debe ser más riguroso: estrictamente hablando, los que perdieron fueron Josefina Vázquez y el PAN, no necesariamente Felipe Calderón, aunque ciertamente el voto refleja el cansancio acerca de una política. Luego, una derrota electoral no refleja necesariamente una mala opinión sobre un determinado líder y sus políticas. Se puede deber a la necesidad que el electorado siente de cambiar de rumbo en un momento dado. Le pasó a sir Winston Churchill, quien, a pesar de su reconocido liderazgo durante la Segunda Guerra Mundial, fue vencido por el Partido Laborista en una derrota clamorosa y con una de las diferencias más amplias de la historia electoral de Reino Unido, apenas terminada la guerra en Europa, en julio de 1945. Luego Churchill volvió en 1951 y gobernó como primer ministro hasta 1955. No es que los británicos fuesen ingratos o que Churchill lo hubiera hecho mal durante su gestión mientras duró la guerra. Lo que sucede es que la gente necesitaba un cambio y Churchill no se los ofrecía.

No quiero decir con esto que Calderón es como Churchill. Lo que quiero decir es que una derrota electoral no siempre refleja un balance negativo acerca de una gestión. Lo cual significa que el balance de una administración no puede hacerse exclusivamente por la vía electoral. En este caso, la presidencia de Felipe Calderón tenderá a ser evaluada en los propios términos establecidos por él a lo largo de estos casi seis años. Y hay que reconocerlo, el Presidente ha estado hablando un día sí y el otro también (no creo exagerar) acerca del tema de seguridad. Su mejor balance, desafortunadamente, no es el de la situación actual, pues el crimen organizado continúa muy activo y las muertes por violencia se siguen acumulando. Tampoco las fuerzas armadas ni las policías, incluida la Federal, parecen haberse librado de la corrupción. Ante esto, el mejor argumento del Presidente es que ahora estaríamos aún peor si él no se hubiera decidido a actuar, lo cual es difícil de sostener, pues Calderón habla de lo que hubiera pasado sin poder demostrar contrafactualmente lo que hubiera sucedido si él hubiera tenido otra política. En otras palabras, que es prácticamente imposible probar que lo sucedido es lo mejor que le pudo haber pasado a México y que cualquier otra política hubiera sido peor. “En la vida, lo único que cuenta son los resultados”, solía decirme un avezado político priista. Y los resultados de Calderón en materia de seguridad son malos. Poco importa lo que hubiera sucedido si se hubiera hecho otra cosa. El “hubiera” se refiere a un tiempo inexistente y Calderón hizo algo por lo que será o ha sido juzgado.

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